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una Ventana desde Madrid

Museos de Madrid

MAN - Museo Arqueológico Nacional (y VI)

Por Lourdes Morales Farfán

Miércoles, 02 de enero de 2019


Museo Arqueológico Nacional, Crátera realizada por Asteas en Paestum, Salerno, entre los años 350 y 320 a.C. El artista la ha decorado con la representación teatral de la locura de Heracles. Éste lleva a uno de sus hijos en brazos para arrojarlo al fuego, mientras desde la puerta, Mégara, su esposa, se golpea el pecho. En el plano superior, como si de una galería se tratase, la madre del héroe, Alcmena, y su amigo, Iolao, contemplan doloridos la escena. Al final de esta galería, se encuentra portando una fusta Manía, la diosa de la locura

Crátera realizada por Asteas en Paestum, Salerno, entre los años 350 y 320 a.C. El artista la ha decorado con la representación teatral de la locura de Heracles. Éste lleva a uno de sus hijos en brazos para arrojarlo al fuego, mientras desde la puerta, Mégara, su esposa, se golpea el pecho. En el plano superior, como si de una galería se tratase, la madre del héroe, Alcmena, y su amigo, Iolao, contemplan doloridos la escena. Al final de esta galería, se encuentra portando una fusta Manía, la diosa de la locura.

A lo largo de cinco reportajes, hemos hecho un recorrido por la historia del Museo Arqueológico Nacional (MAN) y por sus salas, a través de las cuales hemos conocido en detalle los fondos que integran la colección del museo.

En éste, el sexto y último, veremos las salas que nos quedan. La 36 está dedicada a Grecia y, por medio de una selección de vasos cerámicos de la época y de la iconografía que en ellos aparece representada, asistiremos a un análisis de la historia de la sociedad griega antigua y de sus principales rasgos; así, sabremos cuál era el papel social del hombre, la poca o nula visibilidad femenina, los dioses en los que creían, y el mundo de la muerte y del Más Allá.

Finalmente, las salas de la 37 a la 40 se centran en la temática de la Moneda desde un punto de vista genérico y social, explicándonos en los diferentes espacios y vitrinas, con las distintas piezas expuestas, qué es la moneda, sus funciones, cómo es fabricada, qué objetos eran utilizados para realizar los intercambios o qué información histórica podemos extraer de ella.


* * *
Museo Arqueológico Nacional, Sala 36, Grecia

Sala 36, Grecia.

Desde la Sala 35, dedicada al Mundo Funerario Egipcio y que recorrimos en nuestra anterior página, pasamos ahora a la Sala 36, espacio que el MAN dedica a la Grecia antigua y en el que recorreremos su cultura a través de los vasos cerámicos. Y es que en la decoración de éstos, la Grecia clásica fue mostrando a lo largo de su historia cómo eran la sociedad, la religión o la cultura en sus diversos aspectos artísticos, científico, intelectual o mitológico.

La colección de cerámica griega de que dispone el museo comenzó en el siglo XVIII mediante los vasos cerámicos que trasladaron desde Nápoles tanto Carlos III como Carlos IV. Posteriormente, en el siglo XIX, este conjunto se vio acrecentado con las colecciones del Marqués de Salamanca, del diplomático Tomás Asensi y del comerciante bávaro Theodor Stützel; con las piezas traídas por la fragata Arapiles de su expedición al Mediterráneo Occidental; y, en el siglo XX, con la colección del ingeniero y empresario José Luis Várez Fisa.

Los vasos de cerámica griega se elaboraban siguiendo un proceso que comenzaba por su modelación en el torno, continuaba con el secado al aire y la posterior decoración, y finalizaba con su cocido. La ornamentación de éstos fue cambiando a lo largo de la historia. Así, la técnica de figuras negras corresponde al período comprendido entre los siglos VII y VI a.C., mientras que la de figuras rojas al de entre los siglos V y IV a.C. Otras dos técnicas son la de fondo blanco y figuras policromadas, situada en la Atenas del V a.C., y la de barniz negro, datada entre los siglos VI y IV a.C. En su realización, participaban alfareros y pintores que trabajaban en un mismo taller, los cuales, en algunas ciudades como Atenas, se concentraban en barrios, llegando a existir el conocido como barrio “Cerámico de Atenas”. En algunos vasos cerámicos, aparecen las firmas de sus realizadores, correspondiendo a los alfareros la de ”epoiesen” (“ha hecho”) y a los pintores la de “egraphsen” (“ha pintado”). No obstante, lo normal es el anonimato en su autoría, utilizando los investigadores nombres convencionales para su identificación, del tipo “Pintor de Aquiles”, por la figura pintada; “Pintor de Madrid”, por la ciudad que conserva una de sus obras; o “Pintor Manierista”, por el estilo de la figura representada.

En todas la ciudades griegas se fabricaban recipientes de cerámica, sin embargo, hay algunas que destacaron por la calidad de su obra, como son Atenas, entre los siglos VIII y IV a.C., Corinto, Laconia y Mileto, entre los siglos VII y VI a.C., y la Magna Grecia (colonias griegas del Sur de Italia y de Sicilia), en el siglo IV a.C. En algunos de estos casos, la exportación de la producción cerámica se convirtió en una rentable actividad económica.

Al inicio de la visita, a través del audiovisual “Grecia, del 2000 a.C. al 2000 d.C.”, se nos muestra cómo en esta región surgieron las diversas creencias, instituciones y valores sobre los que se sustenta la civilización occidental. Y es que en la Historia de Occidente, Grecia ocupa un papel fundamental, destacando la idea que los griegos tenían de los valores del individuo. El varón, desde la Esparta aristocrática hasta la Atenas democrática, fue el principal intérprete de la cultura, la política y la sociedad griegas. Si, por un lado, la victoria de los individuos sobresalientes se justificó en base a la competitividad, por otro, la justicia y la igualdad se sustentaron sobre el espíritu de comunidad y de cooperación una vez que la tradición fue superada por la razón y la crítica. Más adelante, Macedonia, los reinos helenos y el Imperio Romano situaron el Estado por encima del individuo.


Museo Arqueológico Nacional, Historia de Grecia a través de la cerámica desde la Edad de Bronce al período helenístico

Historia de Grecia a través de la cerámica desde la Edad de Bronce al período helenístico.

La visita comienza con la sección dedicada a la Historia de Grecia, donde, a través de siete vitrinas –Las islas Cícladas, La era de los palacios, Príncipes y aristócratas, Colonos y comerciantes, El tiempo de los tiranos, El siglo de la democracia y Un mundo cosmopolita– se recorre el período comprendido entre la Edad del Bronce y la etapa helenística, correspondiente a los siglos XVI a III a.C. Para ello, los vasos de cerámica, dentro de las diversas formas y decoración de cada época, son un testigo de excepción. Las islas Cícladas trata el período comprendido entre los años 3000 y 2000 a.C. Inicialmente, estas islas, situadas en el centro del Mar Egeo, contaban con numerosos y prósperos núcleos de población con marineros, mercaderes y talladores que comerciaban con la Grecia continental, siendo donde surgió el mar y el comercio como dos características fundamentales de la cultura griega. Más adelante, en cambio, desde el año 2000, la mayoría de estos asentamientos queda despoblada; son momentos de inestabilidad en el Mediterráneo, en las costas de Asia Menor y en la Grecia continental, es el ocaso de la cultura cicládica y el inicio de la historia griega.

La figura que aquí se muestra es una candila de mármol procedente de las islas Cícladas y datada entre el 3000 y el 2800 a.C.

La era de los palacios comienza en el año 1600 a.C. con los territorios de la Grecia continental gobernados por grupos de aristócratas que, desde palacios fortificados, dominan la política, la economía y la milicia. Entre éstos, se puede citar Micenas, Argos, Tirinto o Pilos. Entre los siglos XIV y XIII a.C., la civilización micénica llega a su momento de mayor gloria, desarrollándose su comercio desde Asia Menor hasta la Península Ibérica.

Los objetos cerámicos aquí expuestos (alabastrón, ánfora, copa, jarra e ídolo) proceden de la Grecia continental y están datados entre el 1400 y el 1050 a.C.


Museo Arqueológico Nacional, Vitrinas de "Príncipes y aristócratas" y de "Colonos y comerciantes"

Vitrinas de "Príncipes y aristócratas" y de "Colonos y comerciantes".

En la vitrina dedicada a Príncipes y aristócratas, vemos el nacimiento, en el 800 a.C., de la polis griega, un nuevo tipo de estructura política que trae la recuperación económica que sigue a los varios siglos de crisis que continuaron a la caída de la cultura micénica. Tenemos aquí varios recipientes cerámicos procedentes de diversos lugares (Ática, Beocia y Rodas) y fechados entre los años 750 y 650 a.C. En su decoración geométrica, se introduce a partir del año 770 a.C. la figura humana para, así, poder realizar escenas relacionadas con guerra, mitos, religión o ceremonias fúnebres. En ellos, se depositarán las cenizas de los nobles difuntos o los acompañarán en la tumba.

Llegamos a la cuarta vitrina, Colonos y comerciantes, en la que leemos cómo entre los siglos VII y VI a.C., los centros políticos y económicos más importantes de Grecia son Corinto, Eubea, Mileto, Samos y Rodas. Su comercio trae influencias orientales trasladadas a la cerámica en forma de animales exóticos y exuberante vegetación. Grecia se expande hacia Occidente, con la Magna Grecia establecida en Sicilia y el Sur de Italia, y hacia Oriente, con Jonia situada en la costa occidental de Anatolia.

La cerámica aquí expuesta procede de Corinto, Grecia del Este y Mileto, y su datación es de entre los años 700 y 540 a.C.

El tiempo de los tiranos cuenta cómo el acopio de riquezas, en manos tanto de la nueva clase dominante como de la vieja aristocracia, junto al crecimiento de las ciudades provoca pactos y rivalidades entre ciudades, enfrentamientos y luchas por el poder político que desembocan en la llegada al poder de gobiernos tiránicos y populistas que impulsan el progreso del comercio, de la producción y de la ciudad. Atenas, en el siglo VI a.C., alcanzó uno de los momentos de mayor creatividad de su historia. Es la época en que, bajo el gobierno del tirano Pisístrato y de sus hijos, su estructura urbana se enriquece con monumentos y se fomenta la realización de fiestas y de competiciones de teatro, poesía y deporte. Es entonces cuando la cerámica ática y la técnica de figuras negras alcanzan la máxima expresividad, siendo exportada a toda la cuenca mediterránea.

Los recipientes cerámicos que aquí vemos, realizados con la técnica de figuras negras, son de Ática y su datación es de entre los años 575 y 475 a.C.


Museo Arqueológico Nacional, Vitrina de "El siglo de la democracia"

Vitrina de "El siglo de la democracia".

Con El siglo de la democracia, se recuerda cómo, en el siglo V a.C., Atenas fue la polis líder en la guerra y victoria en la que se unieron las ciudades griegas en su lucha contra el imperio persa. La consolidación de la democracia y el gobierno de Pericles hacen de Atenas la cabeza política y cultural de Grecia. Como recuerdo de aquella época, han llegado hasta nuestros días construcciones tan sobresalientes como el Partenón. Sin embargo, este liderazgo finaliza tras las Guerras del Peloponeso (430-404 a.C.), cuando queda arruinada tras ser vencida por Esparta.

Como muestra del esplendor alcanzado, queda la cerámica ática realizada con la técnica de figuras rojas, en la que se plasman los nuevos ideales de estética y ciudadanía. Una muestra de ésta, fechada entre los años 500 y 400 a.C., es la que se expone en esta vitrina.


