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una Ventana desde Madrid

Museos de Madrid

Museo de Historia de Madrid (y II)


Museo de Historia de Madrid, "Fachada del Hospicio", lienzo realizado alrededor de 1900 por José Franco y Cordero

"Fachada del Hospicio", lienzo realizado alrededor de 1900 por José Franco y Cordero.

Continuamos nuestro recorrido por el Museo de Historia de Madrid que ya iniciáramos en la primera publicación. En aquella, conocimos la historia del museo y del propio edificio, desde sus orígenes como Real Hospicio del Ave María y Santo Rey don Fernando hasta la actualidad, y vimos la Planta -1: Cartografía y Maqueta y la Planta 0: Madrid 1561-1700. Villa, Corte y capital de dos mundos, además de la Capilla del antiguo hospicio y la llamada Fuente de la Fama. En este segundo reportaje, comenzaremos con la Planta 1: Madrid 1700-1814. Centro ilustrado del poder y terminaremos con la Planta 2: Madrid 1814-1910. El sueño de una ciudad nueva.

No nos retrasemos más y empecemos.


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Museo de Historia de Madrid, Retrato de “Felipe V”, obra de 1701 de Hyacinthe Rigaud

Retrato de “Felipe V”, obra de 1701 de Hyacinthe Rigaud.

El siglo XVIII comienza con un cambio de dinastía justo en 1700, año en que llega a España Felipe V de Borbón, duque de Anjou, segundo hijo del Delfín de Francia y de María Ana de Baviera, y nieto, así, del rey Luis XIV. La Planta 1, bajo el título de Madrid 1700-1814. Centro ilustrado del poder, nos va a mostrar esa transformación de la ciudad tras la llegada de los Borbones. Un cuadro del joven monarca cuelga de una de estas paredes, obra de 1701 de Hyacinthe Rigaud; también su llegada a la ciudad está aquí representada en el grabado “Aclamación de Felipe V en Madrid”, del año 1700 y realizado por Filippo Pallotta.

La sociedad continuó siendo primordialmente conservadora y tradicional, pero es cierto que los siguientes reyes comenzarían a llevar a cabo en su reino, en general, y en Madrid, en particular, una serie de medidas centralizadoras que darían una cierta homogeneidad a la política y a la administración, convirtiendo la villa en un escenario palaciego y cortesano1 más acorde a los nuevos tiempos.

Asimismo, se desarrollaría toda una serie de operaciones urbanísticas y ornamentales para embellecer Madrid, superponiéndose al viejo trazado preexistente. Además, a la par, y sobre todo durante la segunda mitad de siglo, surgirá una élite ilustrada que vendrá cargada de nuevas ideas en los campos de la economía, las artes o las ciencias, entre otros.

Todo ello podremos verlo a través del recorrido de esta planta, que terminará con lo acaecido durante la Guerra de la Independencia Española (1818-1814).


Museo de Historia de Madrid, Sección “Escenario del poder centralizado”

Sección “Escenario del poder centralizado”.

La primera sección ha sido llamada “Escenario del poder centralizado”. Y es que Madrid, convertido en lugar donde se concentró el poder monárquico y, por tanto, político y económico, acabó siendo una extensión de la Corte, donde los rituales ceremoniales y de propaganda de los cortesanos marcarían el orden oficial en que transcurriría todo.

Esto quedará reflejado en la configuración de una nueva morfología urbana en el centro de la capital, como pasaría en las calles de Atocha, Alcalá y la Carrera de San Jerónimo, y, posteriormente, en el Paseo del Prado.


Museo de Historia de Madrid, Retrato de Francisco Antonio Salcedo y Aguirre, primer Marqués de Vadillo y corregidor de Madrid, obra de Miguel Jacinto Meléndez de alrededor de 1729

Retrato de Francisco Antonio Salcedo y Aguirre, primer Marqués de Vadillo y corregidor de Madrid, obra de Miguel Jacinto Meléndez de alrededor de 1729.

Uno de los artífices de todos estos cambios sería Francisco Antonio Salcedo y Aguirre, primer Marqués de Vadillo y corregidor2 de Madrid, cuya imagen aparece en uno de los retratos de esta sala, un lienzo de alrededor de 1729 de Miguel Jacinto Meléndez. Ocupando este cargo, y con el apoyo de Felipe V y del entonces arquitecto municipal Pedro de Ribera, el marqués se encargaría de llevar a cabo en la ciudad una serie de proyectos tanto urbanísticos como ornamentales, como por ejemplo el Puente de Toledo, la Puerta de San Vicente, el Cuartel del Conde Duque y el lugar en el que ahora nos encontramos, el Hospicio de San Fernando, actual Museo de Historia de Madrid, así como la Fuente de la Fama, ya vista.


Museo de Historia de Madrid, “La Puerta de Alcalá y la Fuente de la Cibeles”, óleo de 1785 de Ginés Andrés de Aguirre

“La Puerta de Alcalá y la Fuente de la Cibeles”, óleo de 1785 de Ginés Andrés de Aguirre.

Y es que, según se sabe por testimonios de la época, el Madrid de principios del siglo XVIII tenía un trazado completamente anárquico, calles estrechas, mal alineadas, sucias, faltas de higiene y sin apenas iluminación y, por tanto, peligrosas. Algunos palacios y edificios de carácter representativo se habían convertido en grandes caserones. Sin embargo, a pesar de que se aprobó una serie de ordenanzas y de que se construyeron grandes edificios públicos con fachadas llamativas, nunca se llevó a cabo un verdadero planteamiento urbanístico, sino que se sucedieron varias medidas aisladas, mientras que los inmuebles levantados acabaron teniendo un carácter un tanto efímero.

Parte de las obras que veremos en esta sala nos muestra ese Madrid barroco3, de ornato y pomposidad. Una de ellas, “La Puerta de Alcalá y la Fuente de la Cibeles”, óleo de 1785 de Ginés Andrés de Aguirre, nos enseña ambos monumentos en un ambiente y paisaje idílicos para los cortesanos y gente adinerada que vemos en él representados. También son interesantes algunas de las láminas expuestas en una de las vitrinas, como el “Proyecto para una plaza de toros en Madrid. Sección y alzado” (1749-1753), de Giovanni Battista Sacchetti, “Puerta de Segovia. Planta y alzado” (1703), de Teodoro Ardemans, de quien igualmente se muestra el “Patio del Ayuntamiento de Madrid. Planta y alzado” (1691), o el “Proyecto para el Palacio Real”, de 1752, también de Sacchetti.


Museo de Historia de Madrid, “Modelo del retrato ecuestre de Carlos III de Arturo Mélida”, realizado en escayola barnizada por Enrique García alrededor del año 1910

“Modelo del retrato ecuestre de Carlos III de Arturo Mélida”, realizado en escayola barnizada por Enrique García alrededor del año 1910.

En 1759, Carlos III llega al trono, al suceder a Fernando VI, su hermano, fallecido sin dejar descendencia. A Felipe V lo sucederían, primero, Luis I –por un breve período de tiempo, pues tras su muerte volvería al trono su padre– , y después, Fernando VI, ambos sin descendientes, por lo que sería su medio hermano, Carlos III, quien se proclamaría rey.

En la sala, un cuadro de autoría anónima y datado de mediados del siglo XVIII nos muestra a “Bárbara de Braganza, reina de España”; hija de los reyes de Portugal Juan V y María Ana, se casó en 1729 con quien más adelante sería Fernando VI, siendo la fundadora del Monasterio de las Salesas Reales.

También Carlos III aparece en esta sala. Por un lado, en un “Modelo del retrato ecuestre de Carlos III de Arturo Mélida” hecho en escayola barnizada hacia 1910 por Enrique García, y por otro lado, en un lienzo atribuido a Lorenzo de Quirós, fechado alrededor de 1760 y titulado “Ornato de la calle de las Platerías (calle Mayor)”. Se trata de uno de los cinco óleos que forman la serie que representa la entrada solemne y oficial de Carlos III en Madrid el 13 de julio de 1760. Este evento hizo que por toda la ciudad se desarrollara un amplio “catálogo de imágenes simbólicas y recursos de representación, a cargo de Ventura Rodríguez, en lo referente a las arquitecturas, y de Pedro Rodríguez de Campomanes, en lo que hace a las inscripciones”. Todo Madrid se convirtió en un símbolo del poder real, con calles ornamentadas incluso con arcos de triunfo.


Museo de Historia de Madrid, “Puerta de Recoletos”, de Juan de Villanueva, alrededor de 1756

“Puerta de Recoletos”, de Juan de Villanueva, alrededor de 1756.

Carlos III acabaría por ser considerado como “el mejor alcalde de Madrid” y no es en vano, pues sería bajo su reinado cuando se ejecutaría una intensísima remodelación urbana de la ciudad de la mano, principalmente, de los arquitectos Juan de Villanueva, Ventura Rodríguez, José de Hermosilla y Francisco Sabatini. Así, se crearían y ampliarían avenidas y paseos, además de construirse un buen número de obras públicas y de ornamentación, además de levantarse una serie de grandes edificios que albergarían las más importantes instituciones de las artes, la ciencia y el conocimiento, como el Gabinete de Historia Natural, el Real Jardín Botánico, el Real Observatorio Astronómico, el Hospital General de San Carlos (hoy Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía) o el Colegio de San Carlos, entre otros. Todas estas construcciones, tal y como bien se indica en el cartel expositivo, “convirtieron el actual Paseo del Prado en espacio científico, lugar de paseo o salón y, sobre todo, en un nuevo y grandioso eje ceremonial, símbolo y reflejo de la monarquía ilustrada”.

De todos estos nuevos trabajos y construcciones podemos ver una muestra en la exposición. Tal es el caso, entre otros, de las láminas en las que se representan las fuentes de Cibeles, de Neptuno y de Apolo, de Ventura Rodríguez y todas ellas de 1777; también de él, pero de hacia 1797, es una imagen del Observatorio Astronómico; otra sobre la Puerta de Recoletos, de Villanueva y de alrededor de 1756; el alzado de la fachada para el proyecto de la Real Casa de la Aduana, hecho hacia 1769 por Sabatini; una vista del Palacio de los Consejos, obra de 1815 de Manuel Alegre; o un cuadro en el que aparece la Puerta de San Vicente, de 1785 y realizado por Ginés Andrés de Aguirre.


Museo de Historia de Madrid, Sección “El paseo y los rituales del ocio”

Sección “El paseo y los rituales del ocio”.

En esta segunda sección, titulada “El paseo y los rituales del ocio”, veremos cómo las costumbres y actividades de ocio madrileñas poco cambiaron durante los siglos XVII y XVIII: mientras que las mañanas eran dedicadas de manera habitual a la asistencia a los oficios religiosos, el resto del día era dedicado a participar en tertulias o ir al teatro o a los toros, como muestran algunas de las láminas, “Corrida de toros en Madrid” (1750) y “Vista de una corrida de toros en Madrid” (1791), anónima y de Antonio Carnicero, respectivamente, o la “Maqueta de la desaparecida plaza de toros de la Puerta de Alcalá”, hecha en madera por Juan de la Mata Aguilera en 1846.


Museo de Historia de Madrid, “El paseo de las Delicias”, de 1785, obra de Ramón Bayeu y Subías

“El paseo de las Delicias”, de 1785, obra de Ramón Bayeu y Subías.

Otra de las actividades preferidas de los madrileños de la época fue la de pasear por algunos de los paseos y avenidas que acondicionó Carlos III, como por ejemplo el Salón del Prado, hoy Paseo del Prado, realizado en la zona del arroyo que transcurría entre la ciudad y el Real Sitio del Buen Retiro, y decorado con puertas monumentales y llamativas fuentes ornamentales, lo que lo llevó a convertirse en el centro de la vida social.

Como muestra ilustrativa de estos lugares de paseo, tenemos varias obras en esta sala que bien merece la pena que nos detengamos unos instantes a observar para admirar los detalles, como por ejemplo la “Vista del Paseo del Prado desde la Cibeles”, de Isidro Velázquez hacia el año 1788; la “Vista panorámica de Madrid desde el Buen Retiro”, de Domingo de Aguirre y fechado hacia 1780; los lienzos “El jardín del Retiro hacia las tapias del caballo de bronce” (1779) y “Un paseo junto al estanque grande del Retiro” (1780), ambos de José del Castillo; o el cuadro “El paseo de las Delicias”, de 1785 y cuyo autor es Ramón Bayeu y Subías, quien, sobre un boceto de su hermano Francisco, hizo el cartón para el tapiz que iba a estar en el cuarto de los Príncipes de Asturias en el Palacio de El Pardo y que hoy se conserva en el Monasterio de El Escorial.


Museo de Historia de Madrid, Grabados anónimos de alrededor de 1795 en los que se representan distintas situaciones protagonizadas por majos

Grabados anónimos de alrededor de 1795 en los que se representan distintas situaciones protagonizadas por majos.

En estos paseos, como nos explican en el museo, “la aristocracia asumía el “majismo” de modo absolutamente teatral”, mezclándose con aquellos “majos” que no eran sino los habitantes de Madrid que durante los siglos XVIII y XIX pertenecían a las clases populares y vivían en los barrios bajos de la ciudad, llegando a tener incluso su vestimenta particular: los hombres, chaquetilla corta, chaleco, camisa, calzón, faja de colores en la cintura, pañuelo en el cuello y redecilla recogiendo el pelo; las mujeres, cofia4 en el pelo, jubón5 en el torso, falda hasta los tobillos y delantal. Todo lo contrario, pues, al llamado petimetre6, que seguía cuidadosamente la moda francesa.

En la sala, tenemos varios ejemplos que ilustran esto de que hablamos a modo de láminas, como las de “¿Vámonos al Prado? Petimetre con frac y sombrero bordado” y “Me espera mi amiga”, de 1801 y obras de Antonio Rodríguez, o las de “Baile de majos”, “Riña de majos”, “La merienda” y “La gallina ciega”, anónimas de alrededor de 1795. Una colección de abanicos del siglo XVIII se expone en la vitrina dedicada a esta sección.


Museo de Historia de Madrid, “El jardín del Retiro hacia las tapias del caballo de bronce”, de 1779, obra de José del Castillo

“El jardín del Retiro hacia las tapias del caballo de bronce”, de 1779, obra de José del Castillo.

De entre estos nuevos paseos, merecen mención aparte el Paseo del Prado y los Jardines del Buen Retiro, ambos candidatos a ser Patrimonio Mundial de la UNESCO en la categoría de Paisaje Cultural y sobre lo cual se puede encontrar más información en la web oficial de la candidatura.

Según se nos cuenta en el propio museo, existen noticias del Paseo del Prado desde 1540, pudiendo por lo tanto considerarse el primer paseo arbolado de las capitales de Europa. Durante el siglo siguiente, el lugar sería escogido por Felipe IV para levantar en él el Palacio y los Jardines del Buen Retiro, convirtiéndose en el centro “del Siglo de Oro de la cultura española y escenario de las más notorias expresiones artísticas y literarias”, tal y como indica el cartel explicativo.

Más adelante, a finales del siglo XVIII, Carlos III impulsaría la creación de un área de investigación y ciencia por medio de la construcción de un grupo de edificios e instalaciones de carácter totalmente científico, algunos de ellos ya mencionados en este reportaje, como serían el Gabinete de Historia Natural, la Academia de Ciencias y el Laboratorio Químico, el Real Jardín Botánico y el Observatorio Astronómico.

Durante el siglo XIX, se levantarían varios grandiosos edificios, cuyo fin sería el de albergar la sede de importantes instituciones de todos los ámbitos: culturales, políticos, sociales, científicos, económicos, etc., como por ejemplo el del Congreso de los Diputados o el de la Real Academia de la Lengua Española, entre otros. En la actualidad, el Paseo del Prado se ha convertido en una vía en la que encontrar algunos de los principales museos nacionales (Museo del Prado, Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Museo Naval, Museo Thyssen-Bornemisza, Caixa Forum...), además de otras instituciones culturales relevantes, quedando configurado como el Paseo del Arte de Madrid. Asimismo, este eje Prado-Retiro está totalmente protegido gracias a su declaración como Bien de Interés Cultural y al Plan General de Ordenación Urbana de Madrid.

