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Museos de Madrid

Museo de Historia de Madrid (I)


Museo de Historia de Madrid

Museo de Historia de Madrid.

El Museo de Historia de Madrid, con una colección que recorre la historia de la ciudad desde 1561 hasta el inicio de la Primera Guerra Mundial (1914-1918), tiene su sede en el antiguo Hospicio de San Fernando, un emblemático edificio del siglo XVIII. En él, se recoge la historia de la ciudad desde que ésta era un pueblo al que llega la Corte española en 1561 hasta su transformación en una moderna y cosmopolita capital europea a principios del siglo XX. Antes de comenzar nuestro recorrido por la exposición permanente, veamos primero la historia tanto del museo como del edificio que le sirve de sede.

El Real Hospicio del Ave María y Santo Rey don Fernando tiene sus orígenes en el siglo XVII, en particular en el año 1624, fecha en la que San Simón de Rojas (beato canonizado el 3 de julio de 1988 por el Papa Juan Pablo II), junto a su Congregación del Santo Nombre de María, se propone acoger provisionalmente a los mendigos que había por las calles de Madrid en la casa del presbítero don Pedro Fernández Navarrete. Más adelante, en 1668, se trasladan hasta una casa de la Calle Santa Isabel que para el usufructo de esta organización les cede el conde del Puerto. En 1674, la institución se vuelve a mudar de sede hasta unas casas de la Calle de Fuencarral, al lado de los pozos de nieve1, y pasa a estar a cargo de la nueva Hermandad del Ave María y San Fernando, creada por la reina gobernadora Mariana de Austria, viuda de Felipe IV.

A finales de esta centuria, se decide construir un nuevo edificio que esté en consonancia con la utilidad que desempeña, una labor en la que intervinieron diferentes arquitectos, como José Arroyo, Felipe Sánchez, Teodoro Ardemans, Filippo Pallota o Francisco Sevilla, hasta que se paralizan las obras debido a la Guerra de Sucesión Española (1701-1713). De esta primera fase es la capilla, construida entre 1699 y 1703 por José Arroyo y en la que se instaló el cuadro “San Fernando ante la Virgen”, obra de Luca Giordano (Nápoles, 18 de octubre de 1634 – ibidem, 3 de enero de 1705) .

El edificio que en la actualidad conocemos es de principios del siglo XVIII y su construcción se llevó a cabo mediante la ampliación del anterior inmueble durante unas obras desarrolladas entre 1721 y 1726. Éstas comenzaron en un primer período en el que se levantaron los alojamientos, así como las cocinas, la tahona, la despensa o los refectorios2 y continuaron, en una segunda etapa, con la sala de juntas, el archivo, la portería, el granero, la ropería3 o las caballerizas. La fábrica de este conjunto durante el reinado de Felipe V fue promovida por el Marqués de Vadillo, corregidor4 madrileño, quien encargó el proyecto al arquitecto Pedro de Ribera, uno de los principales representantes del barroco5 y autor de otras notables obras en Madrid, como la Ermita de la Virgen del Puerto, el Puente de Toledo, el Cuartel del Conde Duque o la fachada y la torre de la Iglesia de Santa María la Real de Montserrat. La idea del marqués era que los allí acogidos pudieran desarrollar una profesión con la que ganarse la vida, como la elaboración de instrumentos de música, la confección de tejidos, etc.

Museo de Historia de Madrid, Portada del antiguo Real Hospicio del Ave María y Santo Rey don Fernando

Portada del antiguo Real Hospicio del Ave María y Santo Rey don Fernando.

Ribera proyectó el edificio en 1720, mientras que las obras comenzarían al año siguiente, en 1721, habiendo concluido ya en 1725. En este gran complejo, Ribera aunó la sencillez del conjunto con la exuberante ornamentación de su portada, esculpida por Juan Ron y considerada por algunos como el mejor ejemplo del barroco madrileño. A pesar de la importancia que tienen los otros edificios de la ciudad de los que Ribera también es el autor de sus portadas, como son los palacios de Miraflores, Perales o Santoña, el Cuartel del Conde Duque o la Iglesia de Montserrat, es ésta la más elaborada de todas, quizás, como podemos leer en el libro “El Palacio Real y la arquitectura de Felipe V de Borbón. Guía de Madrid y La Granja”, de Ramón Guerra de la Vega, por la insistencia puesta en ello por el Marqués de Vadillo, que quería elevar la categoría de lo que debía ser la asistencia social, desarrollada hasta entonces como una labor piadosa llevada a cabo por órdenes religiosas.

Este tipo de portada, construida en el estilo que posteriormente se llamaría churrigueresco8, con sus cortinajes, estípites9, florones11, guirnaldas y óculos12, tiene su origen en los retablos del siglo XVII. En ella, destaca su eje central, formado por el escudo real de Felipe V, por encima de éste, la imagen de la Virgen, y coronando el conjunto, la figura de San Fernando, a cuya tutela se acoge el edificio. El santo rey aparece con armadura de caballero, con dos moros vencidos a sus pies y recibiendo las llaves de Sevilla del arrodillado gobernador de la ciudad, representando así su rendición.

Esta política de construir un hospicio en el que poder enseñar un oficio a los que, por los motivos que fuera, habían quedado marginados socialmente se extendió por Europa tras las órdenes que dio Luis XIV, rey de Francia entre 1643 y 1715, de construir uno en cada ciudad francesa de cierta importancia. A nuestro país, esta política vino de la mano de Felipe V, rey de España entre 1700 y 1746, y nieto del soberano francés, quien, siguiendo el ejemplo de éste, procuró que en cada capital de provincia existiese un hospicio.

Sin embargo, a pesar de que los Hospicios fueron creados como un lugar donde acoger a los vagabundos mientras se les daba la una formación suficiente que les permitiera dejar la mendicidad, en la práctica esto no fue así, convirtiéndose estos recintos en auténticas cárceles para los mendigos que eran allí internados, obligándoles a estar un mínimo de ocho años en ellos.

Al final del reinado de Carlos III, en 1786, se terminaba con la política de los hospicios mediante una ley que obligaba a todos los pobres y vagabundos a abandonar Madrid y regresar a sus obispados de origen, a la par que volvía a reclutar a los vagabundos a la fuerza para el ejército y la marina. Era ésta una práctica que se había abandonado tras la llegada de Felipe V, con quien se intentó crear un ejército profesional a la vez que se utilizaba a los vagabundos en las obras públicas. Tras esta norma, a los hospicios sólo podían entrar, por un mínimo de ocho años, los inválidos, las mujeres y los niños. Estos internos no tenían ni la capacidad física ni la motivación necesaria para aprender una profesión, por lo que su permanencia en ellos se convertía más en un encierro que en una oportunidad de formación, pasando el hospicio a ser detestado por el pueblo.

Antes de la anterior ley, en 1785, se habían creado en las capitales de provincia y de partido las Juntas Generales de Caridad con la misión de socorrer a las personas que de verdad fueran pobres. Para ellos, disponían de 30.000 ducados anuales a cargo de los presupuestos estatales, del dinero que la Iglesia destinaba a estos fines con el nombre de Fondo Pío Beneficial y de la ayuda de particulares. Estas Juntas ayudaban a las personas sin empleo, acogían a las mujeres embarazadas y creaban escuelas y fábricas de pasamanería13 para niños y necesitados.

Poco después de su construcción, entre 1725 y 1742, Ribera trazó una primera ampliación del edificio, siendo Francisco Moradillo quien llevaría a cabo estas obras entre 1742 y 1760. Más adelante, José Pérez, Marcos de Viana y José Gómez realizaron una reforma y una segunda ampliación del hospicio en unos trabajos que debieron de ejecutarse entre 1760 y 1799.

A principios del siglo XIX, el hospicio, cada vez con menos recursos a la par que en la ciudad aumenta el número de mendigos, ve peligrar su existencia, uniéndose en 1842, como Primera Casa de Socorro, al entonces nuevo Asilo de San Bernardino. Esta unión no duró mucho y, cuando se separan, en 1852, el hospicio pasa a depender de la Diputación Provincial. Desde entonces, el edificio comienza una trayectoria de descomposición que obliga, en 1917, al traslado provisional de la institución hasta la población de Aranjuez.