Museo Arqueológico Nacional, Vitrina de "Un mundo cosmopolita"

Vitrina de "Un mundo cosmopolita".

En Un mundo cosmopolita, espacio dedicado a la historia de Grecia entre el siglo IV a.C. y el año 150 a.C., momento en que es conquistada por Roma y expande su cultura y su influencia política por todo el mundo entonces conocido. No hay que olvidar la conquista de Persia, Egipto y Babilonia por parte del rey macedonio Alejandro Magno, quien, tras vencer al soberano indio Poro, vio frenado su avance por negarse sus tropas a continuar avanzando hacia Oriente. Grecia exporta a Oriente y Occidente su concepción de ciudadanía, lo que trae una explosión creativa y científica.

Las ciudades del Sur de Italia evolucionan hasta llegar a ser importantes núcleos comerciales y artísticos que exportan sus productos por el Occidente Mediterráneo. La cerámica pasa a estar decorada con imágenes del amor, de la muerte, del mito y del mundo femenino, con una nueva estética, propia de un mundo cosmopolita y contradictorio, en las que se representan las emociones, la sensualidad, la individualidad, lo anecdótico y lo universal.

Vemos aquí diversos objetos de cerámica procedentes de Paestum, Sítula, Canosa y, sobre todo, Apulia, datados entre los años 360 y 300 a.C.


Museo Arqueológico Nacional, Estatua del dios Apolo, siglo II

Estatua del dios Apolo, siglo II.

La siguiente sección, dedicada a la identidad griega, trata de cómo el definir su propia identidad es la base, en la cultura griega, de sus tratados éticos, ideológicos, políticos y sociales. Sobre ella, se asientan sus estructuras sociales, de género y de etnia, de tal forma que predominan lo civilizado sobre lo salvaje, lo masculino sobre lo femenino y lo griego frente a lo bárbaro (extranjero). Las mujeres, los animales y los extranjeros reúnen lo negativo, conforme a lo que es aceptable desde el punto de vista divino y humano, frente al varón, que es el modelo. Por ello, es a éste a quien le debe corresponder toda la autoridad, defendiendo sus propios valores y dejando aparte todo lo que sea diferente.

La estatua con la que acompañamos estas líneas, en la se representa al dios Apolo, es de mármol y fue realizada en Roma en el siglo II. Y es que esta divinidad griega fue adoptada por los romanos desde el siglo V a.C. Como dios, debe reflejar, a su más alto nivel, las virtudes que tiene que tener todo varón griego: agresividad, autocontrol, competitividad, sociabilidad y respeto por los dioses.

En el pedestal sobre el que se levanta la estatua, aparece una cita de Diógenes Laercio, escritor griego de la primera mitad del siglo III, que puede describir la idea que tenía el varón griego de sí mismo:

Doy gracias al Destino,
por ser hombre y no animal,
por ser varón y no mujer,
por ser griego y no bárbaro.

Junto a la estatua, se exponen, en sendas vitrinas, recipientes con la representación de la mujer, del animal, del extranjero y de las amazonas, de los que tratamos a continuación.

La mujer se representa mediante la hidria (vasija grande para agua) “Mujeres en la fuente”, realizada en Ática en el 490 a.C. La sociedad griega consideraba el mundo femenino como una amenaza para el del varón, ya que aquel es lo contrario al orden social establecido. La mujer es caótica, emocional, impulsiva e irracional y para ser aceptada en la sociedad debe ser educada y contraer matrimonio.

El animal se identifica con la crátera (en Roma y Grecia, vasija grande y ancha en la que era mezclado el vino con agua antes de ser servido) “Sátiro”, obra de Ática de entre el año 480 y el 470 a.C. La naturaleza es un mundo sin cultura ni normas habitado por animales salvajes. El sátiro es un ser mitológico con aspecto de hombre barbudo, con patas y orejas de cabra, y cola de caballo o chivo. De comportamiento desmesurado e incivilizado, representa todo lo contrario al modelo del varón griego.


Museo Arqueológico Nacional, Guerrero tracio, 430 a. C.

Guerrero tracio, 430 a. C.

El extranjero se representa mediante la hidria “Guerrero tracio”, procedente de Ática y datada del año 490 a.C. El extranjero es bárbaro, incivilizado, soberbio y dado a los excesos con una sociedad carente de individualidad y libertad. Su panteón es de dioses extraños y no tiene reparo en que lo gobiernen déspotas. Para los griegos, los persas reunían todas estas características.

Por último, las amazonas se identifican a través de la crátera “Las amazonas”, otro producto de Ática, del año 430 a.C. Aquí, aparecen pintadas las mujeres guerreras que habitan en el confín oriental del mundo conocido y que rechazan el dominio masculino. Estas mujeres representan lo contrario de la ordenada convivencia de la sociedad griega y del papel de sometimiento en el que se hallan sus mujeres.


Museo Arqueológico Nacional, Héroe griego Heracles, siglo II

Héroe griego Heracles, siglo II.

Con Polis, la ciudad, pasamos a la tercera sección en que el MAN tiene dividida la exposición sobre la Grecia clásica. Aquí, entramos en la ciudad griega, el lugar donde el varón griego nace, vive y trata con los que son iguales que él. Es el espacio donde los hombres griegos se integran socialmente y construyen su personalidad, dotada de derechos y sujeta a obligaciones.

La identidad griega se basa en la civilización de la polis como ciudad-Estado. En ella, están los ciudadanos, los varones griegos, y los no ciudadanos, los esclavos, los bárbaros y las mujeres. Es en la polis, que tiene Atenas como su ejemplo más destacado, donde se llevan a cabo actividades como educación, simposios (banquetes), teatro, política, comercio, religión, desarrollo científico, deporte y, finalmente, la guerra en defensa de la ciudad, el destino de mayor nobleza.

La estatua con que se inicia el recorrido por la sección dedicada a la polis es la del héroe de la mitología griega Heracles, Hércules para los romanos. Es de mármol, procede de Roma y está datada del siglo II. En ella, vemos representados la fuerza, el valor y la virilidad que debe de reunir todo varón griego. Si la representación de la belleza del cuerpo femenino se crea vistiéndolo, para la del varón no es necesario ya que éste puede mostrar la perfección de su desnudo como sólo los seres sobresalientes pueden hacerlo.


Museo Arqueológico Nacional, Vitrina de "Gymnasion, la educación"

Vitrina de "Gymnasion, la educación".

La primera vitrina trata de Gymnasion, la educación. Es la ciudad la que debe fomentar en los jóvenes el ideal de la perfección. Para ello, su educación se divide entre la recibida en la escuela, donde aprende música y poesía; la del gimnasio, mediante el ejercicio y la superación física; y la de la palestra (lugar de lidia o lucha de la antigüedad clásica), hasta obtener la elegancia propia de los ciudadanos libres. El varón griego debe de cultivar tanto su cuerpo como su mente hasta lograr la fortaleza y belleza de ambos.

En la vitrina, leemos una cita del escritor del siglo I Luciano, de su obra “Anacarsis”:



Entrenamos a nuestros jóvenes
para ser buenos guardianes de la ciudad
y que vivan en libertad unos con otros...
En la paz echamos manos de ellos para actividades positivas...
La felicidad de la ciudad consiste en esto,
una juventud preparada para la paz y para la guerra
y esforzada en lograr los objetivos más nobles.

Entre los elementos expuestos, hay recipientes cerámicos con motivos relacionados con la escuela, el gimnasio, la palestra y el cuerpo del atleta. Igualmente, se muestran elementos propios del entrenamiento de los atletas, como aríbalos (envase donde se guardaba el aceite perfumado para el cuerpo), estrígiles (rascaduras de metal largas y estrechas utilizadas para limpiarse el cuerpo de aceite) y reproducciones de discos y halteras (tipo de mancuernas usadas en la Antigüedad tanto en el levantamiento de pesas como para impulsarse en el salto de longitud).


Museo Arqueológico Nacional, Vitrina de "Symposion, el banquete"

Vitrina de "Symposion, el banquete".

La siguiente vitrina está dedicada a Symposion, el banquete. En la Antigüedad griega, la fiesta del simposio era base en las relaciones sociales. En este banquete, que podía ser de tipo lúdico, político o religioso, y que reunía a varones de igual posición social, se comía y bebía; después de la cena, la primera copa de vino aromatizado que se tomaba era en honor de Dioniso, el dios para las viñas y el vino, y comenzaba la convivialidad (banquete). Eran unas reuniones que podían prolongarse hasta el amanecer y en las que se cantaba, se hablaba de filosofía y de política, se recitaban poesías y se contaba con la presencia de heteras (cortesanas) para entretener a los asistentes.

Tenemos aquí la cita del poeta Alceo de Mitilene, que vivió entre los siglos VII y VI a.C.

Bebamos ¿a que aguardan las lámparas?
un dedo ya el día
Alza, amigo, las grandes copas pintadas.
Dioniso... dio a los hombres el vino para olvido de penas
Escándalo ya mezclando uno y dos cazos,
llena hasta el borde los vasos
¡Y que una copa empuje a la otra!

La cerámica aquí expuesta, que incluye una máscara de Dioniso, está compuesta, entre otros, de ánforas, bolsales (forma similar a una taza ancha con dos asas), cálpide (vaso griego para contener agua), cántaros, cazos, copas, cráteras, dinos (vasija grande para mezclar agua y vino en los simposios), enócoes (jarras de vino con las que se sacaba éste de la crátera antes de servirlo), escifos (cuenco o taza con asas horizontales), estamnos (recipientes con forma de globo y dos asas horizontales) e hidrias.


Museo Arqueológico Nacional, Figuras de actores, 360-340 a. C.

Figuras de actores, 360-340 a. C.

Vemos ahora la vitrina que nos habla de Theatron, el espectáculo. El teatro griego, cuyos orígenes se encuentran en las fiestas dedicadas al dios Dioniso, fue en sus inicios un desahogo social en forma de caricatura que pasó a ser, tras su institucionalización por los tiranos de Atenas, quienes construyeron los primeros teatros, una seria reflexión sobre los temas eternos. De su organización, bajo la protección de los dioses, se encargaba el gobierno de la ciudad, mientras que sus gastos corrían a cuenta de un empresario previamente designado por la misma. Las tragedias o comedias versaban sobre valores éticos y políticos, hablaban de pasiones ajenas y hacían burla de lo sagrado. El ciudadano ve purificado su espíritu gracias a la representación escénica.

Leemos en la vitrina la siguiente cita del poeta cómico del siglo IV a.C. Timocles:

Es el hombre por naturaleza criatura doliente...
mas a sus angustias en el teatro encuentra consuelo.
Cuando comprende que mayores infortunios que los suyos
han sucedido ya a otros,
menos se queja de las propias desgracias.

Los objetos aquí expuestos son, en su mayoría, recipientes cerámicos decorados con escenas teatrales; máscaras en miniatura que eran ofrendadas en las tumbas; y las seis figuras de actores, procedentes de Grecia continental, realizadas en terracota y datadas entre los años 360 y 340 a.C., que aquí mostramos.


Museo Arqueológico Nacional, Vitrina de "Ágora, la política"

Vitrina de "Ágora, la política".