Relacionados con estos dos lugares de la ciudad, El Retiro y el Paseo del Prado, se pueden contemplar en esta sección, además de otras interesantes obras, dos magníficos lienzos como son “Un paseo junto al estanque grande del Retiro”, de 1780, y “El jardín del Retiro hacia las tapias del caballo de bronce”, de 1779, ambas de José del Castillo, como ya indicamos anteriormente.


Museo de Historia de Madrid, Distintas láminas relacionadas con el mundo del teatro y la danza. De izquierda a derecha: Retratos de los actores María Ladvenant “la Divina”, María Antonia Fernández “la Caramba” y José Espejo, todos ellos de Juan de la Cruz Cano y Olmedilla y realizados en 1788; retratos de Leandro Fernández de Moratín, de José María Galván y Candela (alrededor 1885), y Tomás de Iriarte, de Juan Antonio Salvador Carmona (año 1792); y representación de un “Baile de máscaras en el Coliseo del Príncipe”, del mismo Salvador Carmona, hecho entre 1771 y 1802

Distintas láminas relacionadas con el mundo del teatro y la danza. De izquierda a derecha: Retratos de los actores María Ladvenant “la Divina”, María Antonia Fernández “la Caramba” y José Espejo, todos ellos de Juan de la Cruz Cano y Olmedilla y realizados en 1788; retratos de Leandro Fernández de Moratín, de José María Galván y Candela (alrededor 1885), y Tomás de Iriarte, de Juan Antonio Salvador Carmona (año 1792); y representación de un “Baile de máscaras en el Coliseo del Príncipe”, del mismo Salvador Carmona, hecho entre 1771 y 1802.

Como decíamos antes, entre las diferentes formas de ocio de Madrid estaba la danza y el teatro, y aunque es cierto que algunas obras fueron restringidas, cuando no prohibidas, siguió siendo habitual el triunfo de las comedias con acompañamiento musical. De manera paralela, se fue desarrollando un teatro de corte costumbrista7, con gran aceptación sobre todo de los sainetes8, especialmente los de Ramón de la Cruz.

Este teatro musical conllevó que se pusiera de moda la ópera italiana, con compañías y artistas como Farinelli, que llenaban los coliseos9. De otro lado, y como reacción a lo extranjero, surgió la tonadilla escénica, la cual, a modo de intermedios teatrales protagonizados por majos y majas, se desarrolló rápidamente y con un gran éxito; entre las tonadilleras más famosas, destacaron María Ladvenant “la Divina” y María Antonia Fernández, conocida como “la Caramba”, que acabarían influyendo en las costumbres, la moda y hasta el lenguaje, siendo adoptados incluso por los aristócratas. De ambas artistas, además de del actor José Espejo, el museo conserva sendas imágenes realizadas por Juan de la Cruz Cano y Olmedilla en 1788.

El espacio escénico en el que se representaban las obras también sufrió cambios: los corrales de comedias se demolerían para dar paso a los ya mencionados coliseos a la italiana. Por otra parte, además de con el teatro de la Corte, situado en El Retiro, Madrid contaba con tres teatros públicos: el de los Caños del Peral, que acogía la ópera italiana y los denominados nacionales, el del Príncipe (hoy Teatro Español) y el de la Cruz.

En esta sección del museo, tenemos una obra de Juan Antonio Salvador Carmona, elaborada entre 1771 y 1802 aproximadamente y que nos enseña un “Baile de máscaras en el Coliseo del Príncipe”; también de él es el retrato de Tomás de Iriarte, de 1792, mientras que el de Leandro Fernández de Moratín, de alrededor de 1885, es obra de José María Galván y Candela.


Museo de Historia de Madrid, Vitrina con diferentes piezas de porcelana, como jarrones, figuras, piezas de vajillas, etc., dentro de la primera parte de la sección “Manufacturas reales e industrias para la Corte”

Vitrina con diferentes piezas de porcelana, como jarrones, figuras, piezas de vajillas, etc., dentro de la primera parte de la sección “Manufacturas reales e industrias para la Corte”.

Durante el siglo XVIII, tuvo un gran auge la creación de reales fábricas, motivado principalmente por dos causas: por un lado, esto respondía a una estrategia comercial para sustituir las importaciones por producto nacional; y por otro lado, se conseguía cumplir los deseos de la monarquía española y de la nobleza de decorar sus palacios con objetos de uso y ornamentales lo más lujosos posible, lo que dotaba las residencias, además, de un carácter representativo. Estas industrias son las que denominaría Campomanes como “fábricas finas”, que acabarían siendo instaladas en Madrid o en sus alrededores y que veremos en esta sección bajo el título de “Manufacturas reales e industrias para la Corte”.

La puesta en marcha de estas industrias fue posible gracias a la combinación de diversos factores, como los avances técnicos y científicos, el mecenazgo10 real o las innovaciones que hubo en su gestión administrativa y económica. El objetivo: obtener una producción con una alta y exclusiva calidad. Entre los productos manufacturados, habría objetos de cristal, porcelana y/o plata, tapices, relojes, abanicos, etc. Todos ellos los iremos viendo en las siguientes vitrinas de esta sección.

Así, aquí tendremos una serie de vitrinas expositoras dedicadas a varios tipos de reales fábricas que iremos desgranando uno a uno a lo largo de estas líneas, aunque sin entrar en contar la toda la historia de cada una de ellas, pues habría tanto por decir que cada una de estas fábricas bien merecería un reportaje para ella sola.


Museo de Historia de Madrid, El estanque del Buen Retiro y la Fábrica de "la China", obra anónima de alrededor de 1816

El estanque del Buen Retiro y la Fábrica de "la China", obra anónima de alrededor de 1816.

En un primer espacio de esta sección, conoceremos qué fue la Real Fábrica de Porcelana del Buen Retiro. Para conocer su origen, tenemos que remontarnos al año 1743, momento en que Carlos III, rey de Nápoles entonces, funda una fábrica de porcelana en su residencia de Capodimonte, atraído por unos ricos regalos de porcelana de la ciudad alemana de Meissen que le habían sido dados a él y a su recién esposa María Amalia de Sajonia. En la fábrica, se elaboraría la conocida como “pasta tierna”, una pasta vítrea11 de tonalidad cremosa que se utilizaba en la creación de figuras y objetos pequeños, si bien no era la más apropiada para piezas de vajillas que debieran aguantar temperaturas altas, por lo que éstas serían escasas en los comienzos. Así, los productos más frecuentes y más bellos serían cajitas de rapé12, jarrones, bomboneras, figuras y grupos de estilo barroco; más adelante, se realizarían rocallas13 de ricos colores, ornamentadas con flores chinescas y de reminiscencias sajonas, que posteriormente serían sucedidas por creaciones de escenas cortesanas o de campesinos. La marca sería una flor de lis azul o negra bajo barniz.


Museo de Historia de Madrid, Vitrina con varias figuras realizadas en la Fábrica de Porcelana del Buen Retiro

Vitrina con varias figuras realizadas en la Fábrica de Porcelana del Buen Retiro.

Cuando en 1759 Carlos III hereda la Corona de España y se traslada a Madrid, se traerá con él toda su fábrica, con los moldes, las pastas, las herramientas..., incluso el personal de artistas y obreros; todo ello quedaría instalado en los Jardines del Buen Retiro, concretamente, en el lugar donde hoy se eleva la Fuente del Ángel Caído. De esta manera, al año siguiente, en 1760, la fábrica comenzaba a funcionar bajo la dirección del escultor italiano José Gricci y con el alemán Carlos Schepper como químico. Desde entonces y hasta 1770, se elaborarían trabajos tan magníficos como las salas de los palacios de Aranjuez, en estilo chinesco, o la de Madrid, más neoclasicista14, así como una serie de jarrones, figuras, etc.


Museo de Historia de Madrid, "La Piedad", obra de José Gricci hecha en 1765 en pasta tierna

"La Piedad", obra de José Gricci hecha en 1765 en pasta tierna.

En 1770, la dirección sería tomada por los hijos del anterior, Carlos y Felipe Gricci, quienes se harían cargo de ella hasta 1783, período durante el cual las piezas más exquisitas serían los jarrones de grandes dimensiones y los grupos escultóricos, siguiendo éstos una serie de distintos temas, como por ejemplo las estaciones o los grupos mitológicos, entre otros; la característica principal de estas obras, hechas con moldes en su mayoría obra de José Gricci de entre los años 1760 y 1775, y enmarcadas como estaban dentro del estilo barroco, sería la sensación de movimiento de las figuras y el colorido brillante.

Los ensayos con nuevas pastas para hallar la auténtica porcelana fueron constantes y, con este fin, Carlos IV enviaría en 1802 a un operario, Bartolomé Sureda, a Sèvres (Francia) para que estudiase sus métodos; a su vuelta, en 1804, se le encargaría la dirección de la fábrica, dando comienzo una nueva etapa que, por desgracia, terminaría en 1812 por culpa de la invasión de las tropas francesas de Napoleón. En esos años, Sureda había reorganizado y modernizado la fábrica, consiguiendo una porcelana de muy buena calidad y, además, abaratando los productos, pues estaban realizados con materiales del país, lo que reducía su coste por no tener que importarlos. Según la época, el estilo estaría inspirado en el neoclasicismo de Sèvres: los jarrones tendrían forma de urna, las figuras seguirían unas líneas más sobrias y, a su vez, estarían colocadas en altos pedestales con placas decoradas y dibujos dorados, y se harían más cantidades de vajillas al permitirlo la nueva pasta.


Museo de Historia de Madrid, Templete oratorio

Templete oratorio.

Acabada la Guerra de la Independencia (1808-1814), la fábrica termina completamente destruida, por lo que Sureda consigue obtener unos terrenos en Moncloa donde instalar una nueva. En esta época, la marca sería una “M” coronada. Las piezas, en estilo imperio16, eran de gran calidad; sin embargo, en esta ocasión, sería una mala administración la que haría que esta fábrica fuese decayendo hasta el punto de que alrededor de 1823 se dejaría de producir porcelana para centrarse en exclusiva a la loza fina para su venta al público. En 1850, la que fuera Real Fábrica de Porcelana del Buen Retiro cerraría para siempre.

Además de numerosas figuras, jarrones, piezas de vajillas, etc. realizadas a lo largo de las distintas etapas que vivió la fábrica y que veremos en esta primera parte de la sección, también nos detendremos en algunas obras de especial relevancia, como por ejemplo un bello “Templete oratorio”, ejecutado en porcelana, madera, bronce y piedras duras17; una preciosa imagen de “La Piedad”, obra de José Gricci de 1765 realizada en pasta tierna; así como algunos cuadros relacionados con el entorno en el que estaba instalada la fábrica, como el que se representa en “El estanque del Buen Retiro y la Fábrica de 'la China'”, obra anónima de alrededor de 1816, o en el de “Baile junto al puente en el canal del Manzanares”, lienzo de Ramón Bayeu y Subías pintado en 1784.


Museo de Historia de Madrid, Vitrina con piezas realizadas en vidrio

Vitrina con piezas realizadas en vidrio.

A continuación, atravesaremos al otro lado de la sala para seguir con la visita de esta sección. La primera de estas vitrinas será la que pertenece a la Real Fábrica de Cristales de la Granja. Durante el siglo XVIII, hubo un aumento más que importante en la demanda de productos derivados del vidrio en Europa, en general, y en España, en particular. Tal y como explican en el museo, “Ventura Sit fue pionero en la instalación de un horno privado en el Real Sitio de San Ildefonso, reconocido como Manufactura Real en 1736”, manteniéndose así hasta que Fernando VII la deje nuevamente en manos privadas en el año 1829.

Su producción era de distinta índole, incluyendo objetos de uso diario, ricos servicios de mesa, lámparas, candelabros, lunas y cornucopias18 para espejos, y demás elementos que se utilizaban para decorar el interior de los palacios reales y los de los nobles, así como para regalos oficiales. Una pequeña muestra de este tipo de piezas podremos contemplarla en la vitrina expositora.


Museo de Historia de Madrid, Reloj realizado en bronce y madera en el año 1788 en la Real Escuela de Relojería de Madrid

Reloj realizado en bronce y madera en el año 1788 en la Real Escuela de Relojería de Madrid.

En la parte trasera del expositor anterior, tenemos el espacio dedicado a la Real Escuela y Fábrica de Relojes. La Casa Real llegó a contar con un alto número de relojeros extranjeros, debido a la falta de tradición que había en España en el arte de la relojería. Si bien hubo varios intentos de crear talleres-escuelas dedicados a este tema, éstos no prosperaron, aunque sí que conllevaron la fundación de la Real Escuela de Relojería en el año 1771 bajo el auspicio de Carlos III y encomendada a la Junta de Comercio.

Su ubicación se fijó en la Calle Barquillo y estaría dirigida por los hermanos franceses Charost, que se habían establecido en Madrid. Formadora de varias generaciones de relojeros, entre los más destacados discípulos se hallaron Manuel de Frías y José López Cruz.

Unos años después, en 1788, el mismo rey aprueba que se cree la Real Fábrica de Relojería, que dirigiría el presbítero19 Vicente Sion, quien trabajaría con los maestros principales Manuel de Rivas y el suizo Abraham Matthey. Desde su fundación, se halló instalada en la Calle Fuencarral, sin embargo, acabaría cerrando tan sólo cinco años después de su apertura.

En el expositor, dos ejemplos de los relojes nos ilustran sobre esto: por un lado, uno de ellos fue realizado en bronce y madera en 1788 en la Real Escuela, mientras que el otro, un reloj despertador de sobremesa, es una obra de 1799 de Salvador López, hecho igualmente en bronce y madera.


Museo de Historia de Madrid, Vitrina con piezas de plata realizadas en la Real Fábrica de Platería Martínez

Vitrina con piezas de plata realizadas en la Real Fábrica de Platería Martínez.

Avanzamos y la siguiente será la Real Fábrica de Platería Martínez. En el año 1778, el platero Antonio Martínez Barrio (Huesca, 1750 – Madrid, 1798) crea en Madrid una escuela-taller de platería bajo el nombre de Escuela de Platería y Máquinas con la maquinaria y los modelos que unos años antes, en 1775, había comprado en París y Londres, lugares a los que había viajado con el patrocinio de Carlos III para continuar sus estudios. Su ubicación definitiva, después de haber estado instalada en distintos lugares, fue un edificio de estilo neoclásico que se hallaba en el Paseo del Prado, justo enfrente del Real Jardín Botánico, en parte de lo que hoy es la Plaza de la Platería de Martínez y muy cerca de las calles de Moratín y de las Huertas. La creación de esta fábrica supondría el comienzo de la producción de objetos de plata de manera industrial, abandonándose de este modo la producción artesanal.

Los objetos realizados en la fábrica incluirían, siguiendo el gusto neoclásico de la época, piezas de muy variada índole y de gran calidad, como escribanías20, candeleros21, salvillas22 o mancerinas23, entre otros, varios de los cuales podemos ver expuestos en la vitrina dedicada a ellos. Será precisamente esta moda y esta producción la que influya en los demás plateros de Madrid, destacando entre ellos algunos como Ignacio Griñón o Juan Sellán, ambos con formación dentro de la propia Escuela, institución que adquiriría el título de Real Fábrica bajo el reinado de Fernando VII.


Museo de Historia de Madrid, Fachada de la Real Fábrica de Platería Martínez, obra de Casto Fernández Shaw de 1920

Fachada de la Real Fábrica de Platería Martínez, obra de Casto Fernández Shaw de 1920.

Veinte años después de su apertura, en 1798, fallece Martínez, aunque no por ello terminaría la actividad de la fábrica. Los modelos creados por su fundador serían repetidos hasta que vuelve Celestino Espinosa, antaño aprendiz del propio taller, momento a partir del cual la institución comienza un período de mayor dinamismo en lo que se refiere a decoración y diseños. Las piezas creadas entonces destacarían por tener unos acabados perfectos, con superficies cuidadamente pulimentadas y lisas, así como por el uso de pequeños elementos ornamentales de carácter figurativo, como delfines o cupidos25.