La diputación tiene la intención de construir un nuevo hospicio y derribar el anterior, por lo que la Sociedad Central de Arquitectos y las academias de Arte y de Historia, teniendo el informe a favor de la Junta Superior de Excavaciones, logran, el 22 de noviembre de 1919, que el edificio fuese declarado Monumento Arquitectónico Artístico. Aunque esta protección sólo alcanzó a la fachada, la portada, la capilla y la primera crujía. Tras el inicio del derribo, en 1923, el Ayuntamiento de Madrid compra lo que se había salvado del edificio el 22 de octubre de 1924, y confía al arquitecto Luis Bellido su adaptación como Museo y Biblioteca Municipal.

Bellido también realizó los jardines aledaños, en los cuales, en la década de los años 30 del pasado siglo XX, se instaló la primera piscina municipal.

Museo de Historia de Madrid, Sección "Babilonia Cosmopolita" perteneciente al conjunto expositivo, de la Planta 0, "Madrid 1562-1700. Villa, corte y capital de dos mundos"

Sección "Babilonia Cosmopolita" perteneciente al conjunto expositivo, de la Planta 0, "Madrid 1562-1700. Villa, corte y capital de dos mundos".

Surge así el Museo de Historia de Madrid, inaugurado el 10 de junio de 1929 como Museo Municipal y Biblioteca Municipal, estando destinada la mayor parte de la planta baja a biblioteca, mientras que la capilla se dedicaba a sala de lectura. El museo, cuyo primer director sería el célebre poeta Manuel Machado, estaría regido por un patronato hasta 1947. El 21 de diciembre de ese año se inaugura la “Exposición del Antiguo Madrid” con el objeto de salvaguardar la memoria del pasado en unos años en los que la ciudad experimentaba rápidos cambios.

Durante la Guerra Civil Española (1936-1939), en el museo, cerrado y protegido por un muro de ladrillos, se guardan, además de su colección, distintos objetos artísticos procedentes de varios palacios madrileños. Finalizada ésta, el espacio vuelve a abrir sus puertas el 10 de junio de 1942, incorporando el Museo de Prehistoria de Madrid. Anteriormente, en 1941, se había instalado la Fuente de la Fama, obra también de Pedro Ribera, en los jardines realizados por Bellido.

Entre 1955 y 1977, debido a obras de restauración, el museo estuvo cerrado, salvo para acoger algunas exposiciones. El 7 de junio de este último año se reinauguraron el museo y la biblioteca municipales, abriendo solamente las tres antiguas salas de la maqueta, de planos y de grabados. No es hasta el año 1978 cuando, con la exposición “Madrid hasta 1875. Testimonio de su historia”, se produce la que puede ser la verdadera reapertura del museo con una exposición permanente de más de 1.500 objetos.

En 1980, el museo se abre a los jóvenes artistas con la exposición “Madrid D.F”. En 1993, se crea un nuevo espacio dedicado al siglo XX en el que se expondría el despacho de Ramón Gómez de la Serna.

Después del traslado de la Biblioteca Municipal al Cuartel del Conde Duque en 1990, el museo gana espacio, adaptándose la antigua capilla, hasta entonces depósito de libros y sala de lecturas, como sala de conferencias y espacio de arte por el arquitecto Joaquín Roldán. Es entonces cuando, tras haber estado oculto durante más de dos siglos por haber sido repintado, se halla el cuadro de Luca Giordano de “San Fernando ante la Virgen”.

Museo de Historia de Madrid, Cuadro "San Fernando ante la Virgen", de Luca Giordano. Principios del siglo XVIII

Cuadro "San Fernando ante la Virgen", de Luca Giordano. Principios del siglo XVIII.

En 1992, dentro los actos dependientes de la designación de Madrid como Capital Cultural Europea, se inaugura “Madrid Pintado: la imagen de Madrid a través de la pintura”, una de las exposiciones de mayor éxito que ha tenido la institución.

En 1995, bajo la dirección de los profesores de petrología (estudio de las rocas) José María García de Miguel y Lázaro Sánchez Castillo, se restauró la portada. En el año 2000, se abre el Museo de San Isidro, y en 2001, el de Arte Contemporáneo, acogiendo ambos parte de las colecciones que hasta entonces formaban parte del Museo Municipal, por lo que éste pasa a ser, en el año 2007, Museo de Historia de Madrid, marcándose unos nuevos límites cronológicos en su exposición que abarcan desde el momento en que la ciudad pasa a ser capital de la Corona española, en 1561, hasta los primeros años del siglo XX.

Entre los años 2002 y 2010, se lleva a cabo una serie de obras en él que obligaron a que el espacio expositivo se redujera a la capilla barroca, en la que se instaló una muestra de la colección del museo. En 2008, se cierra por completo el edificio, y en 2011, se abre parcialmente para algunas exposiciones. Finalmente, en el año 2014, el Museo de Historia de Madrid abre de nuevo sus puertas como un moderno y renovado espacio museístico con 2.100 m2 de exposición permanente. Un espacio que en la actualidad, año 2019, tiene previsto ampliar la cronología de la exposición abarcando los siglos XX y XXI.

A través de las colecciones que en él se exponen –entre las que destacan las de abanicos, dibujos, estampas, fotografías, pinturas, porcelanas y postales–, se nos ofrece una visión de la evolución, tanto histórica como urbana, de la capital de España, de las artes y de las costumbres y vida de sus habitantes. Esta colección tiene como piezas más destacadas la “Alegoría de Madrid”, de Francisco de Goya, y el “Modelo de Madrid” de Gil de Palacio, de 1830, considerada una de las maquetas más importantes de Europa.

El museo, para su colección permanente, se divide en las siguientes cuatro plantas:

- Planta -1: Cartografía y Maqueta.

- Planta 0: Madrid 1561-1700. Villa, Corte y capital de dos mundos.

- Planta 1: Madrid 1700-1814. Centro ilustrado del poder.

- Planta 2: Madrid 1814-1910. El sueño de una ciudad nueva.

Localización: Calle de Fuencarral, 78. 28004 Madrid.


Museo de Historia de Madrid, Antigua Capilla del Museo de Historia de Madrid

Antigua Capilla del Museo de Historia de Madrid.

La Capilla del Museo de Historia de Madrid formaba parte del edificio que la Hermandad del Ave María y San Fernando, fundada por la reina Mariana de Austria, decidió construir para el hospicio al hacerse cargo de la organización del asilo creado por San Simón de Rojas. De dicha construcción, cuyas obras debieron de detenerse por la Guerra de Sucesión Española, tal y como apuntamos antes, nos ha quedado esta capilla, levantada por el arquitecto José Arroyo entre 1699 y 1703.

Accedemos a su interior mediante la entrada situada a los pies y sobre la cual, ya dentro del templo, se levanta un coro alto. Esta capilla, de planta en cruz latina14 y crucero15 de brazos cortos, consta de una única nave cubierta por una bóveda de medio cañón16, con cuatro lunetos17 y tres capillas en cada lateral. El crucero se cubre por una cúpula de media naranja en el interior y octogonal en el exterior, con cuatro vanos18 en ella, que se levanta sobre un tambor19 con dos vanos y apoyado sobre pechinas20 en las que aparecen representados los cuatro evangelistas acompañados de sus símbolos tradicionales: San Lucas, con el toro; San Juan, con el águila, San Mateo, con el ángel; y San Marcos, con el León. Los brazos del crucero y el presbiterio22 se cubren con bóvedas de medio cañón, al igual que la nave.

Museo de Historia de Madrid, Crucero y cúpula de la capilla

Crucero y cúpula de la capilla.

La pintura principal del templo, situada en el testero del presbiterio, es el cuadro “San Fernando ante la Virgen”, obra del pintor napolitano Luca Giordano realizada a principios del siglo XVIII. En él, aparece representado el santo rey ofreciendo a la Virgen la ciudad de Sevilla, dibujada en el ángulo inferior derecho junto a un puente y la imagen de una batalla. La Virgen se encuentra sosteniendo al Niño, mientra que Fernando III está coronado, lleva armadura y empuña la espada a la vez que es sostenido por ángeles. Este cuadro pasó desapercibido durante gran parte del siglo XX, mientras la capilla era utilizada como Biblioteca Municipal, hasta 1990, cuando, al pasar ésta al Cuartel del Conde-Duque, se llevó a cabo su restauración.