A continuación, vamos hasta la vitrina Ágora, la política. Recordemos que fue en Atenas donde surgió la primera democracia, aunque muy limitada ya que la participación en el gobierno de la ciudad se consideraba un derecho y un deber sólo para los griegos que fueran varones y libres, no para extranjeros, esclavos o mujeres. En el ágora, la plaza pública, los ciudadanos (griegos, varones y libres) se congregaban en asamblea para asuntos estatales, legislativos o para condenar al ostracismo (destierro político) a quien abusara de sus atribuciones. Todo ciudadano debía participar, al menos una vez en su vida, en el consejo legislador; podían elegirlo como magistrado o jurado de los tribunales de justicia y debía realizar el servicio militar, quedando tras su licenciamiento obligado a defender, activamente, la ciudad.

Además de la siguiente cita, del historiador y militar Tucídides, del siglo V a.C., se muestran aquí varios elementos, en su mayoría recipientes de cerámica con decoración alabando acciones en defensa de la democracia y de la ciudad; reproducción de ostracas, que es la pieza de cerámica o concha sobre la que se escribía el nombre de quien era condenado al ostracismo; figuras de una mujer y un pedagogo, ambos excluidos de participar en la democracia; y la cabeza de mármol, realizada en Roma entre 200 y 300 d.C., de Esquines, político y orador del siglo IV, a.C.

Tenemos un régimen político
que no envidia las leyes de los vecinos...
Recibe el nombre de democracia,
porque se gobierna por mayoría...
Conforme a la ley, todos tienen iguales derechos...
Nuestra ciudad es una lección para Grecia.


Museo Arqueológico Nacional, Vitrina de "Nomisma, la Moneda"

Vitrina de "Nomisma, la Moneda".

Pasamos a la vitrina que trata de Nomisma, la Moneda. La moneda, como objeto de uso diario, herramienta económica o emblema de su cultura, fue para la polis griega un elemento de carácter vital tanto para su vida como para su imagen e identidad. La primera moneda de Occidente, del siglo VII a.C., procede de Lidia (Turquía). Las monedas de las polis, de gran calidad en sus diseños e imitadas por los demás pueblos mediterráneos, se difundieron por esta cuenca debido a la actividad colonizadora y comercial griega, convirtiéndose en un mecanismo más de difusión de su cultura.

Las monedas aquí expuestas, de diferente valor y procedencia, son mayoritariamente de plata, existiendo algunas piezas de oro y bronce.


Museo Arqueológico Nacional, Vitrina de "Emporion, el comercio"

Vitrina de "Emporion, el comercio".

Hemos llegado ya a la vitrina que trata del principal motor económico de la antigua Grecia, de Emporion, el comercio. Y es que gracias al tráfico naval, Grecia fue expandiendo su territorio mediante colonias y emporios. A los puertos de todo el Mediterráneo, llegan productos griegos como aceite, bronces, cerámica, mármoles, orfebrería, plata, perfumes, telas y vino. Hasta la Península Ibérica, llegarán las preciadas cerámicas de Atenas, realizadas con la técnica de figuras rojas, para tener un uso bien distinto al habitual: contener las cenizas de los nobles de Iberia.

Aquí, se ha representado el cargamento de un barco griego hundido a principios del siglo IV a.C. frente a las costas de Mallorca. Como cita, encontramos una estrofa de “La Odisea”, del aedo (cantor épico) del siglo VIII a.C. Homero:

Las naves de múltiples remos
con frecuencia nos llegan al frente de gentes
que buscan la ganancia en el mar,
bien atentos a la carga y los fletes,
y al goloso provecho.

Los elementos expuestos, de izquierda a derecha, son unas ánforas de vino de Massalia de entre los años 500 y 400 a.C.; varias piezas cerámicas de entre el 470 y el 200 a.C.; y otras de plata de entre los años 500 y 100 a.C.


Museo Arqueológico Nacional, Vitrina de "Akrópolis, la religión"

Vitrina de "Akrópolis, la religión".

En la vitrina de Akrópolis, la religión, se nos habla de cómo en la Grecia clásica la religión formaba parte de la vida de sus habitantes como algo tradicional y ritual, no por revelaciones o dogmas. Los ritos de celebración eran colectivos y servían para consolidar la unión de los habitantes de la polis y la propia personalidad de ésta. La población, hombres y mujeres, marchan en procesión hacia el sitio de culto en el que realizar las ofrendas y sacrificar al animal para, a continuación, comerse su carne y apagar el fuego del altar con el vino que se derramará sobre él. Además de estos ceremoniales, se realizarán competiciones de tipo deportivo, musical y teatral.

La cita de que aquí disponemos procede del poeta lírico Baquílides, que vivió entre los siglos VI y V a.C.:

Rebosan los templos de fiestas, de reses, de ofrendas,
rebosan de hospitalidad las calles.
Brillan centelleantes de oro los trípodes de borde labrado,
se yerguen delante del templo, hermoso recinto de Apolo...
Al dios demos gloria, no hay dicha comparable.

Entre los objetos expuestos, hay recipientes de cerámica; el brocal de un pozo de mármol, procedente de Roma, del siglo I; un relieve con una procesión hacia el santuario, también de mármol, procedente de Ática y de entre los años 323 y 300 a.C.; y varias figuras de terracota.


Museo Arqueológico Nacional, Vitrina de "Akademia, la ciencia"

Vitrina de "Akademia, la ciencia".

Pasamos al sector de Akademia, la ciencia. La filosofía y la ciencia tuvieron su origen en el raciocinio y en la conducta crítica, características del varón griego. Los griegos, que no diferenciaron entre ciencia y filosofía, se basaron en la demostración, la discusión y la observación para emprender la búsqueda de la verdad objetiva. La vida dentro de la democracia ateniense favorece la existencia de un ambiente en el que reflexionar sobre el propio hombre, la relación ética de éste con sus iguales y dentro de su entorno. A partir de la época helenística, se desarrollaron, sobre todo en Alejandría, diversas ciencias (astronomía, botánica, física, geografía, matemáticas, mecánica, medicina y zoología) y la aplicación práctica de éstas.

Leemos aquí una cita de la “Metafísica” de Aristóteles, filósofo griego del siglo IV a.C.:

Los hombres, ahora y desde el principio,
comenzaron a filosofar
al quedarse maravillados ante algo...
en un primer momento ante lo que causa extrañeza
y después, ante cosas de mayor importancia...

De izquierda a derecha, vemos expuestos un ánfora procedente de Ática del año 510 a.C. y realizada por el ceramista Andócides y el pintor Psiax; unas reproducciones de la esfera armilar, del cono de Apolonio y de sólidos platónicos; y la cabeza de mármol “Filósofo griego”, realizada en Roma en el siglo II.


Museo Arqueológico Nacional, Vitrina de "Agon, el deporte"

Vitrina de "Agon, el deporte".

Frente a la anterior, tenemos la vitrina dedicada a Agon, el deporte. Una cercanía que quizás nos recuerda la gran importancia que ambos tenían en la Grecia clásica y cómo el hombre griego debía ser “fuerte y hermoso” tanto de cuerpo como de mente. Agón, competición para el griego, junto al entrenamiento y la superación, forman parte de la identidad del varón griego. Las competiciones (carreras tanto a pie como a caballo o en carro, lanzamientos, saltos), durante las que se proclamaba una tregua sagrada, se desarrollaban coincidiendo con las fiestas en honor de algún dios. Así, Olimpia y Nemea las celebraban en honor a Zeus, Delfos a Apolo y Corinto a Poseidón.

Como en las anteriores vitrinas dedicadas a la ciudad, aquí podemos también leer otra cita de la Antigüedad clásica griega, en este caso del poeta lírico Píndaro, del siglo V a.C.:

En las pruebas de los certámenes
ansiada gloria se labra
aquél cuya cabellera han ceñido múltiples coronas
por haber vencido con sus manos o con sus pies veloces.
El valor de los hombres se somete al juicio de los dioses.

En la vitrina, tenemos una cabeza de mármol del siglo I procedente de Roma; algunas figuras de terracota de entre los años 560 y 450 a.C.; y un buen número de recipientes cerámicos decorados con temática deportiva de entre el 540 a.C. y el 400 a.C.


Museo Arqueológico Nacional, Vitrina de "Pólemos, la guerra"

Vitrina de "Pólemos, la guerra".

Y llegamos al final de esta sección de la polis con la vitrina dedicada al que era el más noble destino para el varón griego, Pólemos, la guerra. El hombre griego, al participar, como buen ciudadano, en la defensa de su polis, está combatiendo igualmente por defender la independencia de ésta, sus ideales y su forma de vida. Para ello, según sus posibilidades económicas, se pagaba el armamento necesario para formar parte de unidades de caballería, de infantería ligera o pesada, siendo esta última más conocida como los temibles hoplitas, con quienes Alejandro Magno conquistó medio mundo. En el momento de despedir al hombre que parte hacia la guerra, se sigue un ritual en el que participa toda la familia y, si este muere en combate, será recordado como un héroe.

Leemos aquí el siguiente texto del poeta griego del siglo VII a.C. Calino de Éfeso:

Que todos avancen empuñando la espada
albergando detrás del escudo un corazón valeroso...
Si cae, lo llorarán el grande y el pequeño.
En todos permanece la memoria del valiente que supo morir,
pero si sobrevive, rivaliza con los héroes...

Tenemos aquí expuesta distinta cerámica con decoración bélica de entre los años 540 y 350 a.C. y, quizás lo más llamativo de la vitrina, una coraza, un casco y una greba, todo ello de bronce. La coraza procede de Grecia continental y su datación es de entre los años 600 y 500 a.C.; el casco es de Corinto y del 550 a.C.; y la greba es de Grecia continental y de entre los años 450 y 350 a.C.


Museo Arqueológico Nacional, Estatua de la diosa Afrodita, siglo II

Estatua de la diosa Afrodita, siglo II.

Comenzamos ahora nuestro recorrido por la cuarta sección de Grecia, dedicada a Oikos, la casa.

Si al comenzar la anterior sección, Polis, la ciudad, teníamos una estatua de Heracles desnudo, símbolo de la perfección del cuerpo del varón, aquí hay una imagen vestida de Afrodita, diosa de la belleza y el amor, con la que se hace hincapié en el papel reservado para la mujer en la sociedad de la Grecia clásica, protegiendo su virtud, apartada y oculta, dentro de la casa. Sin embargo, vestida o desnuda, Afrodita siempre irradia sensualidad y belleza, y la ocultación de su cuerpo bajo telas que sólo logran resaltar más sus formas no consiguen sino el efecto contrario al deseado. Esta estatua, procedente de Roma, es del siglo II.

En la Grecia clásica, el hogar constituye el espacio de la mujer, donde moldea su personalidad y desarrolla su papel en la sociedad. El término oikos reúne tanto el concepto de espacio y familia como trabajo doméstico y riqueza (creada y gastada). Dentro del oikos, es la mujer griega quien controla el día a día. Se encarga de su dirección, sin que esto pueda entenderse como que el varón no tiene también aquí la máxima autoridad, pero es ella quien tiene a los hijos y los cría, controla la alimentación y los tejidos, y cuida a los ancianos.


Museo Arqueológico Nacional, Terracotas de figuras femeninas, 340-250 a. C.

Terracotas de figuras femeninas, 340-250 a. C.

La primera vitrina está dedicada a Gamós, la boda. Para las mujeres griegas, la boda era la entrada en la vida adulta y el abandono de la infancia, la reafirmación del destino que para ella reservaba la sociedad supeditada dentro del orden establecido por el varón. A partir de entonces, podría cumplir con su función de procrear y así dar continuidad a la familia. Para ello, se seguía un ceremonial en el que ofrendaba los juguetes, se bañaba de forma ritual y esperaba la llegada del rapto nocturno por el varón para ser transportada, en un carro nupcial, hasta su nuevo domicilio, el de la familia del marido. La novia se quitará el velo de pureza. El ritual se completa con ajuar, dote y demás regalos.