La producción cesaría en 1869, siendo demolido el edificio medio siglo después, en 1920. En la actualidad, unas placas en el suelo nos recuerdan el lugar donde se hallaban las columnas que formaban parte de su fachada, la cual la podemos ver en la lámina expuesta y que acompaña estas líneas, obra de Casto Fernández Shaw de 1920.


Museo de Historia de Madrid, Vitrina con abanicos expuestos, además de una serie de escopetas y una baraja de naipes

Vitrina con abanicos expuestos, además de una serie de escopetas y una baraja de naipes.

En este apartado, también veremos un espacio dedicado a las Industrias del abanico. Y es que éste era considerado un elemento indispensable en los círculos de ambiente cortesano, pues mostraba el origen y la jerarquía de su portadora. Asimismo, los materiales empleados en su fabricación y la calidad de ésta hacían de los abanicos unos artículos de lujo y de un alto valor artístico. Su mayor auge lo alcanzará en el siglo XVIII, durante el cual se regulará su uso como objeto de juego social, amoroso e incluso de propaganda política en reuniones y actos sociales: sería el llamado lenguaje del abanico.

Entre sus principales fabricantes y, por lo tanto, exportadores, encontramos a Francia, Alemania, Inglaterra, Holanda e Italia; asimismo, también llegaban de China unos abanicos lacados hechos con país26 de papel de arroz y varillaje27 de bambú.


Museo de Historia de Madrid, Abanico con representación de las aves del paraíso. Fabricado aproximadamente entre 1820 y 1830 en papel, hueso y papel vitela

Abanico con representación de las aves del paraíso. Fabricado aproximadamente entre 1820 y 1830 en papel, hueso y papel vitela28.

Por lo que respecta a España, casi no hay noticias de que en nuestro país se fabriquen abanicos de manera completa a lo largo del siglo XVIII. Sí se tiene constancia de la existencia en Madrid de una fábrica ubicada en la antigua Red de San Luis alrededor del año 1784, si bien su cometido principal era el de enseñar el arte de su realización. Por otro lado, también se sabe que, igualmente en Madrid, Mañer, que había sido alumno de la citada escuela, abrió un taller en la Calle del Carmen, y que el artesano francés Eugenio Prost, gracias a los favores del Conde de Floridablanca, se estableció en la década de 1780 en la Calle del Olivo Bajo.

Para saber más sobre todo ello, se puede encontrar información muy interesante al respecto en la obra “Abanicos: la colección del Museo Municipal de Madrid”, libro descargable bajo licencia de Creative Commons desde la web de la Biblioteca Digital memoriademadrid.


Museo de Historia de Madrid, Baraja española de 40 naipes editada por Félix Solesio

Baraja española de 40 naipes editada por Félix Solesio.

En la misma vitrina anterior, hay un apartado dedicado a Otras industrias. Una de ellas es la Real Fábrica de Aguardientes, Rosolís y Naipes, donde se elaboraban los productos estancados29 de monopolio estatal. Como ejemplo, aquí se expone la baraja española de 40 naipes que vemos en la fotografía, editada por Félix Solesio. En 1809, dicha fábrica pasaría a acoger la Real Fábrica de Tabacos, elaborando este producto hasta su cierre en el año 2000.

El edificio, que continúa en pie, fue proyectado por el arquitecto Manuel de la Ballina y se halla situado en el barrio de Embajadores, teniendo su entrada principal por la Calle de Embajadores, 53.

Asimismo, obtuvieron una gran aceptación en toda Europa las armas fabricadas por los arcabuceros30 madrileños, no sólo por su gran calidad, sino también por su refinada decoración. Algunos de los fabricantes más prestigiosos trabajaron de manera exclusiva para la Corte, como por ejemplo los que realizaron las tres escopetas y el mosquetón32 que vemos expuestos: Gabriel Algora, Juan Fernández, Carlos Montargis, Basilio Escalante y Francisco Targarona.


Museo de Historia de Madrid, Lienzos de José del Castillo: "La naranjera de la fuente del abanico" (1779) y "La bollera de la fuente de la Puerta de San Vicente" (1780)

Lienzos de José del Castillo: "La naranjera de la fuente del abanico" (1779) y "La bollera de la fuente de la Puerta de San Vicente" (1780).

La última fábrica que veremos en esta sección del museo será la Real Fábrica de Tapices de Santa Bárbara, fundada por el rey Felipe V y bajo la dirección de la familia Vandergoten, de Amberes, e instalada en una finca situada cerca de la Puerta de Santa Bárbara, de ahí su nombre.

En un principio, se trabajó con telares de bajo lizo33, realizando tapices siguiendo los modelos que proporcionaban los pintores de la Corte, en los cuales se reflejaba la influencia flamenca de artistas como Teniers o Wouwerman.

Unos años después, en 1734, será Jacobo Vandergoten “el Joven” quien inaugure una nueva fábrica en la que se trabajaría, además, el alto lizo, una técnica que permitiría llevar a cabo una producción más rápida y con una mayor perfección. En el año 1746, las dos fábricas se unificarían y realizarían una renovación tanto de la temática como del estilo de sus modelos, incluyendo cartones de pintores italianos, como Giaquinto, o franceses, como Van Loo o Houasse, que añadirían a los repertorios decorativos figuras mitológicas y escenas galantes. Es también en este año cuando adquiere una importancia notoria gracias al mecenazgo real de Fernando VI.

La fábrica vivirá su momento de mayor esplendor siendo su director Antonio Rafael Mengs (Aussig, Bohemia, actual Ústi nad Labem (República Checa), 1728 – Roma, 1779) y gracias al impulso de Carlos III. La tendencia entonces en lo que al estilo se refiere será ir hacia unas composiciones neoclásicas, destacando las colaboraciones de personalidades y artistas como el arquitecto Francisco Sabatini (Palermo, 1721 – Madrid, 1797) o los pintores Francisco Bayeu (que sería nombrado director después de Mengs) y Francisco de Goya (Fuendetodos, Zaragoza, 1746 – Burdeos, Francia, 1828), quien trabajaría en ella desde 1775 hasta 1792, año en que enfermaría, quedándose sordo y dejando definitivamente su trabajo en la fábrica.

A finales del siglo XIX, la Fábrica de Tapices se traslada a un edificio construido entre los años 1881 y 1891 con el diseño del arquitecto José Segundo de Lema, lugar en el que continúa en la actualidad (Calle Fuenterrabía, 2). En 2006, la Real Fábrica de Tapices fue declarada Bien de Interés Cultural en la categoría de Monumento.

En la sala, podemos ver colgados de la pared un tapiz realizado en la fábrica que muestra una escena de caza, así como dos óleos sobre lienzo de José del Castillo, “La naranjera de la fuente del abanico” (1779) y “La bollera de la fuente de la Puerta de San Vicente” (1780), con los que el museo nos explica, en una de las cartelas35, como era el proceso para confeccionar los tapices.


Museo de Historia de Madrid, Silla de mano para el traslado de enfermos de la Hermandad del Refugio. Segunda mitad del siglo XVIII

Silla de mano para el traslado de enfermos de la Hermandad del Refugio. Segunda mitad del siglo XVIII.

Esta sección de “Manufacturas reales e industrias para la Corte” se completa con algunos elementos que bien merecen nuestra atención, como por ejemplo los cuadros “La feria de Madrid en la plaza de la Cebada”, obra de entre 1770 y 1780 de Manuel de la Cruz y Cano en la que el pintor reflejó el bullicio de la vida cotidiana de la sociedad del Madrid de la época, o “Presentación del infante Carlos Eusebio”, realizado por Zacarías González Velázquez en 1781.

También podremos contemplar una silla de mano para el transporte de enfermos de la segunda mitad del siglo XVIII y que fue propiedad de la Hermandad del Refugio. Ésta fue fundada en Madrid en el año 1615 con la misión de alimentar a los más necesitados y de atender a los numerosos enfermos que se encontraban desamparados y sin casa en la Villa.

Finalmente, en el centro de la sala, hay un magnífico dessert dedicado a los dioses romanos Ceres y Baco y realizado en pasta tierna.


Museo de Historia de Madrid, Sección "La Guerra de la Independencia"

Sección "La Guerra de la Independencia".

La última sección que veremos de esta planta está dedicada a “La Guerra de la Independencia”. No entraremos aquí a hablar de la contienda con excesivo detalle, pues no es ése nuestro cometido y, además, nos llevaría varias páginas contar, sino el de mostrar la parte de la exposición que, en relación a ella, nos presenta el Museo de Historia de Madrid.

La Guerra de la Independencia Española, acaecida entre los años 1808 y 1814, tuvo su desencadenante, tal y como nos recuerdan en el museo, en los sucesos del 2 de mayo de ese primer año y que supusieron el comienzo de la resistencia a la ocupación napoleónica del país y, meses después, contra el rey francés José I Bonaparte, hermano de Napoleón.

Dos serían los escenarios que confluirían hasta el punto de estallar la guerra: por un lado, en el plano exterior, los planes imperialistas de Napoleón, que incluían España, y por otro lado, desde el punto de vista interno, la propia crisis institucional y política del Antiguo Régimen por la que pasaba el país.


Museo de Historia de Madrid, Mesa de despacho de entre 1760 y 1790, propiedad, según la tradición, del Conde de Floridablanca. Sobre ella, hay un centro de mesa "Compañía de Indias" en estilo Imari del siglo XVIII

Mesa de despacho de entre 1760 y 1790, propiedad, según la tradición, del Conde de Floridablanca. Sobre ella, hay un centro de mesa "Compañía de Indias" en estilo Imari del siglo XVIII.

Antes de meternos de lleno en el tema en el que se centra esta parte del museo, hagamos un paréntesis para ver, en el centro de la sala, un apartado dedicado a una estancia que tuvo su importancia en las viviendas de personalidades adineradas durante el período de la Ilustración36, es decir, antes de que estallara la Guerra de la Independencia: el gabinete.

Esta habitación era un lugar destinado, principalmente, a la lectura, la escritura y el estudio, aunque también se podían celebrar reuniones en ella, estando igualmente dedicada a la sociabilidad y al ocio. Por ello, la decoración y el mobiliario empleado que se empleaba iba enfocado a crear un ambiente lo más confortable posible.

Algunos ejemplos de dicho mobiliario y de los objetos tanto decorativos como útiles que podíamos encontrar en los gabinetes de entonces los veremos en este espacio. Una de las piezas es una mesa de despacho hecha entre los años 1760 y 1790 en madera con herrajes de bronce que, según cuenta la tradición, pudo pertenecer a José Moñino y Redondo, Conde de Floridablanca; sobre ella, hay un centro de mesa “Compañía de Indias” del siglo XVIII en estilo Imari37, realizado en porcelana y bronce; también aquí hay unas láminas en las que se representan la “Primera parte del hemisferio celeste septentrional” y la “Segunda parte del hemisferio celeste austral”, de Juan de la Peña, y “El comercio de los europeos en Asia” y “La navegación del Norte y las colonias europeas en América”, de José Andrade, todas ellas datadas de entre los años 1754 y 1755.


Museo de Historia de Madrid, Piano de mesa de entre 1785 y 1815, obra de Francisco Flórez

Piano de mesa de entre 1785 y 1815, obra de Francisco Flórez.

También hay un par de sillones lacados de madera y tapicería de cera de entre 1790 y 1800; una consola38 estilo Imperio (hacia 1800) de caoba con herrajes dorados; un piano de mesa de entre 1785 y 1815, obra de Francisco Flórez en caoba, marfil y hueso chapeado; un reloj de caja alta de madera y metal (1803), de Joseph López de Cruz y procedente de la Real Escuela de Relojería de Madrid; una mesa de taracea39 de pino chapeado de entre 1790 y 1800; una cornucopia de entre 1730 y 1750, hecha en madera, vidrio plano y azogue40 en la Real Fábrica de Cristal de la Granja; y otro par de sillones, del último tercio del siglo XVIII, realizados en madera tallada y dorada, y tapicería de terciopelo rojo.


Museo de Historia de Madrid, Vitrina con diversos bustos y figuras de distintos materiales, como la porcelana o la plata

Vitrina con diversos bustos y figuras de distintos materiales, como la porcelana o la plata.

Una de las vitrinas nos muestra una serie de bustos y figuras hechos en varios materiales, como porcelana, alabastro41, marfil o plata. Algunas de estas obras proceden de la producción de la Real Fábrica de Porcelanas de Capodimonte (bustos de Tolomeo Soteri –1771 a 1800– y Tolomeo II Filadelfo), de la Real Fábrica de Porcelana del Buen Retiro (representaciones como las diosas griegas Clío y Melpómene, ambas de alrededor de 1767) o de la Real Fábrica de Platería Martínez (una escribanía de 1786, una caja de rapé de 1826 y una campanilla de 1852); otras fueron ejecutadas por Bartolomé Sureda (“Niño con dos perritos” o “Niña con gato”, de hacia el año 1830) o Juan Sellán (una palmatoria42 de 1867), entre otros. En las paredes, unos grabados nos muestran animales como el rinoceronte, el mochuelo y el cernícalo, o el cachalote.


Museo de Historia de Madrid, Retrato de "Carlos IV con armadura", de Antonio Carnicero (1789)

Retrato de "Carlos IV con armadura", de Antonio Carnicero (1789).

Conoceremos, a continuación, cómo se fue gestando en España un ambiente que acabaría conllevando el estallido de la Guerra de la Independencia. Uno de estos antecedentes sería el llamado Motín de Aranjuez, acontecido entre el los días 17 y 18 de marzo de 1808. Y es que ya desde finales de 1806, hubo una parte de la aristocracia que, contraria a Carlos IV y a su valido43, Manuel Godoy, reivindicaba el trono para el príncipe Fernando, futuro Fernando VII. Para ello, este sector no dudaría en aproximarse a los franceses, buscando el apoyo y una alianza con Napoleón Bonaparte, cosa que sería aprovechada por el emperador, quien, actuando como una especie de mediador, utilizó dicha posición para llevar a cabo su política de bloqueo a Gran Bretaña, centrando su atención en Portugal y usando esto para penetrar en España con su ejército.


Museo de Historia de Madrid, Retrato de Manuel Godoy, obra de Francisco Bayeu y Subías de alrededor de 1790

Retrato de Manuel Godoy, obra de Francisco Bayeu y Subías de alrededor de 1790.

Con la entrada de los franceses en el país, lo más recomendable era que la familia real se protegiera en Aranjuez porque así, si la situación lo requería, podría huir hacia el Sur, camino de Sevilla, y de ahí zarpar a América. Sin embargo, el rumor de que los reyes emprenderían un viaje hizo que el 17 de marzo de 1808, un grupo de opositores se agolpara a las puertas del Palacio Real y asaltara el palacio de Godoy, con el consiguiente saqueo y quema de sus posesiones. Al día siguiente, el propio Godoy sería hallado en su palacio, desde donde se le trasladaría al Cuartel de Guardias de Corps. El 19 de marzo de 1808, Carlos IV abdicaría en su hijo, proclamándose éste rey bajo el nombre de Fernando VII.

El 7 de mayo de ese mismo año, en lo que serían conocidas como las abdicaciones de Bayona, por ser en esta ciudad francesa donde se llevarían a cabo, el trono recién estrenado por Fernando VII vuelve a ser cedido, abdicando el rey en favor de Napoléon, quien, a su vez, otorgaría la monarquía a su hermano, José I. De éste, podemos ver algunas caricaturas en la exposición, como la que nos muestra a un “Pepe Botella”, como era apodado, arrodillado y rezando dentro de una botella de vino, con la leyenda “CADA QUAL TIENE SU SUERTE, LA TUYA ES DE BORRACHO HASTA LA MUERTE”. Ambos reyes españoles habían decido trasladarse a Bayona buscando el apoyo del emperador: Carlos IV, para recuperar su trono, y Fernando VII, para legitimar su condición de nuevo rey; sin embargo, acabarían por encontrar un resultado bien distinto del esperado.


Museo de Historia de Madrid, Retrato de Fernando VII, de Antonio Carnicero (1808)

Retrato de Fernando VII, de Antonio Carnicero (1808).