Otras obras de la capilla son: en el lateral izquierdo y desde los pies hasta la cabecera del templo, “San Francisco de Asís”, la “Inmaculada Concepción” y “San Antonio de Padua”, todas realizadas en 1787 por Mariano Salvador Maella; y en el lateral derecho y con idéntica ordenación anterior, el “Milagro de San Isidro”, pintada en 1630 por José Leonardo, el “Milagro del pozo. Episodio de la vida de San Isidro Labrador”, de aproximadamente 1700, y el “Nacimiento de la Virgen”, de entre 1700 y 1720. Además, en los brazos del crucero se encuentran la “Santa conducida ante el juez”, de 1680, y el “Cristo Crucificado”, realizado en 1652 por Antonio de Pereda.


Museo de Historia de Madrid, Fuente de la Fama

Fuente de la Fama.

En el lateral Norte del Museo de Historia, en los Jardines del Arquitecto Ribera, encontramos la Fuente de la Fama, o de Antón Martín, una de las obras más destacadas de este mismo arquitecto, realizada 1731 y 1732. Construida con piedra blanca de Colmenar y granito, el maestro cantero fue Pedro de la Piedra y el escultor, Juan Bautista.

La fuente tuvo un coste total de 80.127 reales, de los que 6.000 pertenecían a la Fama y 3.840, a los niños mancebos23. Su construcción se realizó ante los deseos que el rey Felipe V tenía de ornamentar la capital del reino, por lo que en 1717, se encargó a Pedro de Ribera, entonces arquitecto Mayor de las Obras Reales, teniente y maestro mayor de las fuentes de Madrid, que levantase varias fuentes para el abastecimiento de la ciudad, las cuales tomarían las aguas del arroyo Abroñigal.

La construcción de la Fuente de la Fama, en la Plazoleta de Antón Martín, motivo éste por el que también fue conocida con este nombre, se realizó entre el 14 de junio de 1731 y el 10 de mayo de 1732, lo que se considera un ritmo de construcción un tanto lento para una obra de este tipo, algo que pudo estar motivado por la falta de capital con la que afrontar su coste. De hecho, corrió la leyenda en la ciudad de que, el día de su inauguración, apareció colgado un cartel en el que se podía leer: “Deo volente, rege survente et populo contribuente”, es decir “Dios lo quiso, el rey lo sugirió y el pueblo pagó”.

Tras su inauguración, la fuente continuó durante más de cien años suministrando agua a los madrileños a la vez que asistía como testigo impasible a los acontecimientos que a su alrededor se sucedían (el motín de Esquilache, la Guerra de la Independencia, el conflicto entre absolutistas y liberales, el inicio de las guerras carlistas, etc.) hasta llegar a 1850, año en que se encontraba en mal estado. Debido a ello, en 1879, es desmontada y guardada, al menos en cuanto a sus piezas más ornamentadas.

A principios del siglo XX, el 9 de septiembre de 1907, se decide su reconstrucción en el Parque del Oeste, en las cercanías del Paseo de Rosales, siendo terminada en el año 1911. Para ello, el escultor Ángel García empleó sillares del hoy desaparecido cuartel de San Gil, anteriormente convento, ubicado en la Plaza de España y derribado entre 1906 y 1910. Sin embargo, el resultado no es fiel a la obra original de Ribera, ya que García modificó modificó el proyecto siguiendo sus gustos por el estilo francés.

A causa de la Guerra Civil, y para evitar su posible destrucción, fue desmontada y guardada en un depósito municipal, desde donde es trasladada hasta su actual emplazamiento en 1941.

Veamos a continuación y con un poco más de detenimiento la propia fuente.

Ribera diseñó la fuente sobre un pilón tetralobulado (cuatro lóbulos24) con forma de trébol de cuatro hojas, de gran tamaño y realizado en granito, mientras que las piezas de ornamento son de piedra blanca de Colmenar. En su centro, se eleva un fuste25 dispuesto irregularmente y parte de cuya construcción puede ser de Ángel García. Apoyado sobre cuatro delfines mitológicos, de cuyas bocas surgen chorros de agua, se eleva el primer cuerpo de la fuente, en el que destacan los escudos existentes en el centro de cada lateral con las fechas de 1731 (año de construcción de la fuente), 1911 (fecha de su traslado al Parque del Oeste) y 1941 (cuando llegó hasta su actual emplazamiento). En el cuarto escudo, tenemos el escudo de Madrid con el Oso y el Madroño. El segundo cuerpo, en el que destacan las esquinas con los niños tenantes28 sujetando veneras29, presenta una hornacina en cada lateral con un jarrón de flores en piedra. Las esquinas terminan con grandes roleos30 sustentando pináculos, mientras que en el centro, la base de la escultura se eleva piramidalmente y termina con un capitel decorado con pequeñas máscaras.

Coronando el conjunto, tenemos la Fama, empuñando con la mano derecha la trompeta que tocará para llamar la atención sobre algo o alguien, una simbología de la Fama que continúa con las alas, que nos informan de la rapidez con que ella, al igual que llega, se va.

Toda la fuente es una alegoría de la abundancia y riqueza que produce el agua, representada ésta por los delfines o por los cestos de flores de las hornacinas, con los que se alude a la fecundidad de la agricultura, la cual es imposible sin este líquido elemento. El mar queda representado por las veneras, mientras que los niños simbolizan el futuro, el cual puede ser improbable si no disponemos de agua.

Pasemos al interior del edificio y comencemos ya a recorrer el Museo de Historia de Madrid.


* * *
Museo de Historia de Madrid, Planta -1: Cartografía y Maqueta

Planta -1: Cartografía y Maqueta.


En la Planta -1 se ha instalado una sala dedicada a la Cartografía y Maqueta, nombre que ya nos da una pista de lo que podremos encontrar en ella. Se trata de un espacio donde, por medio de una serie de planos históricos y a través de dos maquetas, se nos muestra la evolución que ha tenido Madrid a lo largo de los siglos, no sólo desde un punto de vista geográfico, sino también histórico, creciendo y configurándose poco a poco como una gran ciudad.


Museo de Historia de Madrid, Modelo de Madrid, de León Gil de Palacios. Año 1830

Modelo de Madrid, de León Gil de Palacios. Año 1830.




Lo primero que, indudablemente, llamará nuestra atención será la maqueta que, situada en el centro, preside la sala. Estamos ante un Modelo de Madrid realizado en el año 1830 por el ingeniero y cartógrafo militar León Gil de Palacio (Barcelona, 1778 – Madrid, 1849) tras recibir el encargo del rey Fernando VII. Tal y como podemos leer en uno de los paneles explicativos, “es una de las maquetas históricas más antiguas e importantes de Europa y pieza clave de la colección del Museo de Historia de Madrid”.

Compuesta por diez bloques irregulares, tiene una superficie total de 18,34 m2 donde se puede contemplar la zona central de la ciudad, un perímetro de 12,5 km tapiado con la cerca que mandara alzar Felipe IV en el siglo XVII y que no sería derribada hasta el año 1869, con el fin de enlazar con el que más adelante sería el Ensanche.

En esta maqueta, se representaron por vez primera los espacios libres que quedaron formados en el interior de las manzanas32, así como la altimetría33 de la Villa y Corte.

De este modo, constituye una fuente de información histórica y geográfica de máxima importancia, gracias a la cual podemos conocer el Madrid de los últimos años de reinado de Fernando VII, aquel que ya describiera en “El antiguo Madrid” el escritor y periodista Ramón de Mesonero Romanos (Madrid, 19 de julio de 1803 – Madrid, 30 de abril de 1882), primer Cronista Mayor y Oficial de la Villa (15 de julio de 1864), título con carácter vitalicio.

El tiempo empleado en la realización de la maqueta fue de 23 meses, habiendo estado custodiada en el Real Gabinete de Estudios Topográficos que en 1832 creara Fernando VII, instalado en el Casón del Buen Retiro, y que dirigiera el propio Gil de Palacio. Después de varios traslados, en el año 1929 fue depositado desde el Museo de Artillería (ubicado en el antiguo Salón de Reinos del Palacio del Buen Retiro) en el recién inaugurado Museo Municipal.

En un audiovisual, podemos ver una serie de vídeos en los que se hace un recorrido completo y detallado por la maqueta, indicándonos qué edificios destacados se pueden encontrar en ella. Dichos vídeos pueden visualizarse en este enlace.