De Eurípides, poeta trágico griego del siglo V a.C., leemos:

¡Himen, soberano Himen!...
Por mis nupcias levanto la llama del fuego para que brille
para que resplandezca, para darte, Himeneo... luz al tálamo virgen...
¡Gritad a Himeneo y a la novia con cantos y gritos de júbilo!
¡Vamos, hijas de bellos peplos frigios!
¡Cantad al esposo de mis bodas,
al esposo señalado para mi cama!

Además de la cerámica aquí expuesta, decorada lógicamente con motivos de pareja y de entre los años 530 y 150 a.C., hay varias figuras de terracota, entre las que se encuentra una de Afrodita procedente de Rodas y de entre los años 500 y 400 a.C., y otras varias con imágenes femeninas procedentes de Atenas, Beocia y Corinto de entre los años 340 y 250 a.C., que mostramos en la foto adjunta.


Museo Arqueológico Nacional, Vitrina de "Thálamos, el hogar"

Vitrina de "Thálamos, el hogar".

Pasamos al espacio del Thálamos, el hogar. En este, esencialmente femenino, es donde la mujer pasa la mayor parte del tiempo; se encarga de los hijos, la comida, la ropa, la limpieza y cualquier otra actividad propia de la casa para, cuando tiene tiempo, si queda y puede, descansar. En el gineceo, guarda su ropa, perfumes y joyas, siendo éstos, según su calidad y tipos, la muestra de su personalidad y posición social.

La cita que de aquí disponemos está atribuida a Pseudo-Aristóteles, nombre con el que se hace referencia a diversos autores cuyos escritos quisieron atribuir al filósofo griego, y es del siglo IV a.C.:

La buena esposa conviene que mande
en los asuntos de puertas adentro de la casa...
sin prestar atención a los asuntos públicos...
Una esposa de vida ordenada debe considerar
que las normas de su marido
le han sido impuestas como ley de su vida.

Los objetos aquí expuestos, de izquierda a derecha, son, entre otros, cerámica propia del uso diario en la casa (vajilla y lucernas), de entre los años 500 y 200 a.C.; una cabeza de mujer enjoyada de terracota y diversos objetos femeninos (joyas, vasos para perfumes, espejos, collar, pendientes, etc.) de entre los años 420 y 100 a.C.; figuras de mujer con distintos peinados igualmente de terracota y de entre los años 490 y 200 a.C.; otras figuras de idéntico material con distintos vestidos (peplo, quitón e himatión, de entre los años 500 y 300 a.C.; y finalmente, varias cajas para perfumes y cosméticos de cerámica, de entre los años 520 y 200 a.C., y un ánfora de Ática del 460 a.C.


Museo Arqueológico Nacional, Vitrina de "Génesis, las edades de la vida"

Vitrina de "Génesis, las edades de la vida".

La vida comienza y finaliza en el oikos, desde el nacimiento y la niñez hasta la vejez, y el sufrimiento por la muerte son labores sólo femeninas.

Junto al Thálamos, el hogar, se encuentra la vitrina Génesis, las edades de la vida. En Grecia, la mejor etapa de la vida es la juventud, tanto el varón como la mujer se encuentran entonces en la plenitud de sus respectivas masculinidades y feminidades. Es entonces cuando cada uno toma el camino que le tiene dispuesto la sociedad. Él, pasará a ser ciudadano de la ; ella, volverá al oikos como mujer. Cada etapa de la vida cuenta con determinados códigos, sociales y religiosos, que marcan perfectamente su trayectoria según la edad y el género.

Vemos aquí la cita de Mimnermo de Colofón, poeta y músico griego del siglo VII a.C.

Nosotros como las hojas que cría
la estación florida de primavera...
por breve tiempo gozamos de flores de juventud,
sin conocer ni el mal ni el bien que los dioses envían.
Mas apenas ha pasado esa sazón de la vida,
entonces vale más estar muerto que vivo.

Entre los objetos expuestos, observamos figuras de mujeres embarazadas, amamantando y de biberones realizadas, en terracota, entre los años 400 y 300 a.C.; diversos juguetes y objetos infantiles de entre los años 500 y 100 a.C.; recipientes cerámicos decorados con imágenes de niños de entre los años 370 y 330 a.C.; otro, con la decoración de un anciano, de entre el 450 y el 425 a.C.; y una terracota con la figura de una anciana, de entre el 300 y el 200 a.C.


Museo Arqueológico Nacional, Lécito blanco, de 420-400 a. C.

Lécito blanco, de 420-400 a. C.

A continuación, comenzamos la quinta sección, que el MAN dedica a la Grecia clásica, con el espacio dedicado a Thánatos, la muerte. Con ella, llega el final de la vida, una situación ante la que los ritos fúnebres, con el dolor en ellos volcado, unidos a los recuerdos que deja el difunto, puede hacer comprensible y, de alguna forma, dentro del ciclo de la vida, aceptable su final. Seguidamente, queda la pregunta de qué hay tras ella y, aquí, los griegos levantaron, a través del mito, una nueva vida en la ultratumba.

La ceremonia fúnebre, que favorece el paso a esa nueva vida, constituye igualmente, a través del ajuar, el monumento fúnebre y la duración de las honras fúnebres, una muestra del lugar ocupado socialmente por el difunto.

Dentro de los ritos fúnebres, se encontraba la limpieza del cuerpo del difunto con agua, aceite, bálsamos o perfumes. Para contener éstos, existían unos determinados lécitos blancos, mismo color del luto en la antigua Grecia. El que aquí mostramos, es de Ática y está datado entre los años 420 y 400 a.C.


Museo Arqueológico Nacional, Vitrina de "Nekrópolis, el cementerio"

Vitrina de "Nekrópolis, el cementerio".

Tenemos, a continuación, la Nekrópolis, el cementerio. El cuerpo del difunto, tras su purificación con agua y perfume, se envuelve en un sudario, depositando una moneda en su boca con la que pagar al barquero Caronte, se traslada hasta la entrada de la casa en donde lo lloran las mujeres y lo velan los hombres para, antes del amanecer, conducirlo al cementerio. En el cementerio, se derrama vino como ofrenda a los dioses infernales. Los atenienses marcaban la fosa con una estela que contenía el epitafio, recuerdos, etc.; vasos pequeños, de color blanco, con perfume; cintas y coronas.

Aquí, se nos muestran en una vitrina varios lécitos blancos; y, en otra, una estela de un guerrero y varios recipientes (ánforas y cráteras) de temática fúnebre o para acompañar al difunto en su tumba. En la que aquí mostramos, de izquierda a derecha, hay vasos nupciales, dos hidrias y un lutróforo para la tumba de una mujer de entre los años 350 y 320 a.C; un enócoe de entre el 300 y el 280 a.C.; un ascos de entre los años 320 y 300 a.C. en el que aparecen Eros (dios del amor y el sexo) y Gorgonas (deidades femeninas protectoras) acompañando a la difunta; un fruto de granada en terracota de entre el 330 y el 300 a.C.; y una estela dedicada a una joven difunta en mármol del siglo III a.C.


Museo Arqueológico Nacional, Vitrina de "Hades, el viaje al más allá"

Vitrina de "Hades, el viaje al más allá".

Terminamos nuestro recorrido por el Thánatos, la muerte con la vitrina del Hades, el viaje al más allá. En la Grecia clásica, a pesar de no haber existido ninguna norma oficial, había la creencia de que tras la muerte se separaban el cuerpo y el alma del difunto, partiendo esta última para el Hades en un viaje en el que no había retorno. Es éste un viaje por un mundo desconocido imposible de realizar solo, salvo para Hermes, el dios de las fronteras. En él, habitan seres monstruosos que guiarán a las almas hasta alcanzar su destino, una meta que sólo conoce Eros.

En esta fotografía, tenemos distintas imágenes relacionadas con el Hades; de izquierda a derecha: un lécito, de entre los años 480 y 470 a.C.; un ascos, de entre el 400 y el 300 a.C.; una tritonesa, símbolo del viaje hacia el paraíso, hasta el que guía a las almas de los difuntos, de terracota y de entre los años 330 y 300 a.C.; una sítula, de entre el 330 y 320 a.C.; varias esfinges en ánfora, alabastrón y terracota, de entre los años 630 y 100 a.C.; górgonas de terracota y decorando una copa, de entre los años 520 y 300 a.C.; sirenas de terracota y como decoración de un vaso de perfume y un lécito, de entre el 540 y el 300 a.C.; y una copa con un minotauro (cuerpo de hombre y cabeza de toro), del año 515 a.C., realizada en Ática. En primer plano, se exponen platos de entre los años 360 y 300 a.C.


Museo Arqueológico Nacional, Vitrina de "Mythos, el imaginario"

Vitrina de "Mythos, el imaginario".

Y con Mythos, el imaginario, llegamos a la sexta y última sección sobre la Grecia clásica del MAN. Con los mitos, Grecia recordaba aquellos inicios sagrados en que los mortales e inmortales vivían juntos y tenían los mismos destinos. Estos recuerdos, en los que se habla de dioses y de héroes, son historias fantásticas en las que aparecen personajes irreales que realizan acciones extraordinarias impropias del ser humano. Gracias a ellos, los griegos pueden explicar el universo y las acciones acertadas y erróneas del ser humano. Conforme a los mitos, se legisla y se siguen todas las etapas y actividades por las que pasa el ser humano, desde el nacimiento hasta la muerte y desde la paz a la guerra, del ocio al trabajo, etc. Estos mitos, sin embargo, no están contenidos en un dogma o texto inamovible, sino que su transmisión es libre y, así, los diferentes autores (narradores, pintores, escultores, etc.) van añadiendo un trozo particular, constituyendo la memoria colectiva de la población.

Llegamos al Olympos, los dioses. Para los griegos, los dioses del Olimpo procedían de la relación erótica, de las fuerzas primordiales, la Tierra, el Océano y el Cielo, una relación surgida gracias a la intercesión de Eros. Zeus, el padre de los dioses y los hombres, gobernaba el cielo y las alturas; Poseidón, los mares y las profundidades; Hades, el más allá; otros dioses, como Afrodita, Apolo, Ares, etc., protegen a los hombres, sus acciones, las ciudades, etc. Los héroes proceden de la unión de los dioses con humanos y, gracias a sus extraordinarios hechos, alcanzan la inmortalidad. Pero, más arriba de los mortales e inmortales, se encuentra el Destino, arbitrario e indómito.

En la cita de Hesíodo, poeta griego del siglo VIII o VII a.C., aquí existente, leemos:

Celebrad el sagrado linaje de los Sempiternos Inmortales,
los que nacieron de Gea y del estrellado Urano;
los de la oscura Noche y los que crió el salino Ponto...
y los que de éste surgieron,
los dioses distribuidores de bienes...
cómo se distribuyeron las esferas de influencia
y cómo ocuparon el sinuoso Olimpo.

La imagen que aquí traemos es la de un brocal de pozo, de mármol y del siglo I. En él, se ha labrado cómo nace Atenea, ya adulta y armada, de la cabeza de Zeus. Junto a ella, sobrevolándola, con intención de coronarla, se encuentra Nike, la Victoria alada, y huyendo de la escena, se encuentra Hefesto, aquel que con su hacha abrió la cabeza del padre de los dioses. Otras figuras que aquí se hallan son las de las tres Moiras, las diosas del destino de los recién nacidos, quienes están urdiendo, cual si fuera un hilo, la vida de la nueva diosa.