En la sala, hay varias obras en las que se escenifican algunos de los pasajes de estos hechos históricos, como por ejemplo las estampas de “El engaño de Francia”, “Prisión de Godoy”, “Encuentro en Bayona de Fernando VII y Napoleón”, “Abdicación de Carlos IV en Napoleón”, “Día 19 de marzo de 1808. En Aranjuez. Caída y prisión del príncipe de la Paz” (Francisco de Paula Martí Mora, 1808), “Carlos IV abdica la corona en su hijo Fernando” (Manuel Alegre, hacia 1814) y “Entrada de Fernando VII por la Puerta de Atocha” (Francisco de Paula Martí Mora, 1813).

Asimismo, y tal y como hemos visto en las fotografías adjuntas, podremos contemplar los retratos de quienes fueron los protagonistas de estos hechos: el de “Carlos IV con armadura” y el de Fernando VII, ambos de Antonio Carnicero (1789 y 1808, respectivamente); el de María Luisa de Parma, de Zacarías González Velázquez (1789); el de Manuel Godoy, de Francisco Bayeu y Subías (alrededor de 1790); y el de José I, de Joseph Bernard Flaugier (datado de entre 1808 y 1813, aproximadamente).


Museo de Historia de Madrid, Retrato de José I, de Joseph Bernard Flaugier (datado de entre 1808 y 1813, aproximadamente), donde aparece representado con la cruz de la Legión de Honor

Retrato de José I, de Joseph Bernard Flaugier (datado de entre 1808 y 1813, aproximadamente), donde aparece representado con la cruz de la Legión de Honor.

Como dijimos anteriormente, no entraremos aquí en detalle sobre lo acontecido durante el levantamiento del 2 de mayo de 1808 ni sobre la Guerra de la Independencia como tal (y las terribles consecuencias y los destrozos que trajo sobre Madrid), pues, como apuntamos, no es ése el cometido de este reportaje.

Sí diremos que, como nos indican en el museo, tanto las estampas de la época como los cuadros de entonces reflejan lo que a todas luces fueron unos “cruentos enfrentamientos entre una población mal armada y las tropas napoleónicas”, éstas mucho mejor equipadas. Los escenarios principales en los que se desarrolló el levantamiento fueron “el entorno del Palacio Real, la Puerta del Sol, el Paseo del Prado, la Puerta de Toledo y el Parque de Monteleón”. Así, la imagen que más nos puede mostrar lo ocurrido, con lo que tiene de impactante, quizás sea “El tres de mayo de 1808 en Madrid”, en el que Goya representó los fusilamientos que tuvieron lugar esa madrugada en la montaña de Príncipe Pío y con los que se ejecutó a parte de los patriotas madrileños que se había alzado contra los franceses. Además de la montaña de Príncipe Pío, testigos de la represión fueron el área del Paseo del Prado, las tapias del convento de Medinaceli y la zona que ocupó el ejército galo en los terrenos del Buen Retiro, donde estaba la Real Fábrica de Porcelana.


Museo de Historia de Madrid, Sección en la que se pueden contemplar los cuadros " El hambre de Madrid" (1818), de José Aparicio, "Muerte de Daoíz y defensa del parque de Monteleón" (1862) y "Muerte de Velarde el Dos de Mayo de 1808" (1864), de Manuel Castellano, y "Fusilamiento de patriotas en el Buen Suceso" (1866), de José Marcelo Contreras

Sección en la que se pueden contemplar los cuadros " El hambre de Madrid" (1818), de José Aparicio, "Muerte de Daoíz y defensa del parque de Monteleón" (1862) y "Muerte de Velarde el Dos de Mayo de 1808" (1864), de Manuel Castellano, y "Fusilamiento de patriotas en el Buen Suceso" (1866), de José Marcelo Contreras.

En un apartado de esta misma sala, hay una serie de cuadros que ilustran a la perfección el drama vivido durante los días posteriores al levantamiento. De este modo, tenemos, de Manuel Castellano, “Muerte de Daoíz y defensa del parque de Monteleón” (1862) y “Muerte de Velarde el Dos de Mayo de 1808” (1864); y de José Marcelo Contreras, “Fusilamiento de patriotas en el Buen Suceso” (1866). También aquí, hay un lienzo de José Aparicio que lleva por título “El hambre de Madrid” (1818) y con el que el artista quiso reflejar cómo el pueblo prefería morir de hambre antes que aceptar comida del enemigo francés. Y es que durante último año del reinado de José I, Madrid fue víctima de una terrible hambruna a causa de la escasez de alimentos producida, por un lado, por las malas cosechas, y por otro, por los problemas que la guerra planteó al comercio. Todo ello conllevaría enfermedades y miles de muertos. La crueldad de la guerra quedaría magníficamente representada por Goya en sus “Desastres”.


Museo de Historia de Madrid, Escultura en terracota que representa la "Muerte de Manuela Mañasaña", obra de Antonio Moltó i Lluch de 1888

Escultura en terracota que representa la "Muerte de Manuela Mañasaña", obra de Antonio Moltó i Lluch de 1888.

En la sala, algunas láminas también nos muestran el dolor y las represalias por los sucesos del 2 de mayo, como por ejemplo las de Tomás López Enguídanos, de alrededor de 1813, “Día Dos de Mayo en Madrid”, “Provocan los franceses la ira del pueblo”, “Muerte de Daoíz y Velarde”, “Pelean los patriotas con los franceses en la Puerta del Sol” y “Asesinan los franceses a los patriotas en el Prado”; la de Blas Ametller Rotllán “Perspectiva del carro fúnebre de Daoíz y Velarde” (1814); o las anónimas “Cortejo fúnebre de Daoíz y Velarde” (hacia 1814) y “Cenotafio en memoria de las víctimas del Dos de Mayo de 1808”.

Una escultura en terracota44 de Antonio Moltó i Lluch del año 1888 representa la “Muerte de Manuela Malasaña”, considerada una de las heroínas del Levantamiento. A su lado, vemos el “Modelo de monumento en memoria de las víctimas del Dos de Mayo” (1822), obra en madera de Isidro González Velázquez; este Obelisco del Dos de Mayo, comenzado a levantar en 1821, se alza desde entonces en la Plaza de la Lealtad, conmemorando desde 1985 a todos los caídos por España y ardiendo en él permanentemente una llama en recuerdo de éstos.


Museo de Historia de Madrid, Uno de los ejemplares de la Constitución de 1812 con que cuenta el museo

Uno de los ejemplares de la Constitución de 1812 con que cuenta el museo.

Uno de los hechos más relevantes sucedidos en plena guerra fue que, a pesar de las reformas que había planteado José I, las Cortes convocadas en Cádiz asumieron “la soberanía de la nación y legislaron de un modo totalmente revolucionario, poniendo los cimientos para una sociedad liberal”, tal y como podemos leer en el panel explicativo del museo. Entre las medidas adoptadas, las más destacadas fueron que se decretó la libertad de imprenta, se abolió el régimen señorial (suprimiendo los señoríos jurisdiccionales), se suprimió la Inquisición y se abolieron los gremios (estableciendo la libertad económica, de trabajo, de fabricación y comercial). Asimismo, el 19 de marzo de 1812 se aprueba la Constitución, popularmente conocida como “La Pepa”, convirtiéndose en la primera constitución liberal de España.

Terminada la guerra y conseguida la victoria por parte del pueblo español contra el ejército francés, Fernando VII recupera el trono, recibiendo el sobrenombre de “el Deseado”, por las esperanzas puestas en él de cara a llevar a cabo las reformas necesarias en España. Sin embargo, ocurriría todo lo contrario: volvería a instaurar el absolutismo45, negándose a jurar la Constitución de Cádiz.

En una de las vitrinas expositoras, podremos contemplar varios y bellos ejemplares de esta Constitución de 1812, como la que vemos en la imagen que acompaña estas líneas.


Museo de Historia de Madrid, "Alegoría de la Villa de Madrid", obra de Francisco de Goya de 1810

"Alegoría de la Villa de Madrid", obra de Francisco de Goya de 1810.

Antes de terminar nuestro recorrido por la Planta 1, retrocederemos un momento para contemplar una magnífica pintura de Francisco de Goya: su “Alegoría de la Villa de Madrid” (1810). Se trata de una obra que guarda tras ella una historia bastante azarosa. Aquí, vemos la imagen de una matrona coronada que representa la Villa de Madrid y que sujeta con la mano derecha el escudo de la capital, mientras que con la izquierda apunta a un medallón que sostienen dos personajes alados y en el que figura la inscripción “DOS DE MAYO”; a sus pies, hay un perro tumbado como símbolo de la fidelidad y, sobre ella, sendas representaciones de la Fama y la Victoria.

El protagonista de la curiosa historia de este cuadro es precisamente el medallón, que más pareciera tratarse de un palimpsesto46. En 1812, y por orden del Ayuntamiento, en él aparecía representado José I Bonaparte, pero con la primera evacuación francesa de la Villa, su rostro fue sustituido por la palabra “Constitución”. Ésta, a su vez, sería borrada para volver a figurar el retrato del rey galo con motivo de su regreso a Madrid, pintado en esta ocasión por Felipe Abas. Cuando José I se va definitivamente en 1813, se vuelve a escribir la palabra “Constitución”, que en 1814 sería cambiada por un retrato de Fernando VII de autoría anónima. Después del Trienio Liberal, en 1823, Vicente López plasma de nuevo a Fernando VII, imagen que perdurará hasta 1843. Es en ese año cuando el Ayuntamiento decide, nuevamente, cambiar la imagen del rey por la leyenda “El libro de la Constitución”. Por último, será en 1872 cuando se encargue a Vicente Palmaroli que modifique la leyenda por la que podemos leer en la actualidad.


Museo de Historia de Madrid, Sección Madrid 1814-1910. El sueño de una ciudad nueva

Sección Madrid 1814-1910. El sueño de una ciudad nueva.

Continuamos nuestra visita en el último piso del museo, la Planta 2, que recibe el nombre de Madrid 1814-1910. El sueño de una ciudad nueva. Nos adentramos aquí en un período al que, acabada la Guerra de la Independencia y consumiéndose el Antiguo Régimen, se unirán más adelante las consecuencias y los efectos de la pérdida de las colonias.

Todo esto conllevará que Madrid vaya perdiendo, en cierto modo, esa condición que venía teniendo hasta el momento de cortesana y cosmopolita, convirtiéndose en una ciudad provinciana y burguesa, a la par que se reforzará su perfil urbano y su papel como capital de España, favorecido especialmente por su buena localización de cara a las redes de comunicación.

Como podemos leer en el panel explicativo de la sala, “Lo viejo y lo nuevo, así, conviven y se pelean en el Madrid decimonónico”.


Museo de Historia de Madrid, Retrato de “Fernando VII con uniforme de capitán general”, de Vicente López Portaña, datado de entre 1816 y 1818

Retrato de “Fernando VII con uniforme de capitán general”, de Vicente López Portaña, datado de entre 1816 y 1818.

La primera sección de esta segunda y última planta se denomina “Una ciudad estancada e indolente”. El Madrid (capital) que se nos presenta a comienzos del siglo XIX es un Madrid notablemente preindustrial, con una morfología caótica, tal y como se describe en el museo; su conjunto urbano se halla delimitado por grupos residenciales, quedando la ciudad, asimismo, aislada en medio de un entorno principalmente rural. De este modo, la capital del país ve cómo no es capaz de convertirse en su capital económica, siendo como es a principios de esta centuria una ciudad improductiva y mal comunicada, y estando rodeada de una periferia más dinámica.

Será a partir de los años 40 cuando se acelere una gran transformación en la ciudad, motivado no sólo por el cambio de una monarquía absoluta a un régimen parlamentario, sino que a esto habrá que sumar los diferentes procesos de desamortización47 y sus consecuencias, la creación de una clase burguesa y el desbordamiento, tanto por el Norte como por el Sur, de la cerca que en su día ordenara levantar Felipe IV.

Al inicio de la sala, donde nos encontramos, podremos ver un plano de Madrid del año 1848 realizado por Francisco Coello, así como la litografía48 “Vistas a vuelo de pájaro. Madrid. Vista tomada desde encima de la Puerta de Segovia”, de Alfred Guesdon.

Si miramos de frente nada más entrar, a la izquierda, tendremos los retratos de dos personajes que tuvieron un importante papel durante el primer tercio del siglo XIX: “Fernando VII con uniforme de capitán general”, de Vicente López Portaña y datado de entre 1816 y 1818, y “El general Torrijos”, de alrededor de 1830 y realizado por Ángel de Saavedra, Duque de Rivas.


Museo de Historia de Madrid, Abanicos con representaciones de escenas que simbolizan, entre otros temas, la "Exaltación de Riego", un "Homenaje al coronel Quiroga" o una "Alegoría del restablecimiento constitucional". Todos están datados de entre 1820 y 1823

Abanicos con representaciones de escenas que simbolizan, entre otros temas, la "Exaltación de Riego", un "Homenaje al coronel Quiroga" o una "Alegoría del restablecimiento constitucional". Todos están datados de entre 1820 y 1823.

Tras la Guerra de la Independencia, como ya dijimos antes, se restablece el absolutismo en la figura de Fernando VII, trayendo de nuevo el Antiguo Régimen, a excepción del corto período de tiempo del Trienio Liberal, y, con ello, el estancamiento económico y social.

Varias serán las obras que veremos en esta parte de la sala que nos ayudarán a seguir un recorrido histórico por algunos de los acontecimientos más importantes vividos durante este primer tercio de siglo. Ejemplo de ello será la litografía “Proclamación de la Constitución en Madrid”, realizado en 1820 por Godefroy Engelmann, o los grabados “Los Cien Mil Hijos de San Luis” (de alrededor de 1824), “El enfermo por la Constitución” (obra datada hacia el año 1820 en la que se obliga a un clérigo a tragar la Constitución de 1812 porque no hay ningún remedio más para curar sus males) y “El duque de Angulema pisotea la Constitución de Cádiz” (de hacia 1824). Asimismo, se expone el lienzo “Juicio de la Inquisición”, copia de Eugenio Lucas de alrededor de 1819.

Justo enfrente, una vitrina nos muestra un conjunto de abanicos y un juego de café. Tal y como se nos explica en el cartel, los varios e importantes sucesos políticos de la época acaecidos en España fueron representados por medio de una serie de metáforas literarias y de alegorías visuales, y “Al fuerte carácter satírico e irónico de las primeras estampas, sobre todo las referidas a Napoleón y su familia, sucedieron otras caracterizadas por un lenguaje alegórico fuertemente cargado de simbología”. Así, para los constitucionalistas del Trienio Liberal, la Nación se simboliza de manera personificada en una matrona que, frecuentemente, va acompañada de los enemigos de la Constitución: el oscurantismo y el despotismo49, representados por la aristocracia y el clero, las cadenas de la Inquisición o la quema de libros. Por su parte, los partidarios absolutistas representarán al rey “como centro visual y jerárquico”, yendo junto al Patriotismo, la Religión o las Virtudes.


Museo de Historia de Madrid, Juego de café constitucionalista

Juego de café constitucionalista.

Es el caso de los abanicos que vemos aquí, todos ellos de entre 1820 y 1823, en los que, por ejemplo, aparecen dibujadas escenas que simbolizan la “Exaltación de Riego” (el comandante Riego figura como un libertador que destaca sobre un fondo con escenas en las que se liberan a presos), un “Homenaje al coronel Quiroga” (en él, se ve a milicianos y civiles alabando al coronel, quien se alzó en 1820 en Alcalá de los Gazules, en Cádiz), una “Alegoría del restablecimiento constitucional” o a Fernando VII jurando la Constitución de 1812.

El expositor se completa, como decíamos, con un juego de café constitucional realizado en porcelana y en el que, con un lenguaje igualmente simbólico y alegórico, se representan también escenas similares a las anteriores. Este juego debió de haber sido encargado por un personaje perteneciente a la élite intelectual y política del liberalismo50 de entonces.


Museo de Historia de Madrid, Representación de la "Puerta de San Vicente", realizada alrededor de 1816

Representación de la "Puerta de San Vicente", realizada alrededor de 1816.