Museo de Historia de Madrid, Maqueta de Madrid, de Juan de Dios Hernández y Jesús Rey. Año 2000

Maqueta de Madrid, de Juan de Dios Hernández y Jesús Rey. Año 2000.

Colgada de una de las paredes de la sala, hay una reproducción facsímil de 1881 de la “Topographia de la Villa de Madrid”, o “Plano de Texeira”, obra original de 1656 en la que el cartógrafo portugués Pedro de Texeira (Lisboa, 1595 – Madrid, 1662) representó el Madrid de Felipe IV por encargo de este mismo monarca. El grabado, hecho a una escala de 1:1.800, está compuesto por 20 planchas de 45x56 cm, teniendo un total de 2,850x1,800 m.

Este plano es el que, en el año 2000, utilizaron como modelo Juan de Dios Hernández y Jesús Rey (con la coordinación y estudios de Julio Vidaurre, Javier Ortega y Francisco José Marín) para la realización de la maqueta que vemos al fondo de la sala. Hecha en madera de arce a una escala de 1:1.250, nos muestra una ciudad que por aquel entonces, y limitada por la cerca de Felipe IV, tenía una superficie de 3 km de Norte a Sur y 2 km de Este a Oeste, sin contabilizar el área de El Retiro. Así, vemos cómo las calles principales eran aún caminos medievales que, o bien estaban absorbidos por los caseríos (como las calles Mayor, Arenal, etc.), o bien se habían formado como consecuencia del crecimiento de la Villa (como la Carrera de San Jerónimo o las calles de Atocha, Embajadores, Toledo, etc.), además de contar con la existencia de los paseos de Recoletos y del Prado.

El Madrid de la época, como podemos contemplar, tenía casas bajas y pequeñas, construidas en calles estrechas y sinuosas, así como palacios en no demasiadas buenas condiciones y una gran cantidad de conventos, capillas, oratorios, hospitales..., edificios religiosos que en su mayoría habían sido levantados durante el siglo XVII.


Museo de Historia de Madrid, Reproducción facsímil de la “Topographia de la Villa de Madrid”, o “Plano de Texeira”, de Pedro de Texeira. Año 1881

Reproducción facsímil de la “Topographia de la Villa de Madrid”, o “Plano de Texeira”, de Pedro de Texeira. Año 1881.

El resto de la exposición de esta sala se completa con varios planos de Madrid que nos muestran, como decíamos al comienzo de este artículo, cómo ha evolucionado la configuración de la ciudad a lo largo de los años.

Así, veremos, por ejemplo, un plano hecho por Nicolás de Fer en 1706; un plano geométrico de Madrid de Tomás López de Vargas realizado 1785; otro que, dividido en diez cuarteles34, hizo Juan López en 1812; un mapa de Madrid y de sus pueblos colindantes a comienzos del siglo XX (1902), obra de Facundo Cañada; un proyecto realizado por Pedro Núñez Granés para la urbanización en 1909 del extrarradio de Madrid; y un fotoplano de Madrid del año 1929.


Museo de Historia de Madrid, Planta 0: Madrid 1561-1700. Villa, Corte y Capital de dos Mundos

Planta 0: Madrid 1561-1700. Villa, Corte y Capital de dos Mundos.



Subimos a continuación a la Planta 0, bautizada con el nombre de Madrid 1561-1700. Villa, Corte y capital de dos mundos. Y es que es precisamente en ese año de 1561 cuando lo que hasta entonces era, como leemos en el cartel introductorio de la sala, “una modesta villa castellana”, se convierte en el lugar elegido por Felipe II para trasladar la Corte desde Toledo, quedando asentada en Madrid de manera permanente.

Así, Madrid quedaba convertida en capital de un Imperio que reunía, por un lado, los Países Bajos e Italia, y por otro lado, las Indias. Esta nueva situación traerá una nueva vida a los madrileños, así como una serie de cambios tanto en lo que respecta a la vida social, como a la política, el arte, el urbanismo y la economía, todo ello representado en la sala que ahora nos ocupa.


Museo de Historia de Madrid, Réplica en resina de la figura de la Mariblanca

Réplica en resina de la figura de la Mariblanca.

Es en esta Planta 0 donde, en realidad, comienza la visita a la exposición permanente del museo. Desde la puerta de acceso, y antes de entrar en la primera sección de las cuatro que consta esta área, atravesaremos el patio alrededor del cual se articula el edificio, donde nos detendremos a contemplar la escultura que se halla en una de sus esquinas.

Estamos ante una réplica realizada en resina de la Mariblanca. El origen de esta figura se halla en el año 1630, cuando se instala en la Puerta del Sol la Fuente de la Fe, o de las Arpías, que estaría coronada por una estatua que sería conocida como la Mariblanca. Se trataba de una Venus (o Diana, o Alegoría de la Fe), obra de Rutilio Gaci y traída a España desde Italia por Ludovico Turqui. A partir de 1838, sería objeto de constantes traslados, pasando a estar en la Plaza de las Descalzas, el almacén de la Villa, el Parque El Retiro, el Museo Municipal, el Paseo de Recoletos y la Casa de la Villa, lugar donde continúa expuesta.

En la actualidad, en la Puerta del Sol, se puede contemplar una réplica de esta figura, al igual que aquí en el patio del museo.


Museo de Historia de Madrid, Restos de un antiguo sistema hidráulico, compuesto por una noria y un brocal

Restos de un antiguo sistema hidráulico, compuesto por una noria y un brocal.

Compartiendo espacio con la primera sección de esta planta, se hallan los restos de un antiguo sistema hidráulico, por el momento no visibles de cara al público, si bien el museo tiene previsto su acondicionamiento para poder mostrarlo a sus visitantes en el futuro. Están formados por una noria y un brocal de un pozo de unos 15 metros de profundidad que salieron a la luz en el año 2004, durante las obras de restauración del edificio y que se han dejado al descubierto para, de este modo, recordar los primitivos viajes de agua que recorrían (y aún sobreviven) el subsuelo de la ciudad de Madrid.

De origen árabe, éstos consistían en conducciones subterráneas por medio de las cuales se canalizaba el agua de los distintos manantiales que había cerca de la Villa, convirtiéndose así en su principal forma de suministro, no sólo para su consumo, sino también para los riegos, desde época medieval y hasta que en el siglo XIX se creara el Canal de Isabel II.

Su funcionamiento constaba de diferentes fases. Primero, el agua subterránea era captada por pozos y galerías construidas a cientos de metros sobre el nivel de la ciudad, garantizándose así el suministro. Estas galerías, con una altura aproximada de 1,80 metros, contaban en su interior con un lecho de grava que, a través de la decantación35, limpiaba el agua de impurezas. A continuación, cuando las galerías ya se encontraban cerca de la ciudad, éstas pasaban a ser canalizaciones con un revestimiento de piedra o de ladrillo con un lecho cóncavo. Por ellas, el agua era conducida hasta unas arcas principales, depósitos donde era retenida para ser distribuida a las fuentes públicas y ornamentales de Madrid, lugares en los que se desarrollaba una gran parte de la vida pública de la ciudad.

La noria y el brocal que tenemos aquí y que, como decimos, el museo prevé abrir al público en un futuro, forman parte del llamado Viaje de la Alcubilla, uno de los viajes de agua más antiguos con que la Villa era abastecida, pues desde el año 1399, daba un caudal medio de unos 80 m3 al día. Su nombre, Alcubilla, tiene un origen árabe cuyo significado es arca de agua. Su recorrido nacía en el valle de la Alcubilla, en la dehesa de Chamartín, y llegaba a la Puerta de Bilbao, lugar desde donde seguía paralelo al camino de Fuencarral hasta alcanzar los barrios del centro de Madrid. Trasladado a un mapa actual de la ciudad, podemos decir que, desde Chamartín, bajaba suavemente hasta la Glorieta de Cuatro Caminos, momento en que se dividía en dos ramales: uno de ellos continuaba por la Calle de Santa Engracia hasta la Plaza de Santa Bárbara, mientras que el otro iba a la Glorieta de Quevedo, dividiéndose aquí, a su vez, en otros dos ramales, uno, con dirección a la Calle San Bernardo, y el otro, hacia la Calle Fuencarral.