Museo Arqueológico Nacional, Vitrina de "Herós, Heracles"

Vitrina de "Herós, Heracles".

Llegamos a la vitrina de Herós, Heracles. Heracles, Hércules para los romanos, era el héroe por excelencia para los griegos, el único capaz de bajar al Hades y, desde allí, regresar al mundo de los vivos. Con sus demostrados esfuerzo, valor, lucha y fuerza, es un modelo de las virtudes masculinas. Con sus doce victorias, se encuentra al nivel de los inmortales, habiendo sido admitido en el Olimpo como si de un dios se tratase; para ello, ha tenido que seguir un esforzado y sufrido camino.

Este “Himno Homérico” a Heracles nos dice:

Canto a Heracles, hijo de Zeus,
el más excelente de los pobladores de la tierra...
Debió cumplir muchas acciones temerarias
y muchos fueron también sus sufrimientos.
Habita ya complacido en la hermosa sede
del nevado Olimpo.

Todos los vasos cerámicos aquí expuestos son de Ática, de entre los años 550 y 450 a.C., y están relacionados con los doce trabajos que debió realizar Heracles y con su llegada al Olimpo.


Museo Arqueológico Nacional, Vitrina de "Enthousiasmós, Dioniso"

Vitrina de "Enthousiasmós, Dioniso".

La vitrina de Enthousiasmós, Dioniso está obviamente dedicada, entre otros, a Dioniso, el dios griego de la vendimia y del vino, patrón de la agricultura y del teatro. Es uno de los dioses más populares; a esta divinidad le gusta el campo y la vuelta a la naturaleza, en donde se encuentra con sus adeptos, sátiros y ménades, y con el vino, la música y la danza se llega al desenfreno. Para los seguidores de Dioniso, la vida no acaba con la muerte ya que les concede a éstos, hombres y mujeres, griegos y extranjeros, la inmortalidad.

Vemos aquí un “Himno Homérico” a Dioniso:

Canto al que ciñe de hiedra sus cabellos,
al de poderosísima voz,
al ilustre hijo de Zeus y de la gloriosa Sémele...
que frecuentaba los boscosos valles,
cubierto de hiedra y de laurel...
El clamor se adueñaba del bosque inmenso.
A ti te saludo, Dioniso, pródigo en viñas.

La cerámica aquí expuesta, en su mayoría de Ática y de entre los años 525 y 350 a.C., está decorada, en su mayor parte, con imágenes de Dioniso, de sátiros o de éxtasis.


Museo Arqueológico Nacional, Pélice de la vitrina de "Elysion, los Paraísos", de 340 a. C.

Pélice de la vitrina de "Elysion, los Paraísos", de 340 a. C.


Enfrente de la anterior, y antes de llegar a la de Elysion, los Paraísos, tenemos una gran vitrina con variados tipos de recipientes cerámicos y terracotas con las imágenes de dioses (Zeus, Poseidón, Apolo, etc.) y personajes de la mitología griega (Perseo, Aquiles, etc.).


En Elysion, los Paraísos, la última vitrina de cerámica griega, vemos que en las creencias de la Grecia clásica, al igual que existía el Hades, un lugar triste y sombrío por el que vagaban las almas de los fallecidos, también había un paraíso al que llegaban los espíritus de mayor nobleza. En él, se encontraban lugares como el Jardín de las Hespérides, las Islas de los Bienaventurados o los Campos Elíseos, unos lugares nada sombríos en donde los hombres y mujeres que hasta allí llegaban se encontraban con que les aguardaba una feliz vida eterna bajo el gobierno de Eros, el dios de la sensualidad y de la fertilidad.


Así podemos leerlo en esta cita de Pseudo-Platón:



Donde cosechas generosas
hacen crecer en abundancia toda clase de frutos,
donde fluyen fuentes de aguas puras,
donde variados prados ofrecen un aspecto de primavera...
donde se celebran banquetes bien cuidados...
una total ausencia de aflicción y una dulce existencia.
No existe ni crudo invierno ni caluroso verano,
sino que sopla un aire suave,
atemperado por los rayos del sol.

Aquí, entre otros varios recipientes, tenemos este pélice, de 44,70 cm de altura y 26 cm de anchura máxima, obra del pintor de la Sirena Citarista, procedente de Apulia y del año 340 a.C.


Museo Arqueológico Nacional, Sala 37, Dinero y Moneda

Sala 37, Dinero y Moneda.

Como dijimos al inicio de este reportaje, las salas de la 37 a la 40, bajo el título colectivo de La moneda, algo más que dinero, van a tratar sobre distintos aspectos relacionados con la moneda, conformando un recorrido temático por medio de ésta y del dinero, y viendo cómo ello forma parte de manera fundamental del Patrimonio Cultural. Y es que este elemento, tal y como se nos explica en la propia guía del museo, “es uno de los objetos arqueológicos que mayor información aportan al conocimiento de la Historia”. Así, cuando vemos una moneda antigua, podemos estar ante un documento oficial, un signo identificativo y un elemento de prestigio a través del cual es posible extraer una gran cantidad de datos económicos, sociopolíticos y artísticos; por otro lado, cuando ésta aparece vinculada a un yacimiento arqueológico, se utiliza como elemento de datación de dicho yacimiento, además de darnos a conocer un gran número de aspectos relacionados con la vida cotidiana del período al que pertenece.

Cabe destacar, igualmente, que la colección de numismática del MAN es, por su calidad, volumen y variedad, la más importante de España y una de las más prestigiosas de Europa, teniendo su origen en la Real Biblioteca fundada por Felipe V en el año 1711.

Entramos ya en la Sala 37, dedicada a los términos de Dinero y Moneda desde un punto de vista más general. Ambos vocablos son usados numerosas veces como si fueran sinónimos, si bien no lo son, pues el primero abarca una concepción mucho más amplía que el segundo; el propio museo nos lo explica por medio de sus paneles explicativos, definiendo el dinero como “todo aquello que nos permite calcular el valor de las cosas, pagar bienes, servicios, deudas o tributos, y ahorrar o atesorar riqueza”, mientras que la moneda puede decirse que es “la forma de dinero más universal, utilizada y conocida” y que, por lo general, se trata de “un disco de metal cuyas caras son marcadas por el Estado con diseños que garantizan su autenticidad y valor”. Toda esta primera parte de la exposición se centra, pues, en enseñar lo singulares que son las monedas y por qué se convirtieron en un elemento de éxito desde que surgiera en Lidia (hoy, Turquía) y China a finales del siglo VII a.C.

Museo Arqueológico Nacional, Vitrina de "Moneda, comercio y coste de la vida"

Vitrina de "Moneda, comercio y coste de la vida".

Las piezas escogidas y expuestas sirven de ejemplo para mostrarnos los distintos formatos y los fines para los que fueron creados. Estamos ante un objeto muy práctico, pero también con un gran contenido ideológico, por lo que se emite para cumplir una serie de funciones dentro de la sociedad (pago de salarios, de impuestos y servicios del Estado), además de ser un instrumento del comercio, del ahorro y un símbolo de prestigio y poder. Es más, es tan útil que, en el momento en que falta, se llevan a cabo mecanismos con el fin de poner en circulación algo que funcione como sustituto de emergencia: el “dinero de necesidad”. Éste no era de curso legal y, como las circunstancias económicas estaban marcadas por la precariedad (guerras, como acontecimiento más frecuente, interrumpiéndose las rutas de abastecimiento de monedas y metales), tanto los materiales de su fabricación como las técnicas empleadas eran bastante pobres, si bien cabe mencionar que, cuando la crisis terminaba, este tipo de dinero se podía canjear por monedas de curso legal.

Las primeras monedas parece que fueron hechas para pagar obras públicas, a los funcionarios y a los ejércitos. Y enseguida tuvo aceptación, pues, si se comparaban con otras formas de dinero, como el metal al peso, aquellas eran más fáciles de contar, además de que el Estado garantizaba su pureza y su peso, por lo que suponían una gran utilidad, como decíamos antes, de cara al pago de salarios, de impuestos, de multas o de deudas de guerra.

Desde el punto de vista del comercio, éste se benefició muy pronto de las ventajas de las monedas, a pesar incluso de no haber sido el impulsor de su creación. Así, las de oro y plata se convirtieron en un elemento imprescindible a la hora de llevar a término intercambios, sobre todo aquellas de gran prestigio y que eran aceptadas en diversos territorios.

Museo Arqueológico Nacional, Arca de caudales de hierro pintado y grabado hecha en Alemania, siglo XVI. Este tipo de cajas, usadas desde del siglo XV al XVIII, era muy demandado entre banqueros, nobles, reyes y comerciantes; realizadas con estructuras de acero y con numerosos pasadores en sus cerraduras, llegaron a convertirse en objetos de lujo muy apreciados

Arca de caudales de hierro pintado y grabado hecha en Alemania, siglo XVI. Este tipo de cajas, usadas desde del siglo XV al XVIII, era muy demandado entre banqueros, nobles, reyes y comerciantes; realizadas con estructuras de acero y con numerosos pasadores en sus cerraduras, llegaron a convertirse en objetos de lujo muy apreciados.

Por otro lado, tanto de manera particular como por parte del Estado, y a distintas escalas, en todos los períodos históricos se han guardado monedas como método de ahorro y, habitualmente, éstas eran escondidas en épocas de guerra para recogerlas una vez que el peligro pasara. Los contenedores que servían para guardar los ahorros fueron cambiando su tamaño, forma y material empleado en su fabricación a lo largo de los diferentes períodos históricos, pasando de vasijas de cerámica reutilizadas para esconder el dinero hasta cajas de seguridad de metal; asimismo, algunos de estos utensilios se diseñaban exclusivamente para almacenar el dinero, como las cajas de caudales, las huchas y los monederos, algunos de los cuales podremos ver en esta sala. Sin embargo, muchos de estos ahorros no fueron nunca recuperados por sus legítimos dueños, habiendo llegado hasta nosotros cargados de una gran cantidad de información histórica y transmitiéndonos que esa acumulación de dinero era un signo de riqueza de quien lo poseía.

Y es que la moneda era, en sí misma, un símbolo de poder. Por ejemplo, había monedas de un tamaño y un valor considerables que, si bien formaban parte del sistema monetario, no se usaban como método de pago, sino que se concebían como piezas con las que su dueño hacía alarde de ostentación. Por contra, las que se empleaban en la vida diaria eran piezas de poco valor con las que quedaba reflejada la situación económica real del país. Como muestra de las de representación, en una de las vitrinas podremos ver expuesta una moneda de oro de cincuenta ducados de Juana I y Carlos I, fechada en Zaragoza en 1520. Su función era ser un regalo diplomático o para ocasiones solemnes, como matrimonios, visitas reales o nacimientos de herederos. No sólo tenía valor material, sino que poseía un carácter altamente simbólico de Estado, de ahí que aparezcan los retratos y los nombres de ambos monarcas. En el cartel que acompaña la moneda, se nos explica que la “aparente mala calidad del ejemplar se debe a los problemas técnicos que acarreaba la acuñación manual de piezas de semejante tamaño” (57,36 mm de diámetro y un peso de 174,42 gramos).