Por lo que respecta a la configuración urbana, una vez acabada la Guerra de la Independencia, Madrid continuará siendo una ciudad muy parecida a la que se nos presentaba en el siglo XVIII: por un lado, cuenta con un considerable número de edificios religiosos, entre iglesias, capillas, conventos, oratorios e instituciones de beneficencia, y por otro, con las varias propiedades de las grandes familias nobiliarias, como eran Liria y Alba, Medinaceli, Osuna, Abrantes, Infantado, etc.

El resto del tejido urbano del caserío51 de Madrid estaba compuesto por edificios de pobre construcción y baja altura, y distribuidos sin orden establecido alguno en calles empinadas y carentes de pavimento o sistemas de evacuación y alcantarillado.

Para hacernos una idea del Madrid de primeros del siglo XIX, el museo expone una serie de obras, todas ellas de José María Avrial y Flores, en las que aparecen representados distintos lugares de la ciudad: “Vista del Campo del Moro”, “Vista del Palacio Real desde la Montaña del Príncipe Pío”, “Vista del Palacio de la Cibeles y el Palacio de Buenavista” y “Plaza de la Paja”, fechadas en 1836, a excepción de la última, que es de 1838.

Además, también podemos contemplar una excelente pintura de la “Puerta de San Vicente”, realizada alrededor de 1816, así como una “Vista de Madrid desde el Puente de Segovia”, obra de Giuseppe Canella “el Viejo” de entre 1820 y 1825.


Museo de Historia de Madrid, Maqueta del proyecto de viaducto diseñado ca. 1810 por Silvestre Pérez

Maqueta del proyecto de viaducto diseñado ca. 1810 por Silvestre Pérez.

Dos magníficas maquetas llamarán nuestra atención antes de proseguir con el recorrido. La primera de ellas es una “Maqueta del proyecto de viaducto diseñado ca. 1810 por Silvestre Pérez”. El entorno del Palacio Real resultó ser el único espacio abierto dentro de una ya de por sí enmarañada trama urbana a comienzos del siglo XIX. En 1809, comenzó una serie de demoliciones que acabarían con el Convento de San Gil, el pasadizo de la Encarnación y la Iglesia de San Juan, por no hablar del gran número de casas de vecinos.

La ejecución de los trabajos estaría en la mano de Silvestre Pérez, arquitecto que fuera discípulo de Ventura Rodríguez. En el año 1810, presentaría un proyecto con el que pretendía unir el Palacio Real con la Iglesia de San Francisco el Grande, que entonces funcionaba como Salón de Cortes. En el diseño, se sucedía una serie de espacios abiertos con los que se salvaba el desnivel de la Cuesta de la Vega, con corredores porticados y plazas, todo ello en estilo neoclásico y su característica sobriedad.


Museo de Historia de Madrid, Maqueta de la Plaza de Oriente según proyecto diseñado ca. 1832 por Isidro González Velázquez

Maqueta de la Plaza de Oriente según proyecto diseñado ca. 1832 por Isidro González Velázquez.

La segunda es una “Maqueta de la Plaza de Oriente según proyecto diseñado ca. 1832 por Isidro González Velázquez”. Este arquitecto, discípulo de Juan de Villanueva, regresó a España después de completar su formación clásica en distintos países de Europa, sobre todo en Italia. Ya en nuestro país, sería elegido académico de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, constando como “Teniente de arquitecto mayor de los reales palacios y casas de campo del Rey”, siendo este monarca Carlos IV.

A él se le encargaría la remodelación de la Plaza de Oriente en un estilo, como el anterior, neoclasicista. El proyecto que presentaría, siguiendo el antiguo planteamiento de Franco Sacchetti, es el que vemos en esta maqueta, en el que plasma una exedra52 con el Teatro Real alzándose en el centro. Sin embargo, no se llevaría a cabo, sino que se finalmente se elegiría el diseño de Narciso Pascual y Colomer de 1844.


Museo de Historia de Madrid, Caballeros conversando en el Café de Levante, en Madrid

"Caballeros conversando en el Café de Levante, en Madrid", de Leonardo Alenza y Nieto.

Parte de este Madrid neoclásico serán los cafés, lugares en los que quedar para conversar que, como indican en el museo, “tienen su origen en los mentideros53, sucediendo a las tabernas, horchaterías, etc. y llegando a ser lugares especializados según los temas de conversación de sus tertulianos: teatro, política, toros, etc. Con el paso de los años, pasarían de ser una especie de ateneos54 ilustrados a espacios donde el humo del tabaco, de los quinqués55 y de las lámparas de aceite y/o gas terminaría por oscurecer sus paredes, de las cuales solían colgar espejos para dar la sensación de amplitud.

Así, en ellos se podía ver cómo algunos grupos defendían la soberanía de la Nación, otros leían la gaceta, otros daban cuenta de las novedades musicales... Incluso se podía escuchar esas novedades en vivo interpretadas por una orquesta que actuaba sobre una tarima, como era el caso en el conocido Café de Levante, situado en la Puerta del Sol.

Del ambiente que se encontraba en dichos cafés, podemos ver un par de ejemplos en esta sala representados en sendos cuadros: “Bebedores sentados a una mesa en el Café de Levante, en Madrid” y “Caballeros conversando en el Café de Levante, en Madrid”, ambos de Leonardo Alenza y Nieto.


Museo de Historia de Madrid, Sección "Realidad y ficción del progreso"

Sección "Realidad y ficción del progreso".

Continuamos con la segunda sección de esta segunda planta, titulada “Realidad y ficción del progreso”. Pasado el primer tercio del siglo XIX, la sociedad madrileña, desde los aristócratas a los mendigos, pasando por los funcionarios, los pequeños burgueses, los criados, los rentistas y hasta los especuladores, espera, a pesar de la situación en la que se encuentra, que Madrid se convierta en una ciudad racional y moderna. Será en esta época cuando se lleven a cabo algunas grandes obras, como estaciones de trenes, el Canal de Isabel II, mercados nuevos, etc.

También se modernizará la organización urbana, aunque para ello tuviera que pagar el precio de la desamortización, que conllevaría la desaparición de algunos conventos y otras varias instituciones religiosas, dando paso a una reforma en el interior de la ciudad que acabaría con la imagen del Antiguo Régimen del Madrid conventual. Se derribará la última cerca y, con ello, comenzará el ensanche en algunas de las zonas de la ciudad, extendiéndose descontroladamente hacia los suburbios y el extrarradio.

El progreso, de este modo, iría ganando terreno al viejo absolutismo.

Entre otras muchas cosas, veremos en este apartado grandes retratos de importantes protagonistas de esta época: “Isabel II niña ante el trono” (alrededor de 1838), de Luis de la Cruz y Ríos; “Isabel II jurando la Constitución” (hacia 1844), de José Castelaro; “La infanta Isabel de Borbón y la marquesa de Nájera a la salida de los toros” (1915), de José María López Mezquita; “El Rey Amadeo I de Saboya”(1871), de Francisco Sans y Cabot; “Alfonso XII” (1876), de Dióscoro de la Puebla; y “La reina María de las Mercedes” (1878), de Eduardo Balaca y Canseco.


Museo de Historia de Madrid, Baraja de 48 naipes de 1873 con caricaturas políticas

Baraja de 48 naipes de 1873 con caricaturas políticas.

Mientras este progreso se va fraguando, Madrid estará a medio camino entre el provincianismo y la improductividad, y el hecho de ser la capital de la nación. Ante esta situación, en la ciudad comenzará a fraguarse cierta opinión pública, convirtiéndose en escenario de varios conflictos políticos, desde el levantamiento de 1808, ya visto, a la revolución de 1868, conocida como “La Gloriosa”, y terminando el siglo con el malestar y el pesimismo que provocaría la pérdida en 1898 de las últimas colonias españolas de ultramar: Cuba, Puerto Rico y Filipinas.

El pueblo será protagonista de algunos de estos conflictos, si bien comienza a hacerse notar un cierto origen preindustrial en los desencadenantes de las revueltas sociales, más cercanas “al viejo motín de subsistencias que a la huelga y el motín obreros”, como indica el cartel de la exposición.

En una vitrina, podremos ver nuevamente algunos abanicos utilizados para representar diferentes escenas, lugares o personajes, como “La rendición de Tetuán”(de hacia 1860), “Los sitios reales” (de alrededor de 1850) o a “María Cristina de Borbón y sus hijas Isabel y Luisa Fernanda” (de hacia 1835), las mismas que aparecen en una litografía de Paul Jourdy. Una baraja de 48 naipes de 1873 sirve de soporte para plasmar una serie de caricaturas políticas.

Asimismo, de la pared cuelgan algunas obras que merecen nuestra atención, como es el caso de un “Mapa del caciquismo en España”, publicado en la revista satírica Gedeón en 1897, un lienzo con el “Paso del General Prim bajo el arco triunfal levantado en la calle de Alcalá tras la Revolución de Septiembre de 1868” u otro sobre el “Episodio de la Revolución de 1854 en la Puerta del Sol”, copia de Eugenio Lucas de alrededor de 1855.


Museo de Historia de Madrid, Retrato del general Espartero, obra de 1879 de Ramón Padró y Pedret

Retrato del general Espartero, obra de 1879 de Ramón Padró y Pedret.

Finalizado el Antiguo Régimen, y con una burguesía encumbrada gracias a la instauración de un nuevo régimen parlamentario, Madrid se va separando cada vez más de lo que había sido la España de Fernando VII. El empuje principal vino de la mano, como dijimos antes, de las desamortizaciones, medidas proyectadas por Juan Álvarez de Mendizábal en 1836 y puestas en marcha de nuevo a partir de 1842 durante la regencia de Espartero, a quien vemos en la sala retratado por Ramón Padró y Pedret en un cuadro de 1879.

Será una época en la que se toma conciencia de la necesidad existente de reinventar Madrid, de hacer una nueva ciudad, convergiendo en esta misma idea incluso personalidades de ideas políticas totalmente opuestas, como pudieron ser Pascual Madoz o Ramón de Mesonero Romanos. Este último aparece en un retrato, obra de José de la Revilla datada hacia 1840.

De este modo, se ejecutaron proyectos con el objetivo de abrir las plazas, alinear al fin las calles, ornamentarlas y gestionar así los espacios públicos, además de incorporar una serie de equipamientos colectivos. Fue lo que se vino a llamar “la reforma interior de Madrid”, que transformaría profundamente la ciudad.


Museo de Historia de Madrid, Vitrina con la "Portada de la Memoria sobre las obras de la Puerta del Sol" (1855) y con varias fotografías del lugar

Vitrina con la "Portada de la Memoria sobre las obras de la Puerta del Sol" (1855) y con varias fotografías del lugar.

Un ejemplo de estas obras será las llevadas a cabo en la Puerta del Sol. En uno de los expositores, podemos ver la “Portada de la Memoria sobre las obras de la Puerta del Sol”, del año 1855, además de varias fotografías de dicha zona, como una copia de una imagen tomada por Charles Clifford en 1857 u otra de una foto original del fotógrafo Amador Cuesta Barrientos, más conocido como Amador, de alrededor de 1900. También hay sendas imágenes de Jacques-Louis-Constant Lecerf: una, “Vista de la Puerta del Sol y de la Casa de Correos”, y otra, “Vista de la calle Mayor y de la fuente del Buen Suceso”, ambas de entre 1806 y 1820. También de la Puerta del Sol es una copia de una fotografía de aproximadamente 1870 de Jean Laurent, entre otras, así como un cuadro de Enrique Martínez Cubells de alrededor de 1900.

Igualmente, varias litografías de entre 1860 y 1864 nos muestran cuatro “Conventos desamortizados recogidos en la Historia de la Villa y Corte de Madrid, de José Amador de los Ríos”.


Museo de Historia de Madrid, Retratos del rey Alfonso XII (1876) y la reina María de las Mercedes (1878), de Dióscoro de la Puebla y Eduardo Balaca y Canseco, respectivamente

Retratos del rey Alfonso XII (1876) y la reina María de las Mercedes (1878), de Dióscoro de la Puebla y Eduardo Balaca y Canseco, respectivamente.

Y entramos en el último tercio del siglo XIX, cuyos primeros años estarían protagonizados por la ya mencionada revolución de 1868 “La Gloriosa”, también conocida como “Revolución de Septiembre”, por una tímida Primera República, que apenas si duraría entre 1873 y 1874, y la Restauración borbónica, con el reinado de Alfonso XII (1874-1885), primero, y la regencia de María Cristina (1885-1902), después.

Durante estos últimos años decimonónicos, Madrid viviría una transformación urbanística esencial, pasando de ser una villa cortesana a convertirse en una ciudad completamente burguesa. Una de las causas principales que favoreció esto sería la mejora de las comunicaciones, especialmente la creación de una red ferroviaria de trazado radial, resolviéndose así algunos de los problemas que impedían que Madrid despegara económica, demográfica y urbanísticamente. A partir de este momento, la ciudad podría aprovechar todo el potencial que le daba el encontrarse en una privilegiada ubicación geográfica central.


Museo de Historia de Madrid, Litografía "Fuente provisional de las aguas del Lozoya" durante la inauguración del Canal de Isabel II el 24 de junio de 1858

Litografía "Fuente provisional de las aguas del Lozoya" durante la inauguración del Canal de Isabel II el 24 de junio de 1858.

Como decimos, el ferrocarril, símbolo total del progreso, tuvo un papel principal en la mejora de Madrid y en su inicio de ciudad industrial. En la exposición, lo vemos en numerosas imágenes de autores como Tomás Carlos Capuz o Bernardo Rico y Ortega, en las que aparecen la Estación del Norte o la inauguración del ferrocarril directo a Ciudad Real, entre otras, así como postales de las estaciones del Norte, Atocha y Delicias. Un cuadro de Cecilio Pla y Gallardo de aproximadamente 1900 representa la “Salida de los cazadores de la estación del Norte”.

También fue de gran importancia la creación en 1858 del Canal de Isabel II, que solucionaría los problemas hasta entonces permanentes de abastecimiento de agua, sustituyendo así los antiguos viajes de agua. El proyecto sería redactado por Lucio del Valle, promoviéndolo la Corona y aprobándolo por medio de un real decreto el gobierno que entonces presidía Bravo Murillo. Sobre esto, una litografía nos enseña la “Fuente provisional de las aguas del Lozoya” durante la inauguración del Canal el 24 de junio de ese mismo año; de Tomás Carlos Capuz es la xilografía56 “Traída de aguas a Madrid”, de alrededor de 1857, y de Bernardo Rico y Ortega, la del “Nuevo depósito en construcción para las aguas del Lozoya”, de 1873.


Museo de Historia de Madrid, Expositor con varias imágenes de Bernardo Rico y Ortega de edificios iluminados con electricidad

Expositor con varias imágenes de Bernardo Rico y Ortega de edificios iluminados con electricidad.

Por otro lado, el gas acabaría sustituyendo en 1830 las primitivas farolas de aceite, mientras que los primeros ensayos de iluminación eléctrica se darían en Madrid en 1875, año en que se iluminaron las fuentes de la Cibeles y de Neptuno con motivo de la entrada de Alfonso XII en la ciudad. Los apagones sufridos continuamente obligarían a volver a una iluminación con gas. Ya en 1882, se daría luz por electricidad al Ministerio de Guerra, al Parque de El Retiro y a algunas calles del centro urbano, momento en que surgirían las primeras compañías eléctricas. El proceso de cambio del gas a la electricidad terminaría en 1972, año en que se retiraría de las calles de Madrid el último farol alimentado con gas. Unas xilografías de Bernardo Rico y Ortega nos enseñan algunos edificios y la Plaza de Oriente así iluminados.


Museo de Historia de Madrid, "Monumento al marqués de Salamanca", figura hecha por Agero en escayola en el año 1901

"Monumento al marqués de Salamanca", figura hecha por Agero en escayola en el año 1901.

Este desarrollo madrileño se vería igualmente favorecido por la llegada a la ciudad de un buen número de inmigrantes provenientes de diversas regiones de España, por la creación de una Administración amplia y moderna, y por configurarse como principal plaza financiera del país. De este modo, en el propio museo podemos ver cómo Madrid pasó de tener una población de 281.000 habitantes en 1857 a 540.000 en 1900, y alcanzar los 953.000 en 1930.