Con este viaje, según Pascual Madoz, llegaba el agua a un total de 85 fuentes particulares con las que se abastecían 35 conventos, hospitales y cárceles, así como 192 viviendas. También surtía varias fuentes públicas. El propio Madoz lo describía así en su “Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de Ultramar”35b:

“El viaje nuevo de la Alcubilla, tiene el nacimiento en la deh. que llaman de Chamartin y valle de la Alcubilla, caminando por diferentes pozos cubiertos con losas, atravesando el arroyo y el valle que baja al camino de Fencarral: frente del que vá á Chamartin, hay un arca de recojimiento con su desaguadero que sale al arroyo y de ella parte una línea de minas hácia el dicho camino de Fuencarral, donde hay 2 pozos con losas y prosigue á orilla del camino, cruzándole hasta el arca de medida mayor fuera de la puerta de Bilbao y sigue á las arcas siguientes: arca principal sit. En la calle de Fuencarral frente á la de San Mateo; otra subterránea esquina á la calle de San Joaquin, arquilla en la Corredera de San Pablo; otra en la calle del Escorial, otra á la entrada de la calle del Molino de Viento; otra en medio de la misma calle; arca subterránea en la plazuela de San Ildefonso; otra frente á la calle de Santa Maria del Arco; otra esquina á la calle del Carbon; arca en la misma mina; otra en la calle del Desengaño frente de Portaceli; cambija en la calle de la Justa; arca en la calle de Tudescos; cambija al lado de la puerta de los Carros del Hospicio; cambija en la esquina de la calle de San Mateo; cambija en la calle del Colmillo; otra esquina á la de las Infantas, arca de la nevería en la misma calle; otra subterránea en la misma calle. A este viaje se reune el de Contreras formando uno solo desde el pozo del resalto donde se dividen 2 ramales. El nacimiento de este último, tiene su principio junto al camino de las postas en un valle mas arriba del nacimiento del que va al conv. de las Descalzas Reales, á la vista del valle que llaman de Norieta, entre el camino dicho y el de Fuencarral, donde hay un pozo empedrado cubierto con remate de piedra y luego sigue á Madrid, arrimándose al referido camino de Fuencarral donde hay diferentes pozos empedrados, cubiertos, hasta llegar á otro tapado con una losa llamada del resalto, donde se reune al de la Alcubilla, y sigue á las siguientes. arca subterránea frente á las Comendadoras de Santiago; otra subterránea junto á la cerca de Monteleon; arca en la calle del Acuerdo: arca de la calle de Amaniel junto á las comendadoras; otra en la calle de San Ildefonso; arca de los Mostenses; arca en la casa de las Incurables; dando fin el viaje. Los reales de agua que tienen cada uno de estos viajes, fuentes que surten y cantidad de aguas de las mismas resultan en los estados puestos mas adelante.

Las fuentes públicas se dividen en tales propiamente dichas y los llamados Caños de vecindad destinados esclusivamente para uso de los vec., estando prohivido á los aguadores: estos caños son 18 hasta el dia y han sido establecidos desde el año 1845 sin haberse cercenado por esto el caudal de las otras fuentes que existian antes: en lo general consisten en una sola piedra ó arca fija en una de las paredes de la calle con un grifo de bronce, para hacer correr y tomar el agua cuando se necesita: otros, como el de la calle de Preciados, figuran un gran jarron de hierro fundido, separados de la pared, con el mismo grifo y un pequeño recipiente: con esta medida ha mejorado mucho el servicio del vecindario, cuyo beneficio debe el pueblo de Madrid al celo de sus ayunt. y á los esfuerzos del activo é inteligente arquitecto de fontanería D. Isidro Llanos. Las fuentes son para el servicio general de vec. y aguadores y se cuentan en las diferentes calles de Madrid, 35, y 8 en los afueras de todas las cuales daremos una ligera idea”.


Las fuentes públicas a las que surtía el Viaje de la Alcubilla y a las que hace referencia Madoz en su “Diccionario” son: la de la Plazuela de Santo Domingo, la de las plazas de los Mostenses, de los Afligidos y del Gato, la de la Calle de Tudescos, la de San Fernando (entre las calles de Fuencarral y Corredera), la de San Antonio de los Portugueses (entre las calles de la Ballesta y Corredera Baja), la de Valverde (en la calle del mismo nombre), la del Hospicio (en la Calle de Fuencarral), la de Chamberí (en el mismo barrio) y la de la Red de San Luis (en la Calle de la Montera). Los caños con que contaba cada fuente, su dotación específica y el número de aguadores que disponía de cada una podemos consultarlos en el propio “Diccionario” de Madoz.

Además de los restos antes mencionados, en esta parte de la sala hay también otros objetos, como varias llaves pertenecientes a algunos de estos viajes de agua o un mapa sobre el proyecto de alcantarillado de Madrid.


Museo de Historia de Madrid, "San Isidro en oración", óleo de Bartolomé González de 1622

"San Isidro en oración", óleo de Bartolomé González de 1622.

La primera sección de esta planta, “Madrid, una difícil elección”, nos conduce al momento en que Felipe II decide trasladar la Corte a Madrid, convirtiendo lo que hasta entonces había sido una villa medieval en capital de la Monarquía Hispana; esto supondría la adquisición por parte de la ciudad de nuevas funciones políticas y administrativas, lo cual, lógicamente, incidiría de manera directa no sólo en la vida cotidiana de la sociedad, sino en la estructura urbana de Madrid.

La elección de Madrid como centro de la Corte tuvo varios motivos, no sólo la necesidad de acabar con unas Cortes itinerantes, como había ocurrido hasta entonces. Entre ellos, estaban los económicos y los políticos, pues su emplazamiento geográfico hacía de ella un centro principal de comunicaciones; por otro lado, se contabilizaba entonces un buen número de molinos harineros, por lo que el abastecimiento estaba asegurado; asimismo, las aguas subterráneas eran, además de buenas, abundantes, razón de peso para una población que contaba con continuar creciendo. Finalmente, Madrid disponía de un alcázar, convertido en residencia real, y una gran cantidad de cazaderos36 alrededor de la villa, como El Pardo o Aranjuez, a lo que habría que sumar su cercanía a El Escorial, cuya construcción debemos al propio monarca.


Museo de Historia de Madrid, Busto de Felipe II, de Pompeo Leoni. Alrededor del año 1575

Busto de Felipe II, de Pompeo Leoni. Alrededor del año 1575.

El centro de este espacio lo ocupa una urna que custodia un pequeño busto de Felipe II realizado hacia el año 1575 en alabastro por el escultor italiano Pompeo Leoni. Al fondo, una “Topographia de la Villa de Madrid” de Pedro de Texeira, procedente del Archivo de la Villa y del que ya hemos visto un facsímil de 1881 en la Planta 0, cuelga de la pared y nos muestra cómo era la ciudad a mediados del siglo XVII.

A ambos lados, se pueden contemplar distintas obras de arte. Así, a la derecha, si miramos de frente el “Plano de Texeira”, se halla una “Genealogía de la casa de Austria” fechada hacia el año 1605, así como un cuadro que representa a “San Isidro en oración”, óleo de Bartolomé González de 1622. Por su parte, a la izquierda, hay una representación de Madrid, del año 1649, obra de Julius Milheuser.

En esta misma pared, hay un total de cinco cuadros a través de los cuales, y de los carteles explicativos que los acompañan, se nos hace un breve resumen histórico de la casa de Austria en nuestro país. Los dos primeros nos muestran a Felipe IV y a su hijo el príncipe Baltasar Carlos, respectivamente, siendo ambos cuadros de entre 1630 y 1635 y estando atribuidos al círculo y al taller de Diego Velázquez; al primero de ellos se debe una nueva configuración de Madrid, con un alcázar dotado de una nueva fachada barroca, una remodelación de su entorno y la construcción del Palacio del Buen Retiro; el segundo, hijo que tuvo con su primera esposa, Isabel de Borbón, moriría anticipadamente con tan sólo dieciséis años, dejando la monarquía sin un heredero varón directo, pues su madre había fallecido poco antes.


Museo de Historia de Madrid, Retratos de Carlos II y su esposa, Mariana de Neoburgo. Anónimos. Último cuarto del siglo XVII

Retratos de Carlos II y su esposa, Mariana de Neoburgo. Anónimos. Último cuarto del siglo XVII.