Conviene resaltar aquí que, tal y como explica el museo en su web, la Monarquía Hispánica no tuvo un sistema monetario único, pues los grandes dominios europeos y los reinos hispanos acuñaron su moneda propia, si bien el sistema castellano sería el que tendría una mayor importancia internacional y el que acabaría implantándose en América. Por lo que respecta a los reinos peninsulares, incluyendo aquellos que formaban parte de la Corona de Aragón (el condado de Barcelona y los reinos de Aragón, de Valencia y de Mallorca), mantendrían sus propios sistemas, a pesar de estar unidos bajo un mismo y único monarca. Algunas de esas monedas emitidas llevarían sólo el nombre de Carlos I, pero la mayor parte, como el ducado que tenemos en esta sala, se acuñaría con los del rey y su madre, Juana I, conocida como Juana “la Loca”, aunque la reina solamente tuviera un poder nominal. Estos ducados muestran, en el anverso, los bustos enfrentados de Juana y Carlos, imitando las monedas en las que aparecían los Reyes Católicos como forma de resaltar la continuidad de la dinastía, además de que éstas tenían una gran aceptación en los circuitos comerciales; en el reverso, aparece el escudo coronado de Aragón.

Por otra parte, tanto el ahorro como la riqueza guardan un vínculo con la generosidad, pues la entrega de dinero a los más desfavorecidos puede deberse a un acto de pura solidaridad, a un mandato religioso o incluso a una obligación de Estado. Muestra de ello es que la limosna no sólo era un acto personal, sino que también era una práctica institucional que se organizaba alrededor de la Iglesia y de la monarquía.

Museo Arqueológico Nacional, Recreación de una tumba con monedas halladas en ella

Recreación de una tumba con monedas halladas en ella.

Todo lo visto hasta ahora podría englobarse como aplicaciones oficiales de las monedas y a ellas habría que sumar los usos que les dieron las personas en las diferentes épocas históricas, como por ejemplo, formando parte de amuletos y/o joyas, o sirviendo de ofrendas a los dioses, de acompañamiento en las tumbas de los difuntos, de soportes publicitarios, o como recuerdos personales.

Así, las ofrendas monetarias que se hacían en santuarios buscando la protección de los dioses son tan antiguas como las propias monedas, tal y como se ha podido comprobar tras los hallazgos en el templo de Artemisa, del siglo VII a.C., en Éfeso (Turquía). Ligado a esto, se hizo costumbre enterrar monedas durante la construcción de edificios y de murallas, o incrustarlas en los mástiles de los barcos, llegando a convertirse en una especie de ceremonia simbólica. Algunas de éstas piezas podremos verlas expuestas en las vitrinas de esta sala.

También es común encontrar monedas en tumbas, formando parte del ajuar que el difunto se llevaba al Más Allá. De este modo, en la Antigüedad clásica, era frecuente que los fallecidos fuesen enterrados con una moneda con la que, se dice, se pagaba el viaje al mundo de los muertos. Los yacimientos arqueológicos estudiados arrojan datos sobre esto, como que esta práctica se prolongó durante las épocas medieval y moderna. En la sala, podremos ver una recreación de las distintas ubicaciones en las que se han podido hallar monedas en el contexto de un espacio funerario.

Museo Arqueológico Nacional, Caja-moneda representando la Pasión de Cristo

Caja-moneda representando la Pasión de Cristo.

Hablábamos también de que, frecuentemente, desde la Antigüedad, las monedas han sido manipuladas para ser usadas como amuletos y como adornos personales, añadiéndose dibujos o grabados de carácter amoroso, propagandísticos, etc. Asimismo, en ocasiones eran partidas con el fin de que circularan como moneda fraccionaria. Sin embargo, lejos de ser un acto legal, estas modificaciones eran consideradas actos de traición y hasta de sacrilegio.

Como ejemplo de estos usos, veremos algunas joyas realizadas con monedas, como una pulsera hecha con medios dírhams marroquíes, una guirnalda de boda de origen pakistaní compuesta por billetes o una recreación de lo que era una caja-moneda. Populares en el centro de Europa, eran usadas a modo de estuches para guardar miniaturas, joyas religiosas e incluso, en época de guerra, para camuflar mensajes secretos. Estas cajas se fabricaban vaciando dos monedas, de manera que encajasen una en la otra como si fueran la tapa y la base de la caja, respectivamente. Expuesta, tenemos una caja-moneda en la que cada lámina de mica representa una escena de la Pasión de Cristo, la cual debe superponerse a la figura de Jesús, ésta pintada en la tapa, formando así la imagen al completo. Para experimentar cómo funcionaba, a su lado, hay un disco-manipulativo que los visitantes pueden accionar.

Museo Arqueológico Nacional, Ejemplos de falsificaciones y monedas de fantasía, realizadas estas últimas sin imitar a ninguna en particular

Ejemplos de falsificaciones y monedas de fantasía, realizadas estas últimas sin imitar a ninguna en particular.

Casi a la par que se crean las monedas y el dinero, surge la falsificación, un acto que comprende no sólo la falsificación de monedas de curso legal (con castigos que incluían la pena de muerte, llegando a estar impreso el castigo en algunos billetes), sino también, a partir del siglo XVI, la que se llevaba a cabo con el propósito de engañar a coleccionistas.

Con estos actos, se falseaba con todo lujo de detalles la moneda o billete de curso legal, a fin de que la falsa pudiera ser puesta en circulación. Las piezas antiguas eran falsificadas mediante la disminución de su peso, usando una aleación pobre o realizando un disco metálico de poco valor que, posteriormente, era bañado en oro o plata.

Las imitaciones eran monedas de curso legal que tenían un aspecto formal muy parecido, pero no igual, a otras de buena reputación, alto valor y gran aceptación comercial con el fin de beneficiarse de todo ello. Llegó a haber desde fieles reproducciones, que sólo introducían marcas distintivas, hasta adaptaciones que se alejaban más de las monedas originales.

A partir del siglo XVI, como decimos, estas falsificaciones empezaron a realizarse de manera expresa para ser vendidas a coleccionistas, auspiciado esto por el auge del coleccionismo de antigüedades. Asimismo, algunos falsificadores llegaron a hacer por encargo algunas piezas que no imitaban ninguna en particular. Eran las llamadas “monedas de fantasía”, de diferentes países, personajes o reinados, y con distintos valores o metales, estando consideradas en ocasiones como verdaderas obras de arte.

Museo Arqueológico Nacional, Representación de los operarios de un taller de fabricación de moneda del medievo

Representación de los operarios de un taller de fabricación de moneda del medievo.

Terminamos este módulo contemplando unas réplicas de un conjunto de figuras cuyos originales proceden de la fachada románica de la Iglesia de Santiago, construida a finales del siglo XII, en Carrión de los Condes (Palencia) y que representan a los operarios de un taller medieval de fabricación de moneda. La acuñación de moneda en Castilla había empezado aproximadamente unos cien años antes de que el templo fuera levantado en el centro del Camino de Santiago. Se cree, además, que su construcción pudo ser costeada por uno o por varios monederos que se habrían vuelto personas poderosas gracias al control que ejercía el Estado sobre la moneda y al conocimiento que ellos tenían de su fabricación y del manejo de los metales.


Museo Arqueológico Nacional, Sala 38, Dinero sin moneda

Sala 38, Dinero sin moneda.

Pasamos a continuación a la Sala 38, donde, bajo el nombre de Dinero sin moneda, se nos mostrará una serie de objetos y materiales que, a lo largo de los siglos y en prácticamente todas las regiones mundiales, y sin ser monedas, han sido utilizados para realizar pagos. Hablamos del llamado “dinero tradicional”, elementos como la sal, el ganado, conchas, metales, etc., algo que pertenece a determinados ámbitos culturales, lo cual implica que su valor sólo sea reconocido dentro de la comunidad que lo usa. Si bien se tiene poca información sobre su empleo en épocas más antiguas, a partir del siglo XV se cuenta con relatos de viajeros, así como con estudios antropológicos de pueblos en los cuales la moneda como tal no llegó a ser utilizada de manera general hasta el siglo XX.

Como decimos, el ganado (no sólo el vacuno, sino también el lanar, el ovino, el porcino, etc., además de productos como pieles, dientes o plumas) ha servido siempre como referencia de valor, significando riqueza en aquel que lo poseía. De hecho, en el cartel explicativo de la primera vitrina en la que nos detendremos, se nos indica que “La palabra latina 'pecunia', riqueza o dinero, deriva de 'pecus', ganado, mientras 'caput', cabeza de ganado, ha dado origen al término 'capital'”. Estamos, pues, ante una de las formas más antiguas de dinero existente en Roma y en la Atenas del siglo V a.C., ejemplo de lo cual es que el pago de las multas era fijado en carneros y bueyes. Ya en épocas más recientes, algunas poblaciones africanas dedicadas al pastoreo usaban el ganado como pagos matrimoniales y de deudas de sangre.

Museo Arqueológico Nacional, Tevau procedente de las Islas de Santa Cruz, de entre los siglos XIX y XX

Tevau procedente de las Islas de Santa Cruz, de entre los siglos XIX y XX.

Como muestra de todo esto, en la vitrina podemos ver, entre otros objetos, un tevau de entre los siglos XIX y XX procedente de las Islas de Santa Cruz (Islas Salomón, Oceanía). Este elemento, también llamado “dinero pluma”, es una tira de fibra vegetal de aproximadamente 10 metros de largo que, enroscada formando una rueda, lleva adherida una enorme cantidad de plumas rojas de minúsculo tamaño de un pájaro concreto: el mielero cardenal. Su afanosa fabricación (se tardaba un año en terminarla y se necesitaban unos 300 pájaros macho), herencia de padres a hijos, llegaba a tener connotaciones mágicas. Así, los tevaus eran comúnmente utilizados en pagos rituales, como los del matrimonio, además de para compras de valor alto, como canoas, etc. Si bien la moneda llegó a Australia de manera masiva a partir de 1940, se sabe que estos objetos estuvieron usándose hasta 1970.

Museo Arqueológico Nacional, Dinero del mar

Dinero del mar.

Otro de los instrumentos más extendidos en el mundo a la hora de realizar pagos fueron las conchas. Y es que sus propiedades físicas las hacían muy apropiadas para ser usadas como dinero, pues son duraderas, difíciles de corromper y manejables. La especie más empleada, entre otras, fue la Cypræa moneta, o caurí, así como animales marinos, como las tortugas. Este “dinero de concha”, de gran importancia especialmente en Oceanía, África y Asia, era usado, en función de su tamaño, calidad, color o rareza, como símbolo de riqueza, como ornato, para el comercio exterior o para hacer pagos corrientes y en ceremonias.

Museo Arqueológico Nacional, Dinero de la tierra

Dinero de la tierra.

Al igual que el ganado o las conchas, los productos agrícolas han sido asimismo usados como pagos legales, en transacciones comerciales y en contabilidad en diferentes épocas y lugares. El trigo, la cebada, el cacao, el café, el té, el arroz y el tabaco son algunos de ellos, pero también los tejidos de fibras vegetales, como la seda, las piezas de rafia o el algodón. Por ejemplo, en México, los aztecas usaban mantas de algodón, algo que adoptaron los españoles, a la par que tomaron como unidad la vara de algodón, que se emplearía como patrón de valor y medio de cambio.

Museo Arqueológico Nacional, Dinero mineral

Dinero mineral.


Ya mencionábamos anteriormente la sal, pero, como ella, otros minerales eran igualmente usados como dinero, tal es el caso de las cuentas de vidrio (que podremos ver en la vitrina correspondiente) o los objetos hechos de piedra, llegando a conformar sistemas muy complejos en algunos lugares del mundo. Otros elementos a tener en cuenta en esta sala son las piedras preciosas y semipreciosas, si bien es complicado establecer si realmente han tenido un uso como dinero o solamente como mercancía de valor. Sí se sabe que lo fueron, en cambio, en la Venezuela del siglo XVII, momento en que los españoles emplearon perlas, oro y esmeraldas al comerciar con los holandeses de la isla del Caribe Curaçao para comprarles telas y esclavos.