La muestra nos enseña, por ejemplo, algunas postales de Hauser y Menet sobre el “Ensanche de Castro”, de 1846, así como imágenes de las “Obras del Ensanche en el Paseo de Ronda” (copias de las originales de alrededor de 1900) o una postal de la “Calle de Goya” de entre 1906 y 1914 de J. Lacoste.

Al final de esta sección, encontraremos un “Busto de Ángel Fernández de los Ríos”, periodista, historiador y urbanista madrileño, realizado en escayola en 1921 por Gabriel Borrás y Abella”, y un “Monumento al marqués de Salamanca”, del mismo material y hecho por Agero en 1901.


Museo de Historia de Madrid, Sección "Ocio y diversiones en la sociedad madrileña"

Sección "Ocio y diversiones en la sociedad madrileña".

La tercera sección es la titulada “Ocio y diversiones en la sociedad madrileña”. Y es que la recién estrenada configuración urbana de Madrid, unida a la adopción de las ideas liberales, hizo que durante el siglo XIX aparecieran nuevos espacios en los que el pueblo podía socializar. Estos escenarios serían los paseos, jardines y parques de recreo, pero también los teatros.

Asimismo, la variedad de fiestas y diversiones aumentó igualmente, gracias, en parte, a los avances tecnológicos que trajo el progreso, como por ejemplo la aparición del cinematógrafo a finales de siglo.

Otros sitios en los que se reunía gran parte de la sociedad madrileña serían los cafés, lugares para la tertulia política y las charlas intelectuales, o los nuevos cafés-cantantes, además de salas de variedades57 y de baile.

A lo largo del recorrido de esta sección, podremos ver una buena muestra de cómo se divertían los madrileños durante el siglo XIX en diferentes momentos y lugares.


Museo de Historia de Madrid, Cartel de carnaval de Madrid del año 1901

Cartel de carnaval de Madrid del año 1901.

Así, por ejemplo, durante el día, se podía ver a las mujeres luciendo sus mantillas por las calles del centro de Madrid. Los paseos y las iglesias eran los lugares en los que las mujeres madrileñas solían hacer vida social, haciendo uso de esta típica prenda femenina de la época que, poco a poco, fue dejando paso a los sombreros, convirtiéndose en una pieza utilizada tan sólo en ocasiones concretas, como en Semana Santa.

Sin embargo, la noche era distinta, como muy bien explican en el museo: “Hombres de toda posición y mujeres de dudosa reputación formaban parte de ese público popular y un tanto canalla que alargaba las noches madrileñas con una vibrante vida nocturna en calles y todo tipo de locales”. Locales como los que mencionábamos antes y mujeres como las que aparecen representadas en distintas pinturas: “Madame” (1927), de Ismael Cuesta; “Mujeres de la vida” (1932-1933), de José Gutiérrez Solana; y “Las francesas de la calle de la Aduana” (1948), de Salvador Bartolozzi. Algunas tarjetas postales de alrededor de 1910 muestran a diferentes cantantes y actrices de variedades.

Una de las fiestas más destacadas y en la que participaba prácticamente toda la ciudad era el carnaval. Por un lado, se organizan fiestas, unas particulares y otras en lugares como El Real, a las que acuden los nobles y burgueses enmascarados dispuestos a disfrutar de los bailes. Por otro lado, en los barrios populares, la gente con menos posibles hacía lo que podía para divertirse en medio de ambientes totalmente bulliciosos. Dos dibujos del humorista gráfico y pintor Francisco Javier Ortego y Vereda, bajo el título de “Carnaval 1872 en Madrid”, representan a ese heterogéneo público disfrazado que, desde la Fuente Castellana hasta Atocha, disfrutaba de los carnavales hasta que al final de éste, el miércoles de ceniza, se trasladaba a las orillas del Manzanares para celebrar el entierro de la sardina. Acompañando estas líneas, vemos un cartel de carnaval de Madrid realizado en 1901 en el que se anuncia la programación para las fiestas.


Museo de Historia de Madrid, Fotografías en las que se muestran distintas actividades de ocio, como grupos patinando en "El lago de los patinadores en la Real Casa de Campo" (1880), de Bernardo Rico y Alfredo Perea, o asistentes al "Hipódromo del paseo de la Castellana" (1902), entre otras

Fotografías en las que se muestran distintas actividades de ocio, como grupos patinando en "El lago de los patinadores en la Real Casa de Campo" (1880), de Bernardo Rico y Alfredo Perea, o asistentes al "Hipódromo del paseo de la Castellana" (1902), entre otras.

Otro de los momentos de ocio para los madrileños era el veraneo, algo que llegó a ser considerado casi una tradición. No olvidemos la creación en los siglos XVII y XVIII de los Reales Sitios y, más adelante, de las fincas de recreo por parte de nobles y burgueses en poblaciones cercanas a la Corte. A principios del siglo XX, la nueva clase media hará construir para ella los llamados “hotelitos”58 en la sierra. En cuanto a los trabajadores, algunos también abandonaban Madrid nada más llegar el verano para pasarlo en su pueblo de origen.

En cuanto evolucionaron y mejoraron los medios de transporte, esos lugares de veraneo empezarían a ser aquellos más alejados, comenzando a irse, tanto los miembros de la Corte como los madrileños que podían permitírselo, a disfrutar del mar a los pueblos de la costa del Norte de España. Quienes no podían ir tan lejos, siempre tenían la opción de acudir a los baños termales, lugares construidos durante esos años en los que los clientes se sumergían en unas aguas que, se decía, contaban con propiedades terapéuticas y donde, como leemos en el cartel de la sala, “las mujeres podían acudir solas sin poner en entredicho su reputación”. De estos sitios, podemos ver algunas postales, como las que muestran, en San Sebastián, la playa y el balneario de la Perla, así como otras en las que aparecen los balnearios de Trillo y Panticosa, de entre los años 1905 y 1912.

Además del veraneo, a finales del siglo XIX y comienzos del XX se empieza a dar cierta importancia a los beneficios de practicar deporte, por lo que se inicia una actividad nueva de ocio en la que podrán participar las mujeres, mayormente como espectadoras, pero en ocasiones también como participantes. De estas prácticas deportivas, tenemos algunas imágenes en el museo, como en la que se ve a una “Amazona en el hipódromo de la Castellana” (copia de una fotografía de Diego González Ragel de alrededor de entre 1924 y 1933) o las que muestran un “Partido de basketball femenino en el stadium” (copias de unas originales de 1928 de Gerardo Contreras), entre otras.


Museo de Historia de Madrid, Fotografías, tarjetas postales y xilografías de diversos lugares de ocio de Madrid

Fotografías, tarjetas postales y xilografías de diversos lugares de ocio de Madrid.

Sin necesidad de salir de Madrid, el paseo era una de las actividades preferidas y más habituales de los madrileños, además de ser una de las pocas que podían disfrutar en grupo. Entre los espacios más concurridos para pasear, se encontraban el Paseo del Prado, el Paseo de Recoletos o El Retiro.

Entre las piezas expuestas en esta parte de la sala, se hallan varias fotografías, tarjetas postales y xilografías que nos muestran lugares como la Casa de Fieras del Parque de El Retiro, unas lanchas motoras en el lago de la Casa de Campo o el Estanque del Retiro.

También hay algunos lienzos que representan diversos paisajes de Madrid, como el de “Tejados de Madrid” (1899), de Eduardo Chicharro; “La Cibeles y el Paseo de Recoletos en día de nevada” (1876), de Tomás Campuzano y Aguirre; “Vista del Puente de Toledo” (hacia 1880), de Martín Rico Ortega; o la “Fachada del Hospicio” (alrededor de 1900), de José Franco y Cordero.


Museo de Historia de Madrid, Vitrina en la que se exponen algunas prendas de ropa y objetos que se vendían en los comercios de finales del siglo XIX y comienzos del XX, como mantones de Manila o mantillas, entre otros

Vitrina en la que se exponen algunas prendas de ropa y objetos que se vendían en los comercios de finales del siglo XIX y comienzos del XX, como mantones de Manila o mantillas, entre otros.

En medio de este nuevo Madrid, los talleres y los salones de moda comenzaron a instalarse en locales dotados de escaparates a la calle. Poco a poco, se irían extendiendo, además, las casas de moda en las que se vendía ropa ya confeccionada, precursoras de lo que en el siglo XX serían los grandes almacenes.

Los comercios y los talleres de mayor demanda y más apreciados se encontraban entre la Puerta del Sol y las cercanías del Palacio Real, mientras que los de categoría menor estaban en los alrededores de la Calle Toledo.

Entrado el siglo XX, ese comercio de lujo, de grandes tiendas y galerías, se trasladaría a la Gran Vía, lugar que verá reunirse en él la nueva vida comercial de la ciudad.

En la sala, varias vitrinas expositoras nos muestran diferentes piezas, prendas de ropa y objetos que se vendían en los comercios de los que hablamos, como abanicos, chaquetas, guantes, medias, ceñidores, pololos59, polisones60, mantillas, mantones de Manila, etc.


Museo de Historia de Madrid, Diferentes carteles taurinos impresos sobre tela

Diferentes carteles taurinos impresos sobre tela.

Varios carteles impresos sobre tela nos muestran otra de las formas de entretenimiento de la sociedad madrileña: los toros. Las plazas de toros se irán convirtiendo cada vez más en un lugar de ocio y, a medida que crece la población de Madrid, la afición a la llamada “fiesta nacional” irá aumentando, por lo que se irán construyendo cosos61 con un mayor aforo, aunque siempre en la periferia de la ciudad.

La antigua plaza de toros situada en las inmediaciones de la Puerta de Alcalá sería sustituida por otra en los años 80 del siglo XIX y edificada en el Ensanche, en lo que hoy es la Plaza de Felipe II. Pronto se haría necesario levantar una nueva en el paraje llamado Las Ventas del Espíritu Santo, la cual se inauguraría en el año 1934.

Entre los seguidores de esta fiesta, estaba lo más variado de la ciudad, desde la Familia Real hasta personajes de cualquier condición social, pasando, obviamente, por nobles y burgueses. Los toreros y los toros llegarán a ser el tema de conversación en las tabernas y en la calle, especialmente durante el tiempo en que durase la temporada taurina, normalmente entre el Domingo de Resurrección y el final del verano.


Museo de Historia de Madrid, "Modelo del Teatro Real", maqueta hecha por Custodio Teodoro Moreno hacia el año 1835

"Modelo del Teatro Real", maqueta hecha por Custodio Teodoro Moreno hacia el año 1835.

Entre los locales de ocio preferidos por los madrileños, destacará uno por encima de todos: el teatro, lugar en el que la escena y la música tendrían un magnífico desarrollo en esos años. Algunos de los teatros más famosos e importantes de Madrid serán el de la Zarzuela, el de la Comedia, el de la Princesa (llamado desde 1908 Teatro María Guerrero), el Apolo, el Español y, cómo no, el Teatro Real. De varios de ellos podremos conocer brevemente su historia a través de algunas imágenes expuestas y de sus correspondientes carteles explicativos.

Estos edificios contarán con grandes vestíbulos, con salones de entreactos y con otros espacios idóneos en los que la alta burguesía entablaba sus relaciones sociales.

Asimismo, a la par que se levantaban estos grandes teatros, se construían otros de importancia menor y, a veces, incluso de carácter provisional. En ellos, se representaban piezas de corta duración, generalmente de tipo costumbrista, que estaban destinadas a un público popular, si bien también acabarían acudiendo las clases altas.

Una de las vitrinas nos enseña, entre otros objetos relacionados con el mundo escénico, varios abanicos en los que se han representados diversas escenas teatrales. Aquí, también podremos ver unos anteojos hechos en hueso y metal, utilizados para ver desde lejos las obras; una litografía de mediados del siglo XIX del “Teatro de Oriente. Fachada de la plaza de Isabel II”, obra de Andreas Pic de Leopold; una tarjeta postal de entre 1916 y 1923 del “Teatro y circo Price en la plaza del Rey”; una “Portada de la zarzuela Agua, Azucarillos y Aguardiente”, editada en Madrid por Herres hacia el año 1898; y una fotografía del autor teatral Carlos Arniches, hecha en 1910 por Kaulak.

Llamará, asimismo, nuestra atención una maqueta del Teatro Real hecha alrededor del año 1835 por Custodio Teodoro Moreno.


Museo de Historia de Madrid, Sección "La mujer en el siglo XIX"

Sección "La mujer en el siglo XIX".

La siguiente sección a la que pasaremos es la denominada “La mujer en el siglo XIX”, donde podremos hacernos una idea de la vida de las mujeres durante esta centuria, de cuáles eran sus papeles en la sociedad y de cómo fue evolucionando su protagonismo en diferentes ámbitos: desde el punto de vista educativo, su incorporación a la vida laboral, la economía doméstica, etc.

Esta parte del recorrido del museo comienza con una cita del geógrafo español Rafael Torres Campos extraída del “Boletín de la Institución Libre de Enseñanza” del año 1894 y que consideramos interesante reproducir aquí por el mensaje que ya entonces auguraba un futuro necesariamente igualitario para las mujeres, un mensaje que sigue estando vigente en la actualidad, 125 años después: “El siglo que termina podrá llamarse el siglo del advenimiento de la mujer. La mujer ve abrirse al final, ante ella, en la mayor parte de los países, si no todas las carreras, a lo menos los estudios que a ellas conducen. La sociedad contemporánea, que lentamente evoluciona hacia la forma de democracia igualitaria, deberá apoyarse fatalmente sobre una familia constituida según la ley de la igualdad y no según la del despotismo”.


Museo de Historia de Madrid, "María Hahn" (1905), de Raimundo de Madrazo y Garreta, y "En el patio" (1893), de Ricardo de Madrazo y Garreta

"María Hahn" (1905), de Raimundo de Madrazo y Garreta, y "En el patio" (1893), de Ricardo de Madrazo y Garreta.

Aquí, al comienzo de este punto de la visita, nos reciben dos cuadros en los que figuran retratadas sendas mujeres pertenecientes a la clase alta. En primer lugar, obra de 1905 de Raimundo de Madrazo y Garreta, tenemos el retrato de “María Hahn”, esposa del propio pintor y hermana del compositor Reynaldo Hahn; en él, aparece vestida para un baile de disfraces con unos ropajes propios del Siglo de Oro62, con mantilla y portando un antifaz en su mano izquierda. A su lado, hay un cuadro de 1893 titulado “En el patio”, realizado por su hermano Ricardo de Madrazo y Garreta, también pintor y ambos hijos de Federico de Madrazo y Kuntz; en él, se ve a una delicada dama vestida de negro y tocando la guitarra.


Museo de Historia de Madrid, Fotografías de interiores nobiliarios, copias actuales de las originales de principio del siglo XX, obras del fotógrafo Amador

Fotografías de interiores nobiliarios, copias actuales de las originales de principio del siglo XX, obras del fotógrafo Amador.

La primera parte de esta sección se inicia dentro del ámbito doméstico de la mujer de entonces y, como parte de este, se tratará una de las actividades sociales principales: la costumbre de la visita. Las casas más pudientes ya contaban en su interior con un espacio dedicado expresamente a la representación y cuya finalidad era la de recibir a las visitas que acudieran a dicha casa; su tamaño e importancia dependían de la posición social de sus dueños, pudiendo ser desde pequeñas salitas en las viviendas de la pequeña burguesía, a suntuosos y ricos salones en las casas de los miembros de la más alta aristocracia.

En estos salones, sus propietarios exhibían su mobiliario, joyas, obras de arte, etc., todo con el fin de dejar clara su posición social. Un ejemplo de esta zona de las casa lo podemos contemplar en la actualidad, por ejemplo, en el palacio de don Enrique de Aguilera y Gamboa, XXVII Marqués de Cerralbo, hoy Museo Cerralbo.

Veremos en esta área varias copias de fotografías cuyos originales, obras del fotógrafo Amador, datan principios del siglo XX; en ellas, se ven representados algunos interiores de casas nobiliarias, por lo que podremos hacernos una idea de cómo eran estos espacios de recibir de carácter totalmente representativo.


Museo de Historia de Madrid, Fotografías de Lacoste y J. Mon, entre otros, en las que se representan distintos grupos escolares

Fotografías de Lacoste y J. Mon, entre otros, en las que se representan distintos grupos escolares.