El tercer lienzo de este muro, de autor desconocido y datado de la segunda mitad del siglo XVII, nos muestra a la archiduquesa y reina Mariana de Austria, prometida del príncipe Baltasar Carlos y sobrina de Felipe IV, con quien acabaría casándose. Y es que con la crisis dinástica, el rey decide contraer matrimonio de nuevo para evitar su fin, siendo elegida para ello la archiduquesa. Con ella, el monarca tendría varios hijos, sobreviviendo sólo dos de ellos: la infanta Margarita Teresa y el que más adelante sería el rey Carlos II.

De Carlos II y de su esposa, Mariana de Neoburgo, son los últimos cuadros que veremos aquí, obras del último cuarto del siglo XVII. El primero de ellos, débil y enfermizo, muere sin dejar descendencia, causando un grave conflicto en España, Europa y todo el mundo. Esto supondrá el fin de la Casa de Austria en España y la llegada al trono de Felipe V, nieto del rey francés Luis XIV, dando comienzo así a la dinastía Borbón en nuestro país.


Museo de Historia de Madrid, Babilonia Cosmopolita

Babilonia Cosmopolita.

La siguiente sección, “Babilonia cosmopolita”, nos mostrará esa ciudad de los siglos XVI y XVII que de repente, con la llegada de la Corte, comenzaría a albergar una mezcla muy diversa de personajes: por un lado, diplomáticos, nobles, artistas, comerciantes, letrados, eclesiásticos, literatos, viajeros, etc.; y por otro lado, esclavos, mendigos y criados. Todos ellos acuden a una nueva villa, una nueva Babilonia.

Con esta diversidad social de fondo, Madrid se convertía en todo un escenario de poder, destacando en ella el que sería su edificio más importante: el Alcázar. De origen musulmán, fue estancia habitual de los reyes de la Casa Trastámara, atraídos por los numerosos cotos de caza con que contaban los alrededores de la villa. Esto conllevaría una lenta, pero imparable, transformación de la hasta entonces fortaleza, además del crecimiento urbano del entorno.

Asimismo, ya por entonces, la llegada de gran cantidad de nobles a la ciudad quedaría reflejada en la construcción de varios de los edificios más emblemáticos de Madrid, como son la Torre de los Lujanes, la Casa de Cisneros o el Hospital de la Latina, cuya portada hoy podemos ver frente a la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid (ETSAM).

Asimismo, el Alcázar era el lugar frecuentemente utilizado para la reunión de las Cortes de Castilla, por lo que parece que todo hacía presagiar que, tarde o temprano, Madrid acabaría convertida en la capital del reino.


Museo de Historia de Madrid, Modelo de la Real capilla de San Isidro, en la parroquia de San Andrés”, hecha de madera y papel por José Monasterio y Riesco

Modelo de la Real capilla de San Isidro, en la parroquia de San Andrés”, hecha de madera y papel por José Monasterio y Riesco.

La nueva condición de la ciudad haría que fuese necesario acometer una serie de obras, con el fin de crear un núcleo urbano más ordenado que se alejase del entresijo de calles que hasta ese momento era la villa medieval. De ello, se encargarían los sucesivos arquitectos reales, como Juan Bautista de Toledo, Juan de Herrera, Francisco de Mora, Juan Gómez de Mora o Teodoro Ardemans, responsables de la construcción de edificios de nueva planta y de la remodelación y la reordenación de los espacios públicos.

De este modo, los irregulares caminos y vías se transformaron en ejes urbanos con calles principales y plazas con una alineación y una regularización rigurosas. Aquí, se alzarían monumentales inmuebles flanqueados por torres angulares que cubrían chapiteles37 de pizarra, así como fuentes de carácter puramente ornamental. El objetivo era claro: conseguir la homogeneidad del núcleo urbano, a la par que hacerlo suntuoso, todo un símbolo del poder monárquico y centralista.

Además, la ciudad se llenaría de conventos y otros edificios religiosos, instalados en Madrid al amparo de la Corte, de sus beneficios y su influencia. Esto dotó la villa de un perfil lleno de torres y chapiteles, elementos característicos de esta época.


Museo de Historia de Madrid, “El Alcázar”, grabado del ilustrador Louis Meunier realizado entre 1665 y 1668

“El Alcázar”, grabado del ilustrador Louis Meunier realizado entre 1665 y 1668.

Al igual que ocurriera en el espacio anterior, vemos aquí una serie de obras de arte que nos mostrarán el Madrid del que hablamos. Un ejemplo es el cuadro “Fiesta en la plaza Mayor”, de Juan de la Corte, de aproximadamente 1630, o la “Vista de Madrid desde la salida del Puente de Segovia con toros desmandados”, anónimo de entre 1640 y 1660, interesante este último porque, en él, se puede contemplar tanto a caballeros como a arrieros y a criados juntos en los alrededores del Alcázar y del Puente de Segovia.

Varios grabados realizados por el ilustrador y grabador Louis Meunier entre 1665 y 1668 nos enseñan algunos de los notables edificios y nuevos espacios que configurarían el nuevo Madrid, como la Cárcel de Corte, la Puerta del Sol, el Alcázar, la Casa de Campo, el Palacio de la Zarzuela o las ermitas de San Antonio y de San Pablo (ambas en El Retiro), entre otros.


Museo de Historia de Madrid, Modelo de la fachada principal del Alcázar de Madrid”, atribuido a Giovanni Battista Crescenzi entre los años 1630 y 1646

Modelo de la fachada principal del Alcázar de Madrid”, atribuido a Giovanni Battista Crescenzi entre los años 1630 y 1646.

Enlazando con la sección anterior, tenemos la tercera de esta planta: “La ciudad laboriosa”. Y es que Madrid fue convirtiéndose poco a poco, como dice el panel explicativo, en una ciudad “cortesana, residencial y consumidora, en la que las élites gastan sus rentas”. Se construyen nuevos palacios y se multiplica el número de conventos, brindando una imagen llena de fiestas, procesiones y carrozas que transmitían un alarde de poder y riqueza por parte de la nobleza, algo que fue ampliamente descrito en los relatos de viajes de entonces y que ansiaban alcanzar muchos de los altos funcionarios reales, banqueros, ricos comerciantes, etc.

En este espacio, veremos que el mundo laboral quedaba organizado de una manera particular, acorde a las necesidades y a la estructura de la ciudad cortesana. Así, las plazas principales y las calles más céntricas acabaron siendo ocupadas por artesanos y comerciantes. Por su parte, los maestros y los aprendices trabajaban con el fin de satisfacer la demanda existente de productos relacionados con los objetos de lujo, la construcción y el mobiliario de palacios, casas y conventos. De este modo, las imágenes que nos llegarán de esa época están llenas de personajes con oficios como aguadores, cocheros, buhoneros38 o jornaleros, entre otros.


Museo de Historia de Madrid, Costurero ornamentado con los retratos de Mariana de Neoburgo y Carlos II. Realizado en madera, concha, nácar y seda alrededor de 1690

Costurero ornamentado con los retratos de Mariana de Neoburgo y Carlos II. Realizado en madera, concha, nácar y seda alrededor de 1690.

Por otro lado, la novela picaresca nos presenta, por medio de la sátira anticlerical, un mundo de servidores y criados con pocas diferencias con el de los pobres, rozando a veces incluso la delincuencia y la marginalidad.

En el museo, se nos muestran algunos objetos que, en cierto modo, nos acercan a esa ciudad cortesana y laboriosa, y que son un ejemplo de la sociedad de la época, de los muebles demandados para adecentar las casas y los palacetes, etc.

En el centro del espacio anterior, hay algunas piezas de mobiliario de los siglos XVI y XVII, como un bargueño39, un sillón frailero40, un arcón o algunos espejos, así como objetos de uso doméstico, como una olla, un cuenco y una escudilla41, todos ellos del siglo XVII y hallados en las excavaciones arqueológicas llevadas a cabo en la madrileña Plaza de los Carros. También se expone un bello y curioso costurero ornamentado con los retratos de Mariana de Neoburgo y Carlos II, y realizado hacia 1690 en madera, concha, nácar y seda.

Igualmente, hay una pequeña muestra de monedas de entre los siglos XVI y XVII, cuya primera característica, tal y como se nos explica, “es el uso de la imagen del poder de la Monarquía en su diseño”. Desde época de Carlos I, el retrato del rey era un retrato fiel a él, creándose de este modo una relación directa “entre el poder y la persona que ocupaba el trono”. Igualmente, aparece representado el escudo heráldico, mostrando así el gran poder territorial de la Monarquía Hispánica. Por otro lado, estamos ante una época de numerosas transacciones comerciales y económicas, por lo que el oro se verá desplazado en favor de la plata como medidor económico del comercio internacional. Como curiosidad, cabe destacar la existencia de varias monedas de oro y plata de estos siglos que se hallan recortadas; la merma del metal no restaba validez a las piezas acuñadas, por lo que era una práctica muy extendida entre los pícaros para conseguir así un pequeño trozo de ambos metales.