Museo Arqueológico Nacional, Dinero metálico

Dinero metálico.

La última sección de esta sala está dedicada al dinero metálico, es decir, aquel hecho con metales. Y es que éstos han sido la materia más usada como tal a lo largo de la Historia por ser la más duradera e inalterable, además de fáciles de dividir y de transportar. En ocasiones, los metales tenían la forma de productos manufacturados, como por ejemplo herramientas, armas, instrumentos domésticos o adornos, entre otros, siendo aceptados entre la población como referencias de valor por su gran consideración simbólica y sagrada. Posteriormente, estos útiles se convertirían en piezas exclusivamente dinerarias, pues tenían un tamaño (demasiado grande o demasiado pequeño) y una factura muy débil como para que fueran prácticos. Otras veces, estos metales eran valorados en bruto.

Por otro lado, el empleo de metales preciosos, como la plata, el oro e incluso el cobre, al peso para llevar a cabo pagos legales está documentado en Mesopotamia alrededor del año 2000 a.C. Estos metales circulaban bien como fragmentos, bien fundidos formando lingotes, siendo esta segunda forma más fácil de manejar. Estas transacciones conllevaron la creación de sistemas ponderales y, pasado el tiempo, estas medidas acabarían convirtiéndose en valores estandarizados, siendo así el origen de los patrones de peso de las monedas y de las denominaciones monetarias.

Las últimas vitrinas de esta sala nos muestran varios ejemplos de objetos realizados con metales, como joyas, herramientas, o lingotes de diversas formas, entre otros.


Museo Arqueológico Nacional, Sala 39, Imagen y Moneda

Sala 39, Imagen y Moneda.

La Sala 39, con el título de Imagen y Moneda, nos enseña, como si de un mural se tratase, que su utilidad va más allá de ser un objeto de pago, pues desde sus orígenes y a lo largo del tiempo ha servido como imagen del poder que la acuña y símbolo de la riqueza, estando todos los elementos que la componen escogidos para transmitir un determinado mensaje. Tanto la marca que las dota de garantía (tipo) como las inscripciones que en ellas aparecen (leyendas) son elegidas por las autoridades para que dichos mensajes puedan ser comprendidos por cualquiera en cualquier lugar que se encuentre. Como ya dijimos anteriormente, el valor de las monedas, su prestigio y su fácil manejo, hicieron de ellas un objeto con un uso generalizado y presente siempre en el lenguaje y en la vida cotidiana, convirtiéndose en modelo a imitar y en inspiración de creaciones artísticas.

Como decimos, la moneda es el elemento transmisor de la expresión oficial del poder que la ha emitido, combinando los retratos con los escudos y los lemas que se quieran difundir en ese momento. Asimismo, se convierte en un reflejo de la vida de la época, del arte y de la sociedad en la que fue creada y usada. En este contexto, una de las primeras acciones de las soberanías ha sido acuñar una moneda propia, no sólo como necesidad económica, sino como signo de identidad; de ahí que en el anverso, la cara considerada como la más importante, aparecieran los tipos más significativos del poder que la emitía.

Museo Arqueológico Nacional, Real de Enrique II de Castilla, 1369-1379

Real de Enrique II de Castilla, 1369-1379.

La imagen más frecuente de ese poder era (y continúa siendo) el retrato del gobernante, por lo que las monedas, al pasar de unas manos a otras, hacían que el aspecto del monarca fuese conocido por todos sus súbditos. La creación de este, por así decirlo, retrato monetario se debe a Grecia, generalizándose con los emperadores romanos y llegando, así, hasta la actualidad. Durante la Edad Media, sin embargo, surge un cambio: la fidelidad física respecto del individuo que aparece retratado se rompe, poniéndose entonces el énfasis en la figura simbólica del rey, no de la persona concreta.

Del mismo modo, las monedas eran, a falta de los medios de comunicación que tenemos hoy día, el medio propagandístico oficial del Estado. Los tipos y las leyendas eran elegidos con una carga política intencionada, informándonos, así, acerca de los acontecimientos históricos, de las creencias religiosas y de los distintos aspectos de la vida y la época de sus usuarios. En este ámbito, la escritura era una parte fundamental del mensaje escrito en las monedas, formando, unas veces, un conjunto inseparable con la imagen que en ellas aparecía y siendo, otras, la protagonista única. Los alfabetos utilizados también han ido cambiando de una época a otra, considerándose la lengua y la escritura escogidas un rasgo identificativo y político con las que reflejar unas circunstancias históricas concretas. Por otro lado, han pasado a ser una fuente de conocimiento de la Historia imprescindible, pues gracias a las monedas hemos sabido de edificios hoy destruidos, lenguas que ya no se hablan o reyes e incluso ciudades o países que no se mencionaban más que en ellas.

Museo Arqueológico Nacional, Fichas que imitan a las monedas

Fichas que imitan a las monedas.

Por otra parte, existen las llamadas “fichas”, objetos con un gran parecido a las monedas, pero sin su carácter oficial, y distintos usos, que van desde dinero de empresas a entradas para determinados espectáculos o incluso amuletos, sustituyendo en ocasiones a las monedas. Veremos algunos ejemplos en las vitrinas correspondientes, como una moneda del siglo XIX del Reino Unido usada como talismán para proteger a marineros y soldados, o fichas utilizadas para realizar llamadas en teléfonos públicos.

Museo Arqueológico Nacional, La moneda como inspiración para el arte

La moneda como inspiración para el arte.

Decíamos al inicio de nuestro recorrido por esta sala que algunas monedas se convirtieron en modelos a imitar y en inspiración de creaciones artísticas. Tal fue el caso de la medallística, surgida directamente de la inspiración en estos objetos. Habrá otras ocasiones en las que sea la propia moneda la que pase a formar parte de las obras de arte, especialmente en la pintura, en la fotografía o en el grabado, bien como elemento de su lenguaje iconográfico, o bien como medio de repercutir en el mensaje que se quisiera transmitir. Asimismo, se integraría en la literatura y en el lenguaje popular por medio de dichos y refranes.

La medalla, pues, surgiría en el Renacimiento, momento en que se juntan el interés por la Antigüedad y el culto al individuo favorecido por el Humanismo. Se copia, así, el formato circular de las monedas, las caras de perfil y las escenas que aparecían en las antiguas monedas romanas, pero exaltando al personaje y creando, de este modo, un objeto nuevo que resistiría el paso del tiempo y que sería fácilmente reproducible y transportable. Al igual que las monedas, las medallas se convertirían en un perfecto transmisor de propaganda.

A esto, hay que añadir que, del mismo modo que se atribuye a las monedas un valor y, por tanto, son un símbolo de riqueza, las imitaciones de éstas quieren, a su vez, apropiarse también de ese prestigio y ese simbolismo. Es por esto que frecuentemente han sido modelos para joyas y complementos, entre otros usos.

Museo Arqueológico Nacional, Caja registradora modelo Clase 400, fabricada por en 1913 en EEUU por la la National Cash Register Company

Caja registradora modelo Clase 400, fabricada por en 1913 en EEUU por la la National Cash Register Company.

La última sección de este módulo trata sobre el enriquecimiento de la colección del museo por medio de la adquisición de bienes culturales nuevos para su estudio, la educación y su disfrute. Así, los paneles nos cuentan cómo, cada año, desde el “Departamento de Numismática del Museo Arqueológico Nacional” se trata de mantener viva la colección a través de la “incorporación de piezas procedentes de donaciones, compras directas o subastas”, destacando la calidad artística, la antigüedad, la rareza o la singularidad histórica de algunas de las piezas incorporadas.

El objetivo es renovar el material mostrado en esta vitrina periódicamente con piezas de reciente adquisición y con microexposiciones temáticas. En el momento de realizar el reportaje fotográfico (agosto de 2016), el museo tenía expuesta la caja registradora que podemos ver en la fotografía que acompaña estas líneas. Realizada en bronce y madera, se trata de un modelo Clase 400 fabricado en el año 1913 en Estados Unidos por la National Cash Register Company.

El inventor de las cajas registradoras fue el estadounidense John Ritty, dueño de un saloon, que en 1879 creó una máquina con la que poder registrar al final del día los ingresos sin errores y, especialmente, evitar que sus empleados pudieran robarle. Es el motivo de que los primeros de esos artilugios recibieran el nombre de “cajeros incorruptibles”. Se podría decir que las máquinas registradoras son el precedente en la evolución de las calculadoras y los ordenadores. De funcionamiento complejo y con un alto precio, estas cajas registraban, calculaban, distinguían entre efectivo o crédito, identificaban al empleado que llevaba a cabo la operación y daban un recibo al cliente. Asimismo, las máquinas National se adaptaban a la moneda de cada país. Y no sólo eso, sino que por sus lujosos acabados (algunas llegarían a estar diseñadas por la prestigiosa casa de joyería Tiffany & Co.), un número determinado de ellas se convertirían en hermosos objetos, además de útiles, que no podían faltar en los más ricos establecimientos.


Museo Arqueológico Nacional, Sala 40, Fabricar, pesar, contar

Sala 40, Fabricar, pesar, contar.

Vamos llegando al final de nuestro recorrido por esta sección y por el Museo Arqueológico Nacional. La última que visitaremos será la Sala 40, donde, con el título de Fabricar, pesar, contar, comenzaremos conociendo en qué consiste el proceso de fabricación de las monedas. Es éste, tal y como explican en los paneles, un sistema “de producción en serie, controlado y legislado por el Estado en todas sus fases, desde la extracción del mineral hasta la retirada de las piezas de la circulación, pasando por la organización de las cecas o Casas de Moneda, los lugares donde se fabrican, por fundición o, más frecuentemente, por acuñación, las monedas”. Así, en esta parte de la sala, se hace mención de los avances tecnológicos que ha habido en el campo de la acuñación, además de los mineros que explotaron los materiales, los monederos especializados en cada fase de la fabricación, los artistas que diseñaron las monedas y los oficiales responsables del proceso, cuyos nombres, iniciales o marcas vienen, a veces, en las propias monedas como firma o como garantía de calidad.

La primera vitrina nos muestra cómo este proceso tiene su inicio en la mina, lugar del que se extrae el mineral, y su fin en la ceca, pasando por varios procedimientos, entre los cuales están el tratamiento y la depuración del metal extraído, la fabricación de los cospeles y cuños, y la comprobación de los pesos, requiriendo en todo momento de personal especializado y siendo la calidad de las monedas garantizada por los cargos públicos responsables de ello.

Museo Arqueológico Nacional, Romana de la Casa de la Moneda, siglo XVII. Casa de la Moneda de Segovia

Romana de la Casa de la Moneda, siglo XVII. Casa de la Moneda de Segovia.