Otro de los aspectos a tener en cuenta en esta sección, como indicábamos antes, será la educación de la mujer. A pesar de que durante el siglo XIX se elaboraron algunos planes educativos que supusieron un avance en este terreno, es cierto que la educación recibida por la mayor parte de las mujeres estaba enfocada a la vida doméstica. Mínimamente, aprendían a escribir, leer, algunas operaciones matemáticas, las suficientes para poder llevar las cuentas de la casa, y poco más. En contadas ocasiones, algunas mujeres aprendían francés y a tocar el piano. Y eso entre las mujeres de clase media, ya que las menos pudientes y más humildes apenas conocían la escuela.

Ya durante el último tercio del siglo XIX, se originó un gran debate sobre el derecho de la mujer a la educación; esto conllevó que se llevaran a cabo distintas iniciativas que repercutieron en una notable mejora en la formación y en el acceso (aunque minoritario aún) de la mujer a la enseñanza secundaria y universitaria, algo hasta entonces prohibido. Fue el caso de las “Conferencias Dominicales” o los “Congresos Pedagógicos”.

Mención especial por su importancia requiere la Institución Libre de Enseñanza, proyecto educativo que funcionó entre 1876 y 1936, y que sería la encargada de elaborar los primeros programas pedagógicos dirigidos especialmente a mujeres.

También hay que destacar aquí otras instituciones de gran relevancia, como el Ateneo Artístico y Literario de Señoras, la Asociación para la Enseñanza de la Mujer, la Escuela de Comercio para Señoras, la Escuela de Primaria y de Párvulos o el Curso de Bibliotecarias y Archiveras.

Asimismo, será clave la difusión de la prensa de este movimiento feminista, gracias a lo cual se darían a conocer sus reivindicaciones de derechos laborales, sociales y políticos.


Museo de Historia de Madrid, "El pensamiento infantil. Método de lectura. Lenguaje de los niños" y "El pensamiento infantil. Método de lectura. Lecturas de versos y de manuscritos", de 1895 y 1876, respectivamente, editados por Saturnino Calleja

"El pensamiento infantil. Método de lectura. Lenguaje de los niños" y "El pensamiento infantil. Método de lectura. Lecturas de versos y de manuscritos", de 1895 y 1876, respectivamente, editados por Saturnino Calleja.

Del fotógrafo Lacoste, veremos aquí una serie de imágenes tomadas alrededor de 1920 en las que aparecen varios grupos escolares; también de él es una foto de una “Clase de niñas de las Escuelas Aguirre”, de principios de siglo, mientras que de J. Mon, del mismo tiempo, es la que muestra una “Escuela de niñas”.

En un expositor, se puede ver una tarjeta postal que es, en realidad, un “Abecedario infantil”, además de dos curiosos libros, “El pensamiento infantil. Método de lectura. Lenguaje de los niños” y “El pensamiento infantil. Método de lectura. Lecturas de versos y de manuscritos”, editados en 1895 y 1876, respectivamente, por Saturnino Calleja. La importancia de estos ejemplares radica en que formaron parte de un conjunto de libros sobre pedagogía editados por Calleja, basados en modernas técnicas educativas llegadas de Europa y llenos de ilustraciones; cabe recordar aquí la máxima de Calleja de “Enseñar divirtiendo” y que su lema era “Todo por la ilustración del niño”. Dichas obras serían repartidas, muchas veces haciéndose cargo él mismo de su coste, por las empobrecidas escuelas de los pueblos españoles.


Museo de Historia de Madrid, "Lavadero de la Virgen del Puerto" (1917), de José Muñoz Morillejo, y "Lavaderos junto al Puente de Segovia" (alrededor de 1900), de José Lupiáñez

"Lavadero de la Virgen del Puerto" (1917), de José Muñoz Morillejo, y "Lavaderos junto al Puente de Segovia" (alrededor de 1900), de José Lupiáñez.

Por otro lado, si hablamos de mujeres trabajadoras, debemos hablar de aquellas que formaban parte de las clases menos favorecidas, quienes, además del trabajo doméstico, desempeñaba otras tareas remuneradas fuera del hogar. Ejemplo de ello son las lavanderas, cocineras, planchadoras, modistas, niñeras, amas de cría, etc.

Sin embargo, hay que señalar que ya a finales del siglo XIX comenzará a verse su presencia en algunos talleres y fábricas; en este sentido, es especialmente significativo, por su número y auge, el trabajo de las cigarreras de la fábrica de tabaco, quienes, además, tendrían un papel muy destacado dentro del movimiento obrero de la época.

Los avances en lo que a la formación de mujeres se refieres harán que, ya bien entrado el siglo XX, se incorporen al mercado laboral también las de clase media, que desempeñarán su trabajo en fábricas, talleres y, sobre todo, en oficinas.

En representación de todo esto, podremos ver en la sala, entre otras piezas, varias fotografías, tarjetas postales y dibujos de diferentes autores: “Escuela nacional de puericultura” y “Cocineras” (de aproximadamente 1920), de J. Roig; “Taller de planchado” (1929), de Gerardo Contreras; “Lavanderas” (hacia 1948), de Salvador Bartolozzi; “Modistas madrileñas” y “Lavanderas en el puente de la Reina Victoria”, de Hauser y Menet; “Lavanderas junto al Puente del Rey en la Casa de Campo” (alrededor de 1920), de Manuel Amuriza; y “Escuela del Hogar y Profesional de la Mujer” (hacia 1929), de Férriz. También se exponen una máquina de coser portátil y otra de juguete.


Museo de Historia de Madrid, En el centro de la vitrina, se pueden ver sendas tarjetas postales con fotografías de J. Laurent: "Castañeras" y "En la feria de San Andrés", ambas de 1901. También hay una imagen tomada por Férriz en 1929 de la "Corredera Baja de San Pablo"

En el centro de la vitrina, se pueden ver sendas tarjetas postales con fotografías de J. Laurent: "Castañeras" y "En la feria de San Andrés", ambas de 1901. También hay una imagen tomada por Férriz en 1929 de la "Corredera Baja de San Pablo".

Finalmente, hay que hablar aquí del ámbito de la economía doméstica. Y es que, una vez dentro del mercado laboral, muchas mujeres se dedicarían al pequeño comercio por medio de tiendas, mercados y puestos callejeros. Una muestra de ello son las tarjetas postales con fotografías de J. Laurent tituladas “Castañeras” y “En la feria de San Andrés”, ambas datadas de 1901, y la imagen tomada por Férriz en 1929 de la “Corredera Baja de San Pablo”.

Por otra parte, las mujeres también tendrían un papel destacado dentro del comercio desde el punto de vista de compradoras. Tal y como apuntan en el museo, “La compra, ocupación diaria a la que se dedicaba mucho tiempo y esfuerzo, requería de ciertas habilidades”, pues el dinero entre las clases menos adineradas era escaso y debía ser bien administrado, rastreando los mercados para encontrar los mejores productos al menor precio posible y negociando con los propios comerciantes. Asimismo, el acto en sí de la compra llegó a convertirse en una forma más de entablar relaciones sociales.


Museo de Historia de Madrid, Sección "El Madrid industrioso"

Sección "El Madrid industrioso".

Terminaremos nuestro recorrido por el Museo de Historia de Madrid en la quinta y última sección de esta Planta 2: “El Madrid industrioso”. Madrid no llegaría a ser considerada una ciudad industrial hasta bien entrado el siglo XX, pues, en contraposición a algunos lugares de la periferia de la Península, la revolución industrial apenas si tuvo incidencia aquí. Una de las causas parece estar en la actitud conservadora de la burguesía madrileña del siglo XIX en lo que a inversiones se refiere, estando ésta más enfocada en la especulación, tanto urbanística como financiera, la deuda del Estado y la renta.

Aún así, su red de producción no pudo por menos que notar los cambios de los nuevos tiempos que habían llegado y, de ese modo, las manufacturas cortesanas de antaño, que ya durante el reinado de Fernando VII habían ido perdiendo protagonismo, irían dando paso a otros ramos y otras maneras distintas de organizar el trabajo. Ejemplo de esto sería la industria de la construcción (y todas las actividades que guardaban relación con ella –carpintería, materiales, etc.–), que vivió un pico de aumento como consecuencia de la desamortización de la Iglesia.

También se notaría un auge en otras industrias, debido principalmente a tres focos de atención: por un lado, la atracción hacia la circulación rodada, como el gran taller de coches de Recoletos o, más adelante, los talleres ferroviarios; por otro lado, por la condición de capital de España de Madrid, que conllevaba que en la ciudad tuvieran presencia las fábricas de la moneda, de papel continuo o de artes gráficas, entre otras; y por último, la continua demanda de productos por el alto crecimiento poblacional a causa de la inmigración vivida, lo que incidiría en la industria alimentaria y de bebidas, incluyendo la fábrica de tabacos, la de la confección y los complementos, la de mobiliario, etc.


Museo de Historia de Madrid, Placa ornamental de 1883, obra de los hermanos Zuloaga

Placa ornamental de 1883, obra de los hermanos Zuloaga.

Esta sección nos muestra un buen número de objetos relacionados con diferentes fábricas e industrias madrileñas, expuestos principalmente en la gran vitrina que vemos en la foto anterior.

Como herencia de las reales fábricas del siglo XVIII, por ejemplo, tenemos una botella de entre 1750 y 1800 procedente de la Fábrica de Vidrio de Cadalso de los Vidrios (Madrid) y un juego de café de entre 1821 y 1829 de la Real Fábrica de la Moncloa; varias piezas de vajilla de entre 1818 y 1833 de la Real Fábrica de Loza Propia de S.M.; o unas placas ornamentales de 1883 obra de los hermanos Zuloaga, entre otros.

Vinculados a esas nuevas industrias, hay numerosas muestras en esta misma vitrina: una cámara fotográfica de fuelle de 1890, matrices63 de fotograbados64 de alrededor del año 1900, distintas cajas de metal que en su día guardaron diferentes alimentos (café El Cafeto, dulce de frutas La Esmeralda, de una destilería de licores), otra de “Chocolates y dulces Matías López” de hacia 1910, una variedad de piezas de perfumería y cosmética, una lámpara de gas, etc.


Museo de Historia de Madrid, Cartel de "El Eco de la Zapatería Española y Americana", fotograbado de alrededor de 1902 de Barredo

Cartel de "El Eco de la Zapatería Española y Americana", fotograbado de alrededor de 1902 de Barredo.

Finalmente, un conjunto de fotografías, xilografías, tarjetas postales y cuadros nos enseñan las fábricas de las que saldrían los productos demandados por la sociedad moderna. Por citar algunos: “El matadero” (1873), xilografía de Tomás Carlos Capuz; “El Matadero Municipal en construcción”, con fotografías de alrededor de 1928 del interior de una de las naves, del edificio del reloj y los establos lanares; “Fábrica de almidón en el Pósito de Madrid”, “Fábrica de masa y tahona en el Pósito de Madrid” y “Fábrica de escayola en el Pósito de Madrid”, todos ellos lienzos de hacia 1866 de Juan García Martínez; “Escuela de Ingenieros de Minas”, tarjeta postal de Grafos de entre 1921 y 1933; anónima es, por ejemplo, la lámina que representa el “Incendio de la Real Fábrica de Coches de Madrid”, de aproximadamente 1800; de Barredo es el fotograbado “El Eco de la Zapatería Española y Americana”, de hacia 1902; y una xilografía de Bernardo Rico y Ortega con los “Jardines y fachada principal del Ministerio de la Guerra iluminados con la luz eléctrica (1882), entre otros.


Museo de Historia de Madrid, "Portada del Hospital de La Latina" y "Caserío de barrios bajos madrileños", ambos de Joaquín Sorolla y Bastida de 1883

"Portada del Hospital de La Latina" y "Caserío de barrios bajos madrileños", ambos de Joaquín Sorolla y Bastida de 1883.

A la par que Madrid como ciudad va viviendo el paso del tiempo e intenta irse adaptando al progreso de la nueva época, sus gentes siguen el mismo proceso y, durante décadas, se asistirá a una coexistencia de lo tradicional con lo nuevo, del ensanche ordenado con una periferia un tanto caótica, de los barrios bajos de carácter aún costumbrista con las áreas más cosmopolitas.

Como apuntan en el museo, “No es casual la aparición del artista flâneur, que vive el detalle urbano”, como las luces, el tráfico, etc. Y es que al amparo de esta nueva realidad, nacerá el ambiente bohemio, captado en toda su esencia por el que sería uno de los grandes inventos del siglo XIX: la fotografía.

Como imagen antagónica de este progreso del que hablamos, en esta parte del museo podremos contemplar un conjunto de cuadros que representan una realidad muy distinta y muy alejada de los nuevos servicios que se disfrutan en los barrios modernos: “Arroyada de las Huertas del Luche” (1873), de José Giménez Fernández; “Madrid desde la noria de la Casa de Campo” (1896), de Agustín Lardhy; “El asilo de San Bernardino” (1903) y “Madrid desde el Manzanares” (1905), de Aureliano de Beruete; “Pobres del Asilo de San Bernardino de Madrid calentándose al sol”, de Pharamond Blanchard; y “Portada del Hospital de La Latina” y “Caserío de barrios bajos madrileños”, ambos obra de Joaquín Sorolla y Bastida del año 1883.


Museo de Historia de Madrid, Fotogafías del primer tercio del siglo XX de Eugenio Páez, por un lado, y del Servicio Fotográfico Municipal, por otro, en las que se muestran diversas zonas del Madrid de entonces

Fotogafías del primer tercio del siglo XX de Eugenio Páez, por un lado, y del Servicio Fotográfico Municipal, por otro, en las que se muestran diversas zonas del Madrid de entonces.

Las notables diferencias sociales que había en el Madrid de finales del siglo XIX se verán reflejadas en la conversión topográfica de la ciudad, cuyo paisaje urbano será a partir de entonces eminentemente vertical, con bloques de viviendas en lugar de las hasta ese momento típicas casas de una o dos alturas.

Por otro lado, hay que tener en cuenta que las viviendas de una misma finca podían ser muy distintas entre sí en función de la planta en la que estuvieran situadas, pues mientras en el piso principal se gozaba de todos los adelantos, en las buhardillas, generalmente usadas como viviendas para el servicio, no llegaban ni los servicios básicos, como la luz o el agua.

Bien entrado el siglo XX, estas diferencias irían reduciéndose poco a poco y, así, las casas de las familias más adineradas comenzarían a reducir su tamaño, mientras que las de los más humildes tendrían una mejora en sus condiciones.

Como ejemplo de esto que hablamos, en la vitrina dedicada a este apartado, podremos contemplar una serie de fotografías en las que se representan distintas zonas de Madrid: “Barrio de la plaza de toros”, “Chozas en la calle de las Peñuelas”, “Callejón interior”, “Mujeres sentadas al sol”, “Calle Hernani” y “Callejón del oeste”, todas ellas de Eugenio Páez de alrededor de 1900; y una copia actual de un original de 1930 perteneciente al Servicio Fotográfico Municipal donde vemos la “Corrala de Lavapiés”.


Museo de Historia de Madrid, Ómnibus (Faetón, vagoneta tipo break), de entre 1800 y 1900.)

Ómnibus (Faetón, vagoneta tipo break), de entre 1800 y 1900.).

Antes de irnos, nos detendremos a observar un par de objetos más. Por un lado, tenemos un busto de Alfonso XIII realizado en mármol blanco en el año 1902 por el escultor Mariano Benlliure. Por otro lado, la exposición acaba aquí con un ómnibus66, en este caso un faetón67, una vagoneta tipo break de entre 1800 y 1900. Y es que los nuevos transportes, como el ferrocarril o el tranvía, y ya a comienzos del siglo XX los vehículos a motor de explosión, no consiguieron dejar de lado por completo los carruajes tradicionales, como éste que aquí se expone. Tal y como comentan en el museo, durante bastante tiempo se vio por Madrid “todo tipo de vehículos que atendían las necesidades de locomoción de los madrileños, como los coches de punto o los ómnibus (grandes carruajes o faetones, a modo de vagones, tirados por dos o cuatro caballerías)”. Estos vehículos de tracción animal comenzaron a entrar en declive a raíz de la electrificación de las líneas del tranvía, en el año 1898, y cuando se inauguró el primer servicio de taxis, en 1909.