Museo de Historia de Madrid, Proyecto-boceto de las “Gradas de San Felipe”, de Luis Buendía

Proyecto-boceto de las “Gradas de San Felipe”, de Luis Buendía.

Tres maquetas llamarán también nuestra atención. La primera de ellas, de José Monasterio y Riesco, es un “Modelo de la Real capilla de San Isidro, en la parroquia de San Andrés”, hecha de madera y papel, y cuya imagen hemos visto anteriormente. En la segunda, Luis Buendía dejó representadas las llamadas “Gradas de San Felipe”. Su origen está en el Convento de San Felipe el Real, hoy desaparecido y entonces ubicado en la manzana formada por las calles del Correo, Marqués Viudo de Pontejos, Esparteros y Mayor; el terreno en el que se asentaba presentaba un desnivel que era salvado por una espaciosa lonja42, en cuya parte baja se abrían las covachuelas44, unas pequeñas tiendas en las que se vendía un poco de todo, mientras que en la parte superior se reunían los desocupados de la ciudad, convirtiéndose así en uno de los principales mentideros45 de Madrid. La tercera y última maqueta es un “Modelo de la fachada principal del Alcázar de Madrid”, atribuido a Giovanni Battista Crescenzi y de entre los años 1630 y 1646, de la que vemos su fotografía un poco más arriba.


Museo de Historia de Madrid, Sección “La ciudad placentera”

Sección “La ciudad placentera”.

Al igual que el Madrid cortesano trabaja, también descansa y se divierte; esto es lo que veremos en la cuarta y última sección de esta planta, “La ciudad placentera”, y es que siglos antes de que Madrid se extendiera, los miembros de la Corte ya tenían sus lugares de descanso, los Sitios Reales, como La Granja, Valsaín, Aranjuez, El Escorial, El Pardo, la Casa de Campo o el Buen Retiro, lugares en los que asentar también su poder y su gobierno. Madrid ampliaba así los límites urbanos que hasta entonces había mantenido y que la hacían ser una ciudad cercada y estrecha.


Museo de Historia de Madrid, “La Virgen de Atocha”, de Juan Carreño de Miranda

“La Virgen de Atocha”, de Juan Carreño de Miranda.

Durante el Siglo de Oro, Madrid se convierte en el escenario de las grandes ceremonias de la Corte, como las bodas reales, las ostentosas entradas públicas a la ciudad de las nuevas reinas, los juramentos de los herederos, los funerales o las salidas de agradecimiento a los Jerónimos o al santuario de la Virgen de Atocha.

En este contexto, la fiesta más solemne era la del Corpus, una procesión en la que participaban todos los estamentos de la sociedad, mezclándose en ella lo religioso con lo profano, carros de comediantes con cofradías, danzantes con nobles o cruces con embajadores extranjeros, estando presente el soberano y yendo todos ellos presididos por la custodia46 sacramental.

La instalación de la Corte en Madrid atrae la llegada a la ciudad de escritores, músicos y artistas varios que ven en ella un lugar en el que mostrar sus obras. El teatro será una de las principales formas de ocio, con lugares en los que celebrar exhibiciones, como los corrales de comedias, el palacio de la Zarzuela, la Casa del Tesoro, el Salón de Comedias del Alcázar o el Coliseo del Buen Retiro.


Museo de Historia de Madrid, “Milagro de la Virgen de Atocha en las obras de construcción de la Casa de la Villa”, obra anónima del último cuarto del siglo XVII

“Milagro de la Virgen de Atocha en las obras de construcción de la Casa de la Villa”, obra anónima del último cuarto del siglo XVII.

En el primer tramo de esta sección, una serie de cuadros nos muestran perfectamente esa parte festiva de la ciudad. Ejemplo de ello es el óleo que, realizado hacia 1680, representa a la “Virgen de Atocha”, de Juan Carreño de Miranda, imagen que, junto a la de la Almudena, goza de una gran devoción entre los madrileños desde época medieval. De autor anónimo es el “Milagro de la Virgen de Atocha en las obras de construcción de la Casa de la Villa”, del último cuarto del siglo XVII, donde el milagro de la Virgen de salvar a un caballero nos sirve de pretexto para poder contemplar la construcción de la que iba a ser sede del concejo de Madrid en la Plaza del Salvador, obra del arquitecto Juan Gómez de Mora. Atribuido a Félix Castello y datado de entre los años 1634 y 1637 es el lienzo “Baños en el Manzanares en el paraje del Molino Quemado”; en él, se representa una romería en un paraje de la Casa de Campo. Finalmente, un óleo sobre lienzo de Manuel de Chozas, “Procesión de la Virgen de Gracia en la Plaza de la Cebada”, fechado del año 1741, nos muestra el peso social que por entonces tenía la Iglesia.


Museo de Historia de Madrid, Maqueta del “Estanque del Buen Retiro durante la representación de la comedia de Calderón 'Polifemo y Circe / Los encantos de la Circe'”, de Luis Buendía

Maqueta del “Estanque del Buen Retiro durante la representación de la comedia de Calderón 'Polifemo y Circe / Los encantos de la Circe'”, de Luis Buendía.

No sólo el pueblo o los cortesanos pasaban tiempo de ocio, sino que también lo hacían los reyes y demás miembros de la realeza. Como nos cuentan en el museo a través de uno de sus carteles explicativos, “El origen de los Reales Sitios está vinculado con las llamadas “jornadas reales”, períodos durante los cuales el rey y la corte, compuesta por nobles, ministros, consejeros, caballeros y alto clero, ocupaban temporalmente sus palacios y residencias”. Se trataba de palacios, jardines, cazaderos y casas de recreo situados en las inmediaciones de Madrid, y cumplían una función no sólo lúdica y de descanso, sino también una función simbólica de representación de la Casa Real en una sociedad totalmente jerarquizada en cuyo punto más alto se hallaba el rey.

Muy cerca de los conjuntos palaciegos, las familias más importantes construyeron sus residencias, favoreciendo así la creación de una serie de núcleos urbanos en estos entornos, tal y como hicieron, entre otras, las casas de Alba, Medinaceli, Oñate u Osuna.


Museo de Historia de Madrid, “La Torre de la Parada”, de Félix Castello, datado de entre 1615 y 1651

“La Torre de la Parada”, de Félix Castello, datado de entre 1615 y 1651.

El último espacio de esta área, con el cual termina nuestro primer recorrido por el Museo de Historia de Madrid, nos muestra, en el centro, una maqueta de Luis Buendía del “Estanque del Buen Retiro durante la representación de la comedia de Calderón “Polifemo y Circe / Los encantos de la Circe””. Con ella, podemos ver una representación del Estanque Grande del Palacio del Buen Retiro, conjunto palaciego ideado por el Conde Duque de Olivares como lugar de recreo para el rey Felipe IV.

En los varios cuadros que cuelgan de las paredes, podemos contemplar algunos de estos Reales Sitios, como los “Jardines de la Casa de Campo” (obra anónima de la primera mitad del siglo XVII), “El estanque del Buen Retiro” (pintado en 1657 por Juan Bautista Martínez del Mazo) o “La Torre de la Parada” (de Félix Castello, datado de entre 1615 y 1651), pabellón de caza ubicado en El Pardo, construido originariamente en época de Carlos I para ser un lugar en el que descansar durante las monterías47 y remodelado por completo en 1635 por Juan Gómez de Mora a petición de Felipe IV.


Lourdes Morales Farfán es Licenciada en Periodismo por la Universidad Rey Juan Carlos. ↑


AGRADECIMIENTOS

Desde "una Ventana desde Madrid", queremos agradecer a la dirección del museo y a su departamento de comunicación las facilidades dadas para la realización de este reportaje, así como la ayuda y la atención prestadas por el personal del museo.