Hasta mediados del siglo XIX, los metales que más se utilizaban era el oro, la plata y el cobre, con aleaciones, determinando su valor la cantidad y la pureza del metal que contenían. En cuanto a su fabricación en sí, desde las primeras emisiones griegas hasta el siglo XVI, las monedas se hicieron de manera manual por medio de dos técnicas: la fundición y la acuñación a martillo. Para esto último, se empleaban dos cuños que tenían grabados, en hueco, las imágenes que llevarían las futuras monedas; entre ambos, iba el cospel, donde se imprimirían los diseños a base de golpes de martillo. En cuanto a la fundición, el sistema era rápido y sencillo, si bien las monedas así creadas tenían menor calidad, por lo que eran más fáciles de falsificar; este método era el elegido para obtener piezas de bajo valor y, normalmente, de bronce, o que, debido a su gran tamaño, eran imposibles de acuñar. Fue ya en la Edad Moderna cuando se introduce la acuñación mecánica, aumentando la velocidad del trabajo y perfeccionando el producto final que, a su vez, sería más difícil de falsificar. Las máquinas más utilizadas fueron las prensas de rodillo y de volante, que usaban, en un principio, la tracción humana y/o animal, o la energía hidráulica. Será en Inglaterra, a finales del siglo XVIII, cuando empiece a darse uso a las prensas movidas por vapor, siendo ya eléctricas a lo largo del siglo XIX. En la actualidad, el progreso ha seguido su curso con la introducción de la informática.

Museo Arqueológico Nacional, Prensa de volante, modelo Austerlitz, de 1831; instalada en 1832 en la Casa de la Moneda de Madrid

Prensa de volante, modelo Austerlitz, de 1831; instalada en 1832 en la Casa de la Moneda de Madrid.

Entre los objetos expuestos en esta sección de la sala, se encuentra una romana de la Casa de la Moneda de Segovia, cuya fabricación, del siglo XVII en hierro y bronce dorado, se debe al Maestro Salinas; se cree que, por su rica ornamentación, pudo ser un elemento más decorativo que de uso. También hay una prensa de volante, modelo Austerlitz, construida en hierro, acero y bronce en 1831 por el mecánico Jean-Pierre Saulnier; al año siguiente, en 1832, sería instalada en la Casa de la Moneda de Madrid, sirviendo allí para acuñar monedas de pequeño tamaño. Como curiosidad, cabe señalar que el nombre del modelo (Austerlitz) se debe a que, en 1807, las primeras piezas serían fabricadas con los cañones que fueron capturados al ejército ruso en esa misma batalla (2 de diciembre de 1805).

Museo Arqueológico Nacional, Vitrina "Tendrás pesa exacta y justa" con distintos juegos de pesas

Vitrina "Tendrás pesa exacta y justa" con distintos juegos de pesas.

Otra de las actividades cotidianas relacionada con las monedas es el hecho de pesarlas y contarlas, algo de lo que trata la siguiente sección dentro de esta sala. Ya en la Antigüedad, la utilización del metal al peso como si fuera dinero estaba relacionada con el desarrollo de los sistemas ponderales, algo de lo que hablábamos al final de la Sala 38, y el perfeccionamiento y control de manera oficial de los métodos para realizar el peso e intentar evitar los fraudes. Asimismo, estos sistemas fueron, a su vez, los patrones según los que se acuñarían las monedas y mientras que el valor de éstas fuera en función de su contenido en metales preciosos, seguiría siendo necesario su peso como forma, así, de garantizar que fuesen válidas en los circuitos mercantiles. De hecho, la tradición que durante siglos hubo de pesar las monedas hizo que muchas de éstas heredaran el nombre de la unidad en que eran pesadas, como por ejemplo la libra en Reino Unido. Con el fin de comprobar exactamente el peso, en época bizantina se crearon las pesas dinerales, de libre fabricación, pero con la obligación de tener que ser certificadas por la autoridad oficial conforme al valor y el peso de las emisiones fijadas por la ceca. Los principales usuarios de estos dinerales serían los cambistas.

Vinculado a esto, las siguientes vitrinas nos muestran algunos juegos de pesas, balanzas y contadores, además de distinto instrumental de banqueros y cambistas, como las llamadas “cajas de cambistas”. El auge comercial de la Edad Moderna trajo consigo que las monedas de algunos países acabaran circulando de manera conjunta con las de otros debido al tránsito en ferias y mercados; esto hacía que los cambistas tuvieran que ir equipados con catálogos de equivalencias monetarias, pesas dinerales y balanzas, todo ello reunido de forma portátil en dichas cajas.

Por lo que se refiere a contar el dinero, se facilitó esta tarea a los contables con la invención de herramientas como el ábaco o la mesa de contar, conocida esta última en Francia e Italia desde finales del siglo XII, si bien su uso se generalizó a partir el siglo XVI entre banqueros, comerciantes y, especialmente, los encargados de administrar las finanzas públicas francesas y españolas. En cuanto a su funcionamiento, sobre las cuadrículas del tablero se disponían los contadores, o gitones, o jetons, en francés, unos discos metálicos parecidos a las monedas, pero más finos; su posición determinaba su valor en la operación aritmética realizada. En el siglo siguiente, cuando el cómputo manual dio paso al cálculo matemático escrito, estos contadores seguirían siendo fabricados, pero ya como objetos de prestigio, como piezas de propaganda política e incluso como fichas de juego.

Museo Arqueológico Nacional, Vitrina de "El papel moneda"

Vitrina de "El papel moneda".

Ver los objetos relacionados con los banqueros y los cambistas nos da pie para pasar a la siguiente sección, dedicada a los bancos, a los billetes y al papel moneda en España. Desde la Antigüedad, los bancos han sido entidades presentes en la vida diaria y, unidos a ellos, se hallan los billetes, con un uso que se extendería por China a partir del siglo XI y que no lo haría por Europa hasta el XVII. El origen de los bancos hay que buscarlo en los templos de época antigua, pues ofrecían tal seguridad que servían de lugares donde depositar mercancías, acumular metales preciosos e, incluso, solicitar préstamos con intereses. El desarrollo de éstos vendría dado conforme empezaran a expandirse el comercio a gran escala y las transacciones a distancia. Con ellos, surgirá el papel moneda, una de las formas más habituales de dinero hoy.

Se trata de documentos que entregaban los banqueros, dando fe del dinero que se había depositado o se había prestado. Una de las principales ventajas era que, cuando las cantidades de dinero eran grandes, era más sencillo almacenar y transportar papel moneda que monedas en metálico. De este modo, el billete es un tipo específico de papel moneda, por lo que, tal y como se recoge en los paneles explicativos, “debe ser emitido por un banco o por una autoridad pública, ser pagadero al portador en moneda metálica, sin limitación de tiempo ni condición, y estar respaldado por su equivalente en metales preciosos, divisas internacionales o títulos públicos”. Sería Suecia, en 1661, el primer país europeo que emitiría billetes, mientras que en España, los primeros lo serían en 1783 por el Banco Nacional de San Carlos (antecedente del actual Banco de España).

Por lo que respecta a la fabricación de los billetes, empieza con la aprobación de su emisión y la aceptación de los diseños presentados. Con ellos, se grabarán las planchas originales, bien de metal, o bien de piedra, en función del método de impresión que se vaya a llevar a cabo: litografía, tipografía o calcografía. Tras esto, hay que realizar unas pruebas de estampación, momento en que se elegirán las tintas y los papeles adecuados. Asimismo, se deben añadir las medidas de seguridad necesarias que impidan la falsificación de estos billetes.

Como muestra de todo esto, las vitrinas nos enseñan varios ejemplos de billetes de los que atesora el MAN.

Museo Arqueológico Nacional, Vitrina de "Fuentes de información" para el estudio de la moneda

Vitrina de "Fuentes de información" para el estudio de la moneda.

El último apartado de esta sala, y con el que terminaremos nuestro recorrido por el Museo Arqueológico Nacional, será el dedicado a la numismática. A lo largo de varios carteles, conoceremos que se trata de la ciencia encargada del estudio de las monedas y el dinero de cualquier época y en todos sus aspectos. Y es que las monedas tienen una gran y valiosa información que aportarnos, pero para poder conocerla debemos antes saber cómo estudiarlas; así, por ejemplo, sus imágenes y sus inscripciones nos dan datos sobre quién la ordenó, dónde y cuándo fue fabricada, además de indicarnos detalles acerca del entorno histórico. A través del estudio, habrá que tratar de averiguar por qué se hicieron determinadas monedas, para qué fueron utilizadas, por qué sitios circuló o incluso cómo la veían sus usuarios, todo ello gracias a la información extraída del contexto arqueológico, de la propia moneda y de la documentación de archivo y bibliografía especializada.

La numismática tiene su origen en el Renacimiento, a la par que el interés por el pasado griego y romano, siendo una de las bases del Humanismo y, en la actualidad, una de las fuentes más importantes a la hora de interpretar y datar otras culturas y períodos históricos. Sus métodos de investigación quedaron fijados en el siglo XVI, siendo un elemento principal en el desarrollo de otras ciencias históricas, sobre todo en lo que al nacimiento de la Arqueología se refiere.

Creemos recomendable recordar aquí, tal y como hace el propio museo, que la búsqueda de monedas y su sustracción del lugar donde se haya encontrado son actividades ilegales y que, además, “una moneda separada de su contexto arqueológico pierde una parte esencial de su información histórica”.

Museo Arqueológico Nacional, Monetario del infante don Gabriel de Borbón, siglo XVIII

Monetario del infante don Gabriel de Borbón, siglo XVIII.

Varios son los objetos que podremos contemplar en estas últimas vitrinas de la exposición, entre ellos, la medalla (bronce) del IV Centenario de Góngora y los troqueles (acero) que sirvieron para acuñarla, todo ello de 1961, una caja de cambista con todos sus elementos de finales del siglo XVIII, varias de las primeras obras científicas dedicadas a la numismática, numerosas monedas con las que se nos enseñan los datos que se pueden extraer de ellas o el llamado “Tesoro de Huesca”, compuesto por 496 monedas de oro almohades encontradas en una zona de necrópolis extramuros de la ciudad.

Igualmente, podemos destacar el monetario del Infante don Gabriel de Borbón, hecho a finales del siglo XVIII de madera, nácar, plata y hierro. A partir del siglo XVI, las grandes colecciones de monedas fueron algo más que su simple acumulación, convirtiéndose, como ya hemos indicado, en una herramienta más dentro de las tareas de investigación histórica. Para esto, se hizo necesario crear recursos nuevos: realizar inventarios y catálogos que plantearan las bases científicas sobre las que hacer posteriormente hipótesis, y construir los monetarios, que guardarían las monedas siguiendo una colocación lógica y temática.


* * *

Lourdes Morales Farfán es Licenciada en Periodismo por la Universidad Rey Juan Carlos. ↑


AGRADECIMIENTOS

Desde "una Ventana desde Madrid", queremos agradecer a la dirección del museo y a su departamento de comunicación las facilidades dadas para la realización de este reportaje, así como la ayuda y la atención prestadas por el personal del museo.

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BIBLIOGRAFIA Y ENLACES EXTERNOS:
- "Museo Arqueológico Nacional. Guía"; Ministerio de Educación, Cultura y Deporte; Edita: Secretaría General Técnica, Subdirección General de Documentación y Publicaciones; NIPO: 030-16-385-6; ISBN: 978-84-8181-645-7; Depósito Legal: M-13388-2016.
- Ramón Guerra de la Vega: Guía de Madrid, Siglo XIX, Tomo I; Edita: Ramón Guerra de la Vega; Imprime: Monterreina, S.A.; ISBN: 84-88271-06-91, Depósito legal: M. 25493-1993.
- Web oficial del Museo Arqueológico Nacional
- Museo Arqueológico Nacional - virtual
- Boletín del Museo Arqueológico Nacional, nº 32/2014; Ministerio de Educación, Cultura y Deporte; Edita: Secretaría General Técnica, Subdirección General de Documentación y Publicaciones; NIPO: 030-15-185-5; ISBN: 2341-3409.
- "Museo Arqueológico Nacional. Un museo totalmente renovado", dossier de prensa; Ministerio de Educación, Cultura y Deportes, marzo 2014.
- DRAE

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