Lourdes Morales Farfán es Licenciada en Periodismo por la Universidad Rey Juan Carlos. ↑


AGRADECIMIENTOS

Desde "una Ventana desde Madrid", queremos agradecer a la dirección del museo y a su departamento de comunicación las facilidades dadas para la realización de este reportaje, así como la ayuda y la atención prestadas por el personal del museo.

Belén Napolitano del siglo XVIII


Museo de Historia de Madrid, Belén Napolitano del siglo XVIII

Belén Napolitano del siglo XVIII.

Uno de los elementos de particular importancia con que cuenta el museo en su colección y cuya exposición suele ser temporal y coincidente, obviamente por su temática, con la Navidad, es un Belén Napolitano del siglo XVIII. Adquirido por el museo en el año 2004, está compuesto por 51 figuras humanas –de unas dimensiones que van desde los 11 hasta los 36 cm–, ángeles, animales y otros complementos, como alimentos, jaulas, etc.

Estas figuras, muy detalladas y realistas, están formadas por una mezcla de personajes de la Italia popular de entonces (nobles, burgueses, campesinos o pastores), vestidos a la moda del siglo XVIII, y de otros orientales que componen la comitiva de los Reyes Magos. Esta imágenes, al estar hechas con una armazón de alambre recubierta de estopa, permiten su articulación, con lo cual se puede representar mejor su movimiento. A la anterior estructura, se le añaden las extremidades, siendo las cabezas, brazos y manos de barro cocido.

Aunque un belén no es sino la representación del nacimiento de Jesús y, por tanto, del pesebre donde nació, en los belenes napolitanos toma gran importancia la visión de la actividad existente alrededor de aquel, simbolizando un día normal de mercado, algo que puede entenderse al ser ésta una imagen ajena al trascurrir diario de la aristocracia. En el belén del museo, el humilde pesebre ha sido sustituido por unas ruinas clásicas, como las que se descubrieron en Herculano (antigua ciudad romana enterrada por la erupción del Vesubio a la par que Pompeya) poco antes de la llegada de Carlos III al trono de Napoles.

A pesar de que normalmente se tiende a pensar que este tipo de belenes napolitanos fueron introducidos en el país con la llegada al trono español en 1759 de Carlos III por haber sido anteriormente, entre 1734 y 1759, rey de Nápoles, lo cierto es que ya existían belenes así antes. Entre ellos, se puede destacar el Belén de Jesús, del siglo XV, de Palma de Mallorca, o el belén del siglo XVII existente en el Monasterio de las Madres Clarisas de Monforte de Lemos y que pudo ser donado por el conde de Lemos, quien fue nombrado virrey de Nápoles en 1608. Lo que sí parece que siguió a la introducción del belén napolitano en España es la desaparición de dos figuras que tradicionalmente formaron parte del belén español en época de los Austrias. Se trata del Caballero de la Estrella, quien porta la estrella que guía a los Reyes Magos hasta Belén, y el Heraldo, que anuncia la llegada del Rey de Reyes. Un ejemplo de este tipo de belenes es el del Monasterio de las Carboneras, en Madrid.

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- Museo de Historia de Madrid (I)
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GLOSARIO

- 1 Cortesano: Perteneciente o relativo a la corte. // Palaciego que servía al rey en la corte.
- 2 Corregidor: Magistrado que en su territorio ejercía la jurisdicción real con mero y mixto imperio, y conocía de las causas contenciosas y gubernativas, y del castigo de los delitos. // Alcalde que libremente nombraba el rey en algunas poblaciones importantes para presidir el ayuntamiento y ejercer varias funciones gubernativas.
- 3 Barroco: Dicho de un estilo arquitectónico o de las artes plásticas: Que se desarrolló en Europa e Iberoamérica durante los siglos XVII y XVIII, opuesto al clasicismo y caracterizado por la complejidad y el dinamismo de las formas, la riqueza de la ornamentación y el efectismo.
- 4 Cofia: Red de seda o hilo, que se ajusta a la cabeza con una cinta pasada por su jareta, que usaban los hombres y las mujeres para recoger el pelo. // Gorra que usaban las mujeres para abrigar y adornar la cabeza, hecha de encajes, blondas, cintas, etc., y de varias formas y tamaños.
- 5 Jubón: Vestidura que cubría desde los hombros hasta la cintura, ceñida y ajustada al cuerpo.
- 6 Petimetre: Persona que se preocupa mucho de su compostura y de seguir las modas.
- 7 Costumbrismo: En las obras literarias y pictóricas, atención que se presta al retrato de las costumbres típicas de un país o región.
- 8 Sainete: Obra teatral en uno o más actos, frecuentemente cómica, de ambiente y personajes populares, que se representa como función independiente. // Pieza dramática en un acto, de carácter popular y burlesco, que se representaba como intermedio o al final de una función.
- 9 Coliseo: Sala construida para espectáculos públicos.
- 10 Mecenazgo: Protección o ayuda dispensadas a una actividad cultural, artística o científica.
- 11 Vítreo: Hecho de vidrio o que tiene sus propiedades. // Parecido al vidrio.
- 12 Rapé: Tabaco rapé. // Tabaco de polvo, más grueso y más oscuro que el ordinario y elaborado con hoja cortada algún tiempo después de madurar.
- 13 Rocalla: Decoración disimétrica inspirada en el arte chino, que imita contornos de piedras y de conchas y caracteriza una modalidad del estilo dominante en el reinado de Luis XV de Francia en la arquitectura, la cerámica y el moblaje.
- 14 Neoclasicismo: Movimiento literario y artístico dominante en Europa desde finales del siglo XVII y a lo largo del siglo XVIII, que aspira a restaurar el gusto y las normas del clasicismo15 grecorromano.
- 15 Clasicismo: Estilo artístico o literario conforme a los ideales de la Antigüedad grecorromana.
- 16 Estilo imperio: Es el estilo artístico característico en la Francia de principios del siglo XIX, en tiempos del I Imperio Francés, bajo el gobierno de Napoleón Bonaparte. Se caracteriza por la solidez de sus formas y la profusión de motivos decorativos.
- 17 Piedra dura: Piedra de la naturaleza del pedernal, como la calcedonia, el ópalo y otras.
- 18 Cornucopia: Espejo de marco tallado y dorado, que suele tener en la parte inferior uno o más brazos para poner velas cuya luz reverbere en el mismo espejo.
- 19 Presbítero: En el catolicismo, eclesiástico al que se le ha conferido, por el sacramento del orden, el segundo grado de la jerarquía eclesiástica.
- 20 Escribanía: Caja portátil que llevaban pendiente de una cinta los escribanos y los niños de la escuela, en que había un estuche para las plumas y un tintero.
- 21 Candelero: Utensilio que sirve para mantener derecha la vela o candela, y consiste en un cilindro hueco unido a un pie por una barreta o columnilla.
- 22 Salvilla: Bandeja para diversos usos, a veces con una o varias encajaduras donde se colocan copas, tazas u otros recipientes.
- 23 Macerina: Mancerina. // lato con una abrazadera circular en el centro, donde se coloca y sujeta la jícara24 en que se sirve el chocolate.
- 24 Jícara: Vasija pequeña, generalmente de loza, que suele emplearse para tomar chocolate.
- 25 Cupido: Representación pictórica o escultórica del amor, en la forma de un niño desnudo y alado que suele llevar los ojos vendados y porta flechas, arco y carcaj.
- 26 País: Tira de papel, piel o tela que cubre la parte superior del varillaje del abanico.
- 27 Varillaje: Conjunto de varillas de un utensilio, especialmente un abanico, un paraguas o un quitasol.
- 28 Papel vitela: Papel liso y sin grano, de gran calidad, cuya superficie permite la reproducción detallada de los dibujos más finos.
- 29 Rentas estancas: La llegada de los Borbones a España trajo una reestructuración de la Real Hacienda y el sistema de impuestos, creándose aduanas y direcciones generales de rentas. Una de las claves para la recaudación de impuestos fueron las llamadas "rentas estancas" o "rentas estancadas". La Corona se hizo con el monopolio sobre algunos productos como el tabaco, la pólvora, la sal, el aguardiente y los naipes, entre otros; a los productores, se les imponía un precio de compra y los artículos eran procesados en las reales fábricas que se construyeron. Finalmente, esos productos eran vendidos a un precio único por los funcionarios de la Corona.
- 30 Arcabucero: Fabricante de arcabuces31 y de otras armas de fuego.
- 31 Arcabuz: Arma de fuego portátil, antigua, semejante al fusil, que se disparaba prendiendo la pólvora del tiro mediante una mecha móvil incorporada a ella.
- 32 Mosquetón: Arma de fuego más corta que el fusil y de cañón rayado.
- 33 Lizo: Hilo fuerte que sirve de urdimbre34 para ciertos tejidos.
- 34 Urdimbre: Conjunto de hilos que se colocan en el telar paralelamente unos a otros para formar una tela.
- 35 Cartela: Pedazo de cartón, madera u otra materia, a modo de tarjeta, destinado para poner o escribir en él algo.
- 36 Ilustración: Movimiento filosófico y cultural del siglo XVIII que acentúa el predominio de la razón humana y la creencia en el progreso.
- 37 Estilo Imari: Estilo decorativo de cerámica japonesa cuyo fin era la exportación a Europa desde mediados del siglo XVI, distribuyéndose desde el puerto de Arita.
- 38 Consola: Mesa hecha para estar arrimada a la pared, comúnmente sin cajones y con un segundo tablero inmediato al suelo.
- 39 Taracea: Embutido hecho con pedazos menudos de chapa de madera en sus colores naturales, o de madera teñida, concha, nácar y otras materias. // Entarimado hecho de maderas finas de diversos colores formando dibujo.
- 40 Azogue: Mercurio.
- 41 Alabastro: Variedad de piedra blanca, no muy dura, compacta, a veces traslúcida, de apariencia marmórea, que se usa para hacer esculturas o elementos de decoración arquitectónica.
- 42 Palmatoria: Especie de candelero bajo, con mango y pie, generalmente de forma de platillo.
- 43 Valido: Hombre que, por tener la confianza de un alto personaje, ejercía el poder de este.
- 44 Terracota: Arcilla modelada y endurecida al horno. // Escultura de pequeño tamaño hecha de arcilla endurecida.
- 45 Absolutismo: Sistema de gobierno absoluto.
- 46 Palimpsesto: Manuscrito antiguo que conserva huellas de una escritura anterior borrada artificialmente.
- 47 Desamortización: Desamortizar: Poner en estado de venta los bienes de manos muertas, mediante disposiciones legales. Por medio de varias desamortizaciones, se pusieron a la venta terrenos y otras propiedades de las llamadas “manos muertas” (la Iglesia y las órdenes eclesiásticas), quienes mediante donaciones y testamentos habían llegado a tener una extensión de terreno sólo inferior a las del rey y la aristocracia. Por estas expropiaciones y ventas la Iglesia no recibió nada a cambio. La Desamortización del ministro Mendizábal, llevada a cabo en 1836, fue una de las mayores y obtuvo unos resultados muy alejados de lo que se deseaba: la creación de una clase media en España. Sin embargo, sí fue de gran importancia en la historia de España, al expropiar gran parte de las posesiones eclesiásticas sin recibir la Iglesia, como decimos, nada a cambio. Desgraciadamente, las comisiones municipales encargadas de gestionar los trámites modificaron los lotes de terreno en venta, agrupándolos en grandes partidas que alcanzaban unos precios sólo asumibles por la nobleza y la burguesía adinerada.
- 48 Litografía: Arte de dibujar o grabar en piedra preparada al efecto, para reproducir, mediante impresión, lo dibujado o grabado.
- 49 Despotismo: Autoridad absoluta no limitada por las leyes. // Despotismo ilustrado: Política de algunas monarquías absolutas del siglo XVIII, inspirada en las ideas de la Ilustración y el deseo de fomentar la cultura y prosperidad de los súbditos.
- 50 Liberalismo: Doctrina política que postula la libertad individual y social en lo político y la iniciativa privada en lo económico y cultural, limitando en estos terrenos la intervención del Estado y de los poderes públicos.
- 51 Caserío: Conjunto de casas de una población.
- 52 Exedra: Construcción descubierta, de planta semicircular, con asientos fijos en la parte interior de la curva.
- 53 Mentidero: Lugar donde se reúne la gente para conversar.
- 54 Ateneo: Asociación cultural, generalmente de tipo científico o literario.
- 55 Quinqué: Lámpara de mesa alimentada con petróleo y provista de un tubo de cristal que resguarda la llama.
- 56 Xilografía: Arte de grabar en madera. // Impresión tipográfica hecha con planchas de madera grabadas.
- 57 Variedades: Espectáculo teatral ligero en que se alternan números de diverso carácter.
- 58 Hotel: Vivienda con jardín, más o menos aislada de las colindantes y habitada por una sola familia.
- 59 Pololo: Pantalón corto, generalmente bombacho, que usan los niños pequeños. // Pantalón bombacho corto usado por niñas y mujeres para hacer gimnasia. Pantalones bombachos cortos que se ponen debajo de la falda y la enagua, y forman parte de algunos trajes regionales femeninos.
- 60 Polisón: Armazón que, atada a la cintura, se ponían las mujeres para que abultasen los vestidos por detrás.
- 61 Coso: Plaza, sitio o lugar cercado, donde se corren y lidian toros y se celebran otras fiestas públicas.
- 62 Siglo de Oro: Período de apogeo cultural español que abarca los siglos XVI y XVII.
- 63 Matriz: Cada uno de los caracteres o espacios en blanco de un texto impreso.
- 64 Fotograbado: Procedimiento de grabar un cliché65 fotográfico sobre planchas de cinc, cobre, etc.
- 65 Cliché: Tira de película fotográfica revelada, con imágenes negativas.
- 66 Ómbibus: Vehículo de transporte colectivo para trasladar personas, generalmente dentro de las poblaciones.
- 67 Faetón: Carruaje descubierto, de cuatro ruedas, alto y ligero.

DATOS DE INTERES

HORARIOS DE APERTURA/VISITA:

- De martes a domingo: 10:00 a 20:00 horas.
El museo permanecerá cerrado todos los lunes del año y los días 1 y 6 de enero, 1 de mayo y 24, 25 y 31 de diciembre.

LOCALIZACIÓN Y COMUNICACIONES:

TREN:

- Estación de Recoletos (Líneas de Cercanías Madrid C-1, C-2, C-7, C-8 y C-10

METRO:

- Estación de Tribunal, Líneas 1 y 10.
- Estación de Bilbao, Líneas 1 y 4.
- Estación de Alonso Martínez, Líneas 4, 5 y 10.

AUTOBÚS:

- Líneas 3. 21, 37, 40, 147 y 149.

COCHE:

- Aparcamiento público: Calle Barceló, 15.


Los datos de comunicaciones se han obtenido mayoritariamente, en abril de 2019, de la información facilitada en su web oficial por el Museo de Historia de Madrid, no haciéndose "una Ventana desde Madrid (uVdM)" responsable de las posibles modificaciones de horarios y otros datos que puedan llevar a cabo en el futuro los organismos aquí citados.


BIBLIOGRAFIA Y ENLACES EXTERNOS:
- Isabel Tuda Rodríguez y María Josefa Pastor Cerezo (coordinación), con la colaboración de Eva Corrales Gómez, Beatriz Gómez Saiz y Sonia Fernández Esteban: “Abanicos: la colección del Museo Municipal de Madrid”; editado por el Museo Municipal de Madrid (Ayuntamiento de Madrid), 2002; ISBN: 84-7812-558-2; Depósito Legal: M. 58.822-2002.
- Museo de Historia de Madrid
- Real Fábrica de Porcelana del Buen Retiro. Madrid, 1760 – Madrid, 1850
- Web oficial de la Real Fábrica de Tapices
- Portal Europeana
- “Los populares “cuentos de Calleja” se exponen en la BNE”, Biblioteca Nacional de España, 25/06/2015
- DRAE

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