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GLOSARIO

- 1 Pozo de nieve: Excavación seca, vestida de piedra o ladrillo y provista de desaguaderos, donde se guardaba y conservaba la nieve para el verano.
- 2 Refectorio: En las comunidades y en algunos colegios, habitación destinada para juntarse a comer.
- 3 Ropería: Habitación donde se guarda y dispone la ropa de los individuos de una colectividad.
- 4 Corregidor: Alcalde que libremente nombraba el rey en algunas poblaciones importantes para presidir el ayuntamiento y ejercer varias funciones gubernativas.
- 5 Barroco: Dicho de un estilo arquitectónico o de las artes plásticas: Que se desarrolló en Europa e Iberoamérica durante los siglos XVII y XVIII, opuesto al clasicismo6 y caracterizado por la complejidad y el dinamismo de las formas, la riqueza de la ornamentación y el efectismo.
- 6 Clasicismo: Estilo artístico o literario conforme a los ideales de la Antigüedad grecorromana.
- 8 Churriguerismo: Estilo de ornamentación recargada empleado por Churriguera, arquitecto y escultor barroco de fines del siglo XVII, y sus imitadores en la arquitectura española del siglo XVIII.
- 9 Estípite: Pilastra en forma de pirámide truncada10 invertida, con un elemento figurativo en la parte superior.
- 10 Pirámide truncada: Parte de la pirámide comprendida entre la base y otro plano que corta a todas las aristas laterales.
- 11 Florón: Adorno hecho a manera de flor muy grande, que se usa en pintura y arquitectura en el centro de los techos de las habitaciones.
- 12 Óculo: Ventana pequeña redonda u ovalada.
- 13 Pasamanería: Obra o fábrica de pasamanos. // Pasamanos: Género de galón o trencilla, cordones, borlas, flecos y demás adornos de oro, plata, seda, algodón o lana, que se hace y sirve para guarnecer y adornar los vestidos y otras cosas.
- 14 Cruz latina: Cruz de forma ordinaria, cuyo travesaño divide al palo en partes desiguales.
- 15 Crucero: Espacio en que se cruzan la nave mayor de una iglesia y la que la atraviesa.
- 16 Bóveda de cañón o de medio cañón: Bóveda de superficie generalmente semicilíndrica que cubre el espacio comprendido entre dos muros paralelos.
- 17 Luneto: Bovedilla en forma de media luna abierta en la bóveda principal para dar luz a esta.
- 18 Vano: En una estructura de construcción, distancia libre entre dos soportes y, en un puente, espacio libre entre dos pilas o entre dos estribos consecutivos.
- 19 Tambor: Pared vertical redonda o poligonal, generalmente con ventanas, que sostiene una cúpula.
- 20 Pechina: Cada uno de los cuatro triángulos curvilíneos que forman el anillo de la cúpula con los arcos torales21 sobre los que estriba.
- 21 Arco toral: Cada uno de los cuatro en que estriba la media naranja de un edificio.
- 22 Presbiterio: Área del altar mayor hasta el pie de las gradas por donde se sube a él, que regularmente suele estar cercada con una reja o barandilla.
- 23 Mancebo: Dicho de una persona: joven.
- 24 Lóbulo: Cada una de las partes, a manera de ondas, que sobresalen en el borde de una cosa; como en la hoja de una planta o en el intradós de un arco.
- 25 Fuste: Parte de la columna que media entre el capitel26 y la basa27.
- 26 Capitel: Parte superior de una columna o de una pilastra, que la corona con forma de moldura y ornamentación, según el orden arquitectónico a que corresponde.
- 27 Basa: Asiento sobre el que se pone la columna o la estatua.
- 28 Tenantes: Cada una de las figuras de ángeles u hombres que sostienen el escudo.
- 29 Venera: Concha de la vieira, semicircular, formada por una valva plana y otra muy convexa, de diez a doce centímetros de diámetro, rojizas por fuera y blancas por dentro, con dos orejuelas laterales y catorce estrías radiales a modo de costillas gruesas.
- 30 Roleo: Voluta31 de capitel.
- 31 Voluta: Figura en forma de espiral.
- 32 Manzana: Espacio urbano, edificado o destinado a la edificación, generalmente cuadrangular, delimitado por calles por todos sus lados.
- 33 Altimetría: Conjunto de operaciones para medir y representar las cotas de un terreno.
- 34 Cuartel: Distrito o término en que se suelen dividir las ciudades o villas grandes para el mejor gobierno económico y civil del pueblo.
- 35 Decantar: Separar un líquido del poso que contiene, vertiéndolo suavemente en otro recipiente.
- 35b Diccionario de Madoz: El “Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de Ultramar” es una obra publicada entre los años 1846 y 1850 por Pascual Madoz. Según confiesa el autor, su realización le llevó más de quince años y contó para ello con la labor de veinte corresponsales y más de mil colaboradores. Este Diccionario está formado por 16 volúmenes en los que se describen todas las poblaciones de España, incluyendo en algunos casos su historia.
- 36 Cazadero: Sitio en que se caza o apropiado para cazar.
- 37 Chapitel: Remate de una torre, generalmente en forma piramidal o cónica.
- 38 Buhonero: Persona que lleva o vende cosas de buhonería. // Buhonería: Conjunto de baratijas y cosas de poca monta, como botones, agujas, cintas, peines, etc.
- 39 Bargueño: Mueble de madera con muchos cajones pequeños y gavetas, adornado con labores de talla o de taracea, en parte dorados y en parte de colores vivos, al estilo de los que se construían en Bargas.
- 40 Sillón frailero: Asiento con el respaldo y los brazos rígidos para favorecer una postura solemne, y que debe su nombre a su alta presencia en conventos, si bien fue uno de los objetos más frecuente en el mobiliario español de los siglos XVI y XVII.
- 41 Escudilla: Vasija ancha y de forma de una media esfera, que se usa comúnmente para servir en ella la sopa y el caldo.
- 42 Lonja: Atrio43 algo levantado del piso de las calles, al que regularmente salen las puertas de los templos y otros edificios.
- 43 Atrio: Espacio descubierto, rodeado de pórticos, que hay en la entrada de algunos edificios.
- 44 Covachuela: Cada una de las tiendecillas que había en los sótanos de algunas iglesias y de otros edificios antiguos.
- 45 Mentidero: Lugar donde se reúne la gente para conversar.
- 46 Custodia: En el culto católico, pieza de oro, plata u otro metal, donde se expone la hostia consagrada a la adoración de los fieles. // En el culto católico, templete o trono, generalmente de plata y de grandes dimensiones, donde se coloca la custodia para trasladarla en las procesiones.
- 47 Montería: Caza de jabalíes, venados y otros animales de caza mayor. // Arte de cazar, o conjunto de reglas y avisos que se dan para la caza.

DATOS DE INTERES

HORARIOS DE APERTURA/VISITA:

- De martes a domingo: 10:00 a 20:00 horas.
El museo permanecerá cerrado todos los lunes del año y los días 1 y 6 de enero, 1 de mayo y 24, 25 y 31 de diciembre.

LOCALIZACIÓN Y COMUNICACIONES:

TREN:

- Estación de Recoletos (Líneas de Cercanías Madrid C-1, C-2, C-7, C-8 y C-10

METRO:

- Estación de Tribunal, Líneas 1 y 10.
- Estación de Bilbao, Líneas 1 y 4.
- Estación de Alonso Martínez, Líneas 4, 5 y 10.

AUTOBÚS:

- Líneas 3. 21, 37, 40, 147 y 149.

COCHE:

- Aparcamiento público: Calle Barceló, 15.


Los datos de comunicaciones se han obtenido mayoritariamente, en abril de 2019, de la información facilitada en su web oficial por el Museo de Historia de Madrid, no haciéndose "una Ventana desde Madrid (uVdM)" responsable de las posibles modificaciones de horarios y otros datos que puedan llevar a cabo en el futuro los organismos aquí citados.


BIBLIOGRAFIA Y ENLACES EXTERNOS:
- Ramón Guerra de la Vega: El Palacio Real y la Arquitectura de Felipe V de Borbón. Guía de Madrid y La Granja,Ramón Guerra de la Vega, ISBN: 84-88271-08-5, Depósito Legal: M-14171-1995.
- Agustín Fco. Martínez Carbajo y Pedro Fco. García Gutiérrez: Fuentes de Madrid. Arte e Historia, Ediciones La Librería, ISBN: 978-84-9873-030-2, Depósito Legal: M-5279-2009.
- Museo de Historia de Madrid
- DRAE